¿Protector de qué?

El documental “Framing Britney Spears”, estrenado en la plataforma Hulu, revela cómo desde 2008 el papá de la estrella pop, que hasta ese momento muy poco había aportado a su carrera, se hizo cargo del control de todos los aspectos de la vida de la cantante, lo que incluye sus finanzas.

Por J.C. Maraddón

El enorme golpe de timón que representó en los años cincuenta la aparición de jóvenes ídolos musicales que, desde el rocanrol, incitaron a los adolescentes a liberar sus conductas de las imposiciones del mundo adulto, tuvo consecuencias lógicas en la sociedad y, más específicamente, a escala familiar. La autoridad de los padres, que hasta ese momento parecía inconmovible, empezó a ser erosionada hasta quedar poco menos que en ridículo. En un mundo nuevo, las experiencias recopiladas por las antiguas generaciones no tenían demasiada cabida. Es más, funcionaban como el símbolo de aquello a lo que había que dejar atrás de una vez y para siempre.

Por supuesto, esto derivó en que el rock fuese demonizado antes que comprendido por los mayores, quienes veían en este género musical a su principal adversario en esa ciclópea tarea de llevar a buen término la educación de sus vástagos. La separación entre la perspectiva paterna y de la de los hijos se hizo tan profunda como cruenta, en términos que casi no tenían antecedentes en la historia. La Guerra de Vietnam, que obligaba a muchos jóvenes a enrolarse y someterse a un destino fatal, terminó de solidificar una antipatía en la que unos se resistían a acatar los mandatos impuestos por los otros.

Quizás la tragedia paradigmática de este enfrentamiento haya sido la que tuvo como protagonista al cantante Marvin Gaye, emblema de la música soul estadounidense, que a lo largo de su vida sostuvo una tensa relación con su padre, pastor de una congregación cristiana, hasta que este lo asesinó como corolario de una discusión. El crimen de este artista simboliza como pocos esa colisión entre la concepción conservadora sobre cómo comportarse y la novedosa cosmovisión que se plasmó en la música, pero que en realidad sacudió a todos los ámbitos sociales desde la posguerra.

Al mismo tiempo, en el mismo núcleo de la industria discográfica, surgía un nuevo modelo de paternidad: el de aquel progenitor que, en vez de cuestionar la vocación artística de sus hijos, la alentaba y acompañaba. Fue esta tipología la que dio lugar a una deformación que luego se volvió epidémica y que provocó funestos episodios, a partir de figuras paternas que se confundían con la del mánager y que ejercían una especie de explotación filial. La miniserie sobre Luis Miguel puso en escena un claro ejemplo de esta clase de sometimiento que nada bueno puede deparar ni en lo artístico ni en lo afectivo.

El documental “Framing Britney Spears”, producido por The New York Times y estrenado en la plataforma Hulu, revela cómo desde 2008 el papá de la estrella pop, Jamie Spears, que hasta ese momento muy poco había aportado a su carrera, se hizo cargo del control de todos los aspectos de la vida de la cantante, lo que incluye sus finanzas. Alegando la supuesta imposibilidad de ella de asumir decisiones en razón de sus adicciones y sus trastornos psicológicos, este hombre recibió una tutela legal de dudosos fundamentos, tal como este filme lo refleja.

La campaña iniciada por los fans de la ex chica Disney, que en las redes impusieron el hashtag #FreeBritney (liberen a Britney), es el punto de partida de esta investigación periodística en la que se acumulan testimonios que jaquean la decisión de la justicia de sostener una decisión que ha condenado a Britney Spears a una especie de aislamiento perpetuo, más allá de lo que indica su agenda profesional. De férreos opositores a las inclinaciones creativas de sus hijos, algunos padres han pasado a desempeñar un rol que los sitúa más cerca del aprovechamiento económico que de la contención protectora.