Espantar a la monarquía

A 44 años de que los Sex Pistols dijeran que la reina de Inglaterra “no es un ser humano”, en pleno siglo veintiuno el rapero español Hásel ha sido condenado a nueve meses de prisión, bajo la acusación de haber enaltecido el terrorismo y de haber injuriado la Corona hispana.

Por J.C. Maraddón

Al escuchar sus opiniones actuales en favor del Brexit, nadie podría creer que este John Lydon sesentón es la misma persona que aquel Johnny Rotten veinteañero que cantaba con los Sex Pistols esas canciones que escandalizaron al mundo. Han pasado 45 años desde que aquella banda radicalizó el levantamiento punk y, a través de acciones claramente provocativas promovidas por el manager del grupo, Malcolm McLaren, consiguió fama mundial y embolsó fortunas en contratos, hasta disolverse tan rápidamente como había ingresado en la mira de los medios masivos. Según los especialistas, su influencia es innegable en la evolución de la música de rock.

El sonido rudimentario y furioso de los Sex Pistols era el complemento ideal para esas letras arrolladoras que entonaba el vocalista, cuyas estrofas ponían en jaque a las instituciones que conformaban la esencia de la identidad británica. Jóvenes sin futuro ni ilusiones adherían con fruición a esas consignas lanzadas desde escenarios de pubs donde se bailaba pogo y se escupía a quienes estaban tocando. Nunca hasta ese momento un género musical había engendrado una revuelta de tales características, que sin embargo sucumbió a poco de empezar, para ser reflotada años después en versiones mucho más edulcoradas.

En su cruzada destructiva, los Sex Pistols llegaron a poner en ridículo a la reina Isabel II, que en el Reino Unido es venerada como un símbolo patrio. “No es un ser humano”, opina sobre ella Johnny Rotten en la canción “God Save The Queen”, que posee el mismo título del himno inglés, pero que en su desarrollo defenestra a la monarquía, a la que rotula como un “desfile de locos”. El disco simple, además, tenía en su portada la imagen de la soberana con un alfiler de gancho cruzado sobre su boca, lo que sumado a la virulencia de su mensaje hizo que algunos medios de comunicación optaran por no difundirlo y algunas tiendas creyeran pertinente no venderlo.

Este tema fue lanzado en1977 en simultáneo con el jubileo de la reina y fue presentado en vivo de una manera desopilante: mientras se desarrollaban los actos oficiales en homenaje a la corona, los Sex Pistols se desplazaban en una embarcación sobre el río Támesis, tocando su polémica canción. En un momento de su trayecto, la nave fue interceptada por las fuerzas del orden y los músicos quedaron arrestados, lo que significó una campaña de publicidad más que efectiva para el single, cuyas ventas se incrementaron a rabiar.

A 44 años de ese episodio que figura en cualquier reseña del arte popular de la pasada centuria, en pleno siglo veintiuno el rapero español Hásel ha sido condenado a nueve meses de prisión, bajo la acusación de haber enaltecido el terrorismo y haber injuriado la Corona y las instituciones del Estado español. El artista le ha propinado a miembros de la familia real hispana los calificativos de “parásitos”, “mafiosos”, “ladrón”, “mafiosa y medieval monarquía”, “banda criminal”, con el mismo entusiasmo con que Johnny Rotten definió como “régimen fascista” al encabezado por la corte inglesa.

Por supuesto, figuras de la cultura de España y de todo el mundo se han solidarizado con el cantante, y han repudiado lo que consideran como un ataque a la libertad de expresión. Sin embargo, lo que más llama la atención es que, aun con los años transcurridos y con la nueva cosmovisión que la humanidad parece estar asumiendo, todavía cause asombro que un artista sea explícito en su cuestionamiento al poder. Sobre todo porque, es sabido, lo más probable es que su objetivo haya sido ese, espantar a la burguesía. O, mejor dicho en este caso, a la monarquía.