Violencia de género: la otra pandemia

A la vez que el mundo entero lucha contra la pandemia por COVID-19, otro problema de gran magnitud se propaga en toda la sociedad: la violencia de género y los femicidios.

Por Dra. María Graciela Morales *

A la vez que el mundo entero lucha contra la pandemia por COVID-19, otro problema de gran magnitud se propaga en toda la sociedad: la violencia de género y los femicidios.

¿No es alarmante la cantidad de casos que aparecen y se incrementan día a día? Considero que sí. Y además, reconozco que es un tema que no suele abordarse desde el sector de la salud. Pero debería. Obviamente, la comparación que propongo en el título de esta nota no es literal, ya que la definición médica de pandemia, asociada a la de epidemia, es la siguiente:

Una epidemia se produce cuando una enfermedad contagiosa se propaga rápidamente en una población determinada, afectando simultáneamente a un gran número de personas durante un período de tiempo concreto. (…) Ahora, cuando un brote epidémico afecta a regiones geográficas extensas (por ejemplo, varios continentes) se cataloga como pandemia. (Médicos sin fronteras, 2020)

¿En qué se relaciona esto con la violencia de género y los femicidios, si no estamos hablando ya de “enfermedades contagiosas”?

Como mencioné antes, la analogía que trazo es únicamente metafórica, porque encuentro en ambas problemáticas algunos puntos en común: la emergencia que requiere una rápida atención; y la escala, que se extiende a nivel mundial en casi todos los grupos sociales.

Sin embargo, a diferencia del COVID-19, la violencia de género es un tema que los Estados no han logrado abordar con la seriedad que requiere, y la entidad que merece. Pero también es un problema de salud, porque afecta el bienestar físico, psicológico y social.

Recordemos la definición que leíamos en la primera nota:

La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. (OMS, 1946). 

El bienestar social entonces, se asocia también a la manera en cómo nos desarrollamos grupalmente. A los vínculos más o menos saludables que generamos en nuestro entorno más cercano y a nivel social. Aquí es donde entra el tema de la violencia: donde hay violencia no hay salud.

Según fuentes de la ONU, las denuncias por violencia de género aumentaron en Argentina un 39% el año pasado durante el primer mes de cuarentena por el coronavirus. Y en América Latina, en promedio 1 de cada 3 mujeres ha padecido violencia física o sexual en una relación íntima a lo largo de su vida. 

A su vez, una de las principales estrategias de control de los perpetradores de la violencia es la de aislar a la víctima. La Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito indican que el 80% de las víctimas de asesinatos intencionales que involucran a compañeros sentimentales, son mujeres.

Entonces, es claro que existe un problema social estructural que tolera y reproduce la violencia, y debe ser atendido. Pienso en la importancia de entender que:

1-  el femicidio es el último paso, y la expresión más drástica de un conjunto de prácticas violentas previas  (físicas, psíquicas, simbólicas), más pequeñas o “micro”, que normalmente no se perciben con tanta gravedad. 

2- esas situaciones van naturalizando una agresión que va creciendo en escala hasta llegar, en el peor de los casos, al asesinato.

Sin embargo, no debemos verlo como hechos aislados: toda la sociedad es responsable de erradicar la violencia en cualquiera de sus expresiones, más pequeñas o grandes. Particularmente los varones, a quienes en los últimas semanas se ha apelado fuertemente bajo la consigna: háganse cargo. Ustedes -también o especialmente- son el problema.

¿Cómo hacemos? Aquí propongo como siempre, algunos consejos para tomar acción desde nuestro lugar individual sobre la realidad que nos toca:

·         Eduquemos a quienes tenemos cerca en el respeto y la tolerancia: la infancia es el momento clave para aprender formas más igualitarias de relacionarnos. Pero como la infancia no es el único momento en que aprendemos, señalemos con paciencia las actitudes que promueven la desigualdad, cuando veamos situaciones de discriminación.

·         Escuchemos a las personas que tenemos al lado: estemos atentos a las señales que puedan manifestarse en nuestro entorno. No ignoremos hechos por considerar que se trata de “vida privada”. La mayoría de las veces las víctimas necesitan hablar de lo que les pasa, y si estamos preparados para escuchar, podemos salvar una vida o contribuir a que la persona pueda salir de una relación de violencia.

·         Pidamos ayuda si la necesitamos. Especialmente las mujeres, no debemos pensar que estamos solas, ni esperar a llegar al límite. Desde el entorno íntimo, hasta los organismos del Estado, hay espacios a donde recurrir.

·         Exijamos, como sociedad y como personas, que se respete nuestro derecho a acceder de manera temprana y oportuna a los servicios de salud mental: generalmente la dimensión más ignorada, y muchas veces la más necesaria tanto para víctimas como para perpetradores de violencia.

  .       Reclamemos también, como sociedad e individualmente, que nuestro derecho al acceso a la justicia (la gran mayoría de las veces negado), sea garantizado tanto para evitar que sigan ocurriendo los abusos y muertes principalmente de mujeres, como para que esas muertes y agresiones no queden impunes. 

Si sos víctima de violencia de género, llamá a la línea 144, que brinda atención telefónica especializada a mujeres víctimas de violencia de género durante las 24 horas, los 365 días del año. Es anónima, gratuita y nacional.

 

* Dra. María Graciela Morales –Medica especialista en medicina Familiar, del deporte y tocoginecología – Actualmente orientada hacia la medicina funcional integrativa – Docente de la UNC cátedra de Obstetricia – Directora del Centro de Medicina Estética Viesaine – ( www.viesainecordoba.com.ar )

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