Volando como Lionel

Pese a tener una flota propia, el presidente se trasladó a México en el avión de Lionel Messi. Eso demuestra lo importante que puede ser tener una aerolínea de bandera.

Por Javier Boher
[email protected]

La épica nacionalista le puede nublar la vista a cualquiera. En tiempos en los que la globalización es más intensa que nunca, resulta comprensible que muchísimas personas se aferren al orgullo desmedido por el terruño y sus símbolos.

Aerolíneas Argentinas es parte de ese viejo país que ya no existe, en el que los obreros andaban en Fiat 600 o en Siambretta, se cargaba nafta en YPF, los trabajos más duros contaban con la ayuda del Rastrojero o en el que los trenes llegaban a pueblos que desaparecieron después de que se desmanteló el servicio.

Todos esos consumos y marcas eran la cara de una Argentina pujante, que crecía con oportunidades para todos, un país que desapareció tras la mala performance de Alfonsín y la cirugía sin anestesia del menemato. La nostalgia después de los duros ‘90 rescató para un relato político todos esos elementos del inconsciente popular.

Así fue como el kirchnerismo se encargó de levantar un decorado de fachadas bien pintadas con ese pasado brillante. Recuperó YPF, FADEA, Aerolínea Argentinas, los trenes, el correo y algunos símbolos más, aunque sólo le importase la cáscara que dotara de legitimidad a su gobierno como recuperador de ese pasado idealizado.

El “Operativo Moscú” que armó el oficialismo cuando buscó las primeras vacunas rusas fue todo un show de chauvinismo bañado en Colbert Noir de piloto que anda de trampa por los más variados destinos del mundo. El tiempo diluyó esas escenas de vergüenza ajena en las que lloraba la azafata o la tripulación saludaba a las vacunas con los dos dedos en V, como si les estuviese avisando que iban a terminar destinadas a familiares, amigos y militantes.

Los relatores oficiales se encargaron de vender un flete oneroso como si se tratase de la hazaña de Phileas Fogg, el protagonista de “La Vuelta al Mundo en 80 días”, el relato de aventuras de Julio Verne. Todo sea por inflar a una aerolínea de bandera que infla sus presupuestos como para ser absolutamente deficitaria.

Pese a las horas que se le dedicó a tamaña obra del gobierno argentino, recuperando una parte de la identidad perdida y un poco del orgullo que la marca significa para nuestra historia, resulta que el presidente no viaja por Aerolíneas.

Es sabido que hay una flota presidencial que depende de la Fuerza Aérea Argentina, por lo que en condiciones normales el Jefe de Estado no necesita trasladarse en la aerolínea de bandera. Ahora bien, si la flota tuviese algún inconveniente o no fuese adecuada para el itinerario presidencial, probablemente lo lógico sería recurrir a ese pedacito de corazón gaucho que es Aerolíneas Argentinas.

Sin embargo, para su viaje oficial a México, Fernández -o quien sea que se encargue de tomar la decisión- consideró una buena idea alquilarle el avión privado al mejor futbolista argentino de los últimos 15 años, Lionel Messi. ¿Buscará el presidente algo de inspiración para gambetear la crisis?.

Más allá del absurdo de sostener una empresa deficitaria que no presta servicios reales para el interior profundo, sino los privilegios de una casta de empleados públicos VIP, la decisión resulta llamativa. ¿Un futbolista tiene más medios a disposición que el presidente? Quizás sea hora de dejar de pensar al máximo cargo ejecutivo como el de un señor todopoderoso y más como el de un señor cholulo al que el erario público le solventa los caprichos.

Acá no se trata exclusivamente de mofarse de algún político en particular, sino de lo precario de la situación en general. Quizás de acá a un tiempo podamos ver a Larreta subido al caballo de alguno de los Cambiasso para pasear por Palermo, a Alberto en el cuadri de Patronelli yendo a visitar el médano de Boudou, o a Kicillof en la moto de Kevin Benavídez recorriendo las calles embarradas del conurbano más postergado. No hablemos de Massa en la lancha de Scioli por el Tigre, porque creo que el embajador en Brasil la vendió para armar su museo de figuras de cera.

Lo patético de la situación no se puede disimular, aunque puede ser rápidamente minimizado por algún papelón en la tierra del tequila, donde sorprendentemente tienen una buena opinión del presidente argentino, que tiene un vínculo fraterno con Andrés Manuel López Obrador, su par en dicho país.

Lo que comparten ambos mandatarios es la incapacidad de darse cuenta cuando hacen algo reprochable a los ojos de los ciudadanos, incluso de los que los votaron. ¿No sería más apropiado viajar en un vuelo de línea o de la empresa de bandera, dado el contexto económico que ha fulminado los ingresos de millones de argentinos?.

Lo que los políticos embriagados por los excesos y la impunidad del poder no entienden es que se predica con el ejemplo, especialmente cuando los buenos ejemplos no abundan. En eso no hay dudas: aunque ocasionalmente vuelen en el mismo avión, Fernández y Messi viajan en trayectorias opuestas.