Silencio viguista abre una interrogante: ¿por quién habla Casado?

Las fortísimas acusaciones de Diego Casado cargando contra la gestión son respondidas con silencio desde el llaryorismo, al igual que su “amenaza” de romper el bloque. Mientras tanto, otro silencio resulta sugestivo: el del viguismo.

Por Felipe Osman

El descontento de Diego Casado por el reparto de espacios que el llaryorismo hace en el municipio se mantiene in crescendo sin que el viguismo baje línea de calmar los ánimos.
A pocos meses de iniciada la gestión el edil ya apuntaba, en sus redes sociales, que Olga Riutort tenía “más nombramientos en el Palacio 6 de Julio que el propio Llaryora”, exponiendo las tensiones por el reparto de lugares dentro de los equipos de gobierno de la Municipalidad.
Desde entonces las hostilidades fueron variando su intensidad y, por momentos, haciéndose menos visibles, pero sin desaparecer, hasta que la elección del reemplazante de Juan Domingo Viola como presidente de la bancada oficialista en el Concejo fungió como un nuevo detonante para que las rispideces volvieran a aflorar.
Primero Casado se opuso lisa y llanamente a la elección del llaryorista Nicolás Piloni como sucesor de Viola, achacándole no tener militancia en las seccionales y rememorando su paso por la Franja Morada (a grandes rasgos, el brazo universitario del radicalismo). Luego, el concejal redobló la apuesta y aseguró que se iría del bloque si el intendente insistía en ungir a Piloni.
El llaryorismo no dio crédito suficiente a las amenazas de Casado. Respondió con silencio, esperando que sus palabras terminaran desdibujándose, pero eso no sucedió. El pasado fin de semana Casado cargó contra el programa insignia de la gestión, los Servidores Urbanos, y acusó a la gestión de estar precarizando trabajadores con su implementación. La jugada es sumamente delicada, ya que bien podría terminar siendo funcional al Suoem, con el cual el peronismo mantiene un profundo conflicto abierto a raíz de haber recortado la jornada municipal y encontrarse promoviendo la desconcentración de las Áreas Operativas.
Por si esto fuera poco, Casado también asegura que gremialistas lo han contactado y le han propuesto tomar parte en la creación de un sindicato que represente a los Servidores Urbanos, a las vez que también tiene en carpeta una ordenanza para mejorar su retribución mediante recortes a la pauta publicitaria y proponiendo, de ser necesario, una reducción en la dieta de los concejales.
Cada acción de Casado parece destinada a motorizar una nueva escalada en las tensiones con el llaryorismo. Un nuevo pico. Y aunque el llaryorismo no da respuesta, probablemente para restar entidad al asunto, el silencio más sugestivo es el que llega desde el propio viguismo. Los ediles se despegan, por lo bajo, de la posición de su par, pero nadie sale a condenar sus dichos, y desde las altas esferas del PJ Capital tampoco llega una reprimenda al edil.
¿Por qué permite el viguismo que Casado “se corte” solo? ¿O la voz de Casado es en realidad, en alguna medida, vehículo de otras voces?
Algunos avezados operadores del viguismo aseguran que “arriba” no están contentos. Que hay muchos cargos en discusión y que, además, el programa de Servidores Urbanos no ha sido direccionado correctamente para distender las tensiones en el territorio.
Puestos a observar con una perspectiva más amplia agregan, además, que tampoco gusta al viguismo el reparto que la nueva generación imagina del poder. Si Llaryora compite por la Provincia y -por caso- el delasotismo por la Capital… ¿dónde quedan el schiarettismo y el viguismo?, se preguntan. Recuerdan, además, que la primera dama provincial ya supo competir por la vice intendencia en 2011, como compañera de fórmula de Héctor Campana. ¿Debe darse a ese interés por abandonado?