Menopausia, de eso no se habla

Por Dra. María Graciela Morales 
Medica especialista en medicina Familiar, del deporte y tocoginecología

Cosas de mujeres… ¿Cuántas veces escuchamos la misma frase referida a distintos temas de los que no es posible conversar abiertamente? Uno de ellos: la menopausia. Ese fantasma que -con suerte- queda siempre recluido en la intimidad de una charla entre amigas.

Desde el punto de vista médico, la menopausia (retiro de la menstruación definitiva) representa el signo más llamativo del climaterio. Este último es el período en el que las mujeres comienzan a experimentar en sus cuerpos una disminución de la producción de hormonas (estrógeno y progesterona). Esto ocurre -en promedio- alrededor de los 45 años, y se da progresivamente. Como consecuencia de este proceso, es natural que aparezcan síntomas como:

  • Retiro de la menstruación 
  • Calores repentinos, o sofocos
  • Inestabilidad emocional
  • Sequedad vaginal
  • Sequedad en la piel
  • Dolores de cabeza
  • Disminución del deseo sexual
  • Trastornos del sueño, o fatiga crónica
  • Aumento de peso
  • Bajo tono muscular
  • Pérdida de memoria

Aquí es importante aclarar que estos síntomas y su intensidad, varían en función de cada persona y sus características específicas.

Ahora bien, desde el punto de vista cultural, este es un tema del que históricamente no se ha hablado. ¿Por qué? Si pensamos en las mujeres de generaciones anteriores, nuestras madres y abuelas, vemos que su desarrollo estuvo marcado por cierta represión, vergüenza y un gran tabú alrededor de los temas vinculados a su salud sexual. Pero al pensar en las mujeres de generaciones más próximas (ya más empoderadas) si bien es claro que aquel tabú perdió fuerza, seguimos notando aún cierto silencio. Quizá las razones sean otras, y provengan de un discurso de superación: se supone que una mujer moderna adopta autonomía sobre su cuerpo y no deja que alguna dificultad física, condicione otros aspectos de su vida. Sobre todo si se trata de dificultades físicas que se han considerado siempre naturales e inevitables.

Entonces, estoy convencida de que es necesario poner estos temas sobre la mesa: porque se trata de nuestra salud, de nuestro bienestar. La semana pasada hablamos de los temores que nos genera el paso del tiempo, y sus consecuencias en nuestro cuerpo. Pero también de cómo esos miedos nos llevan a una negación de determinadas situaciones asociadas, justamente, al envejecimiento. Y gran parte del miedo se origina, siempre, en el desconocimiento. Por eso seguiré reiterando: hablemos. 

Por unos u otros motivos, este y muchos temas del orden de “lo femenino”, han sido minimizados hasta en las consultas médicas. Desde mi experiencia, es mucho más común que si un hombre va a una consulta y manifiesta un problema de disfuncionalidad sexual o síntomas vinculados con la edad o falta de hormonas, aparezca inmediatamente un consejo, un medicamento o un tratamiento. Mientras que para las mujeres, la mayoría de las veces la respuesta es: “es normal”, “es propio de la edad”, o “paciencia, será pasajero”. El ejemplo más usual de esto es el de los calores o sofocos. 

Por esta falta de atención, hay muchos síntomas que se deben al climaterio pero no se asocian a él, y otros que se ignoran. Es necesario transformar esto, y esa convicción me ha llevado a investigar sobre el tema, para encontrar alternativas de tratamiento.

En cuanto a ello, han existido en otras épocas terapias de reemplazo hormonal, que demostraron ser eficaces en ese punto, pero presentaban para la salud de las mujeres efectos adversos inadmisibles (cáncer de mama, enfermedades cardiovasculares). Sin embargo, actualmente se ha avanzado lo suficiente en tecnología médica, como para ofrecer alternativas de regulación de las hormonas. Se trata de terapias de modulación hormonal que trabajan con hormonas biodénticas: es decir que, desde el punto de vista metabólico son muy similares al funcionamiento hormonal previo, y permiten reducir o eliminar la gran mayoría de los síntomas. 

Debemos tener en claro que, como mujeres, no tenemos que sufrir esa etapa dócilmente porque “es lo que nos toca”. ¿Qué podemos hacer?

  • informarnos, para saber qué es lo que ocurre con nuestro cuerpo
  • buscar profesionales médicos que en la consulta ofrezcan un trato cálido y empático, con suficiente tiempo para hablar ampliamente y ser escuchadas
  • exigir que, si hay tratamientos, se nos puedan ofrecer 
  • permitirnos a nosotras mismas acceder a ellos, luego de una búsqueda confiable y segura 

Por otro lado, es importante reconocer cuáles son síntomas asociados al climaterio y cuáles pueden estar originados en otras patologías, a las cuales es necesario prestar igual atención. Me refiero por ejemplo, a algunos tipos de cáncer ginecológicos, para su detección temprana. Aprovecha esta etapa para mirarte, reconocerte, cuidarte. Así evitarás confundir síntomas con problemas que son de otra índole: quizás lo que sentís no se debe a una depresión, o tristeza “normal del envejecimiento”, sino simple y básicamente, a la falta de hormonas. Es importante que sepamos que eso se puede revertir.

¿Y tu experiencia con este proceso, cómo es?

 

• Dra. María Graciela Morales

Medica especialista en medicina Familiar, del deporte y tocoginecología – Actualmente orientada hacia la medicina funcional integrativa – Docente de la UNC cátedra de Obstetricia – Directora del Centro de Medicina Estética Viesaine – ( www.viesainecordoba.com.ar )

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