Massa y una falsa dicotomía: vacunas o boletas

Hace unos días el presidente presidente de la Cámara de Diputados se pronunció a favor de suspende las PASO, considerando que la pandemia es un contexto demasiado riesgoso.

Por Javier Boher
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Sergio Massa ha sabido reinventarse. Después de tratar de tomar el poder del peronismo con sus incursiones en 2013, 2015 y 2017, finalmente en 2019 se dio cuenta de que todavía no podía adueñarse del movimiento. Cerró filas con el kirchnerismo, aunque para algunos siguió siendo una especie de objetor de conciencia en el Frente de Todos, algo como fue Elisa Carrió para Cambiemos.

Sin embargo, el presidente de la Cámara de Diputados maneja menos independencia que la chaqueña. Descomprime las tensiones sobre el oficialismo cuando presenta sus proyectos o cuando emite opinión, pero nada está fuera de una serie de prolijos cálculos sobre cómo ampliar los limites del gobierno para atrapar a los que aún eligen creer que hay una luz al final del túnel.

Massa puede ser como el personaje que le ofrece ir a una fiesta a las chicas de “Búsqueda implacable”. Simpático y con una sonrisa canchera, le cae bien a las desprevenidas jóvenes. El resultados es que las entrega a una banda albanesa de traficantes de personas que las secuestra para hacer su negocio sin importarles la dignidad humana.

Acá no existe un Liam Neesom que pueda rescatar a los ingenuos votantes de Massa. Tampoco persecuciones automovilísticas a alta velocidad ni habilidad con los puños. Acá las víctimas que recluta Massa caen indefensas ante las extremas posiciones de los kirchneristas más intransigentes, los que desean ver al país sometido a la voluntad de un partido.

Por eso esta semana Massa ha estado activo. Además de presentar un proyecto para reducir el impuesto a las ganancias (que convenientemente se reemplazará por otro impuesto más a la producción, que deberán pagar las empresas como si pudieran imprimir plata para hacerle frente) también dedicó algunas palabras a las elecciones que se van acercando en el horizonte.

En el Frente de Todos saben que la situación es complicada. Pobreza, inflación, desocupación e inseguridad siguen en aumento, lo que pone en apuros cualquier estrategia electoral con jingles pegadizos, fotos sin corbata y afiches en el que se los llama por el nombre de pila. Perder la elección sería potencialmente destructivo para las aspiraciones del FDT de ejercer unilateralmente el poder (o de ejercerlo a secas).

Así, Massa dijo que “entre gastar en boletas o en vacunas, en este contexto prefiero gastar en vacunas”. De golpe con sensibilidad presupuestaria, el hombre que armó un microcine en el recinto para tener sesiones virtuales durante menos de un año ahora se preocupa por la plata de los contribuyentes. Emocionante.

El mismo Sergio Massa que evitó expulsar de la cámara al diputado que besó los pechos de su novia durante la sesión, lo que le permitió al impúdico en cuestión mantener los privilegios tras su paso por el Congreso, hoy quiere proteger las arcas de un Estado languideciente. Claro que no sólo languidece en cuanto a sus finanzas, sino también en lo que hace a las instituciones y la democracia.

La erosión de las instituciones que se está llevando a cabo es tan progresiva y minuciosa, que poco a poco todos se van convenciendo de que el riesgo sanitario justificaría exponer los derechos de los ciudadanos a un riesgo autoritario. “Es sólo una vez, no puede pasar nada”. “Las PASO son sólo una gran encuesta, no sirven para nada”. “Imaginen 12 millones de personas yendo a votar a las escuelas, una locura”.

Así, bajo pretextos técnicos, económicos o sanitarios (con esa falsa dicotomía entre votos y vacunas) el simpático y canchero Massa le vende a la ciudadanía desprevenida una promesa que no se va a cumplir, con un devenir mucho menos luminoso que el que propone. Para darse una idea de la magnitud de la exageración, desde el 1° de enero hasta la fecha prevista para las PASO en el mundo se darán 52 elecciones. Pero acá pareciera ser que el virus es más fuerte.

Esos planes de reingeniería electoral son la base para la permanencia eterna de los caudillos provinciales, que llevan décadas gobernando (ellos mismos o algún delfín). Por eso el trascendido de que Máximo Kirchner pretende un combo 2×1 de PASO+Generales debe ser tomado con mucha delicadeza: significaría, nada menos, que una Ley de Lemas encubierta.

A lo largo de la cuarentena más larga y dura del mundo hemos visto numerosos abusos que se intentaron justificar en la existencia de una pandemia, un fenómeno absolutamente atípico. Se han cronicado excesos de todo tipo, especialmente policiales. Sin embargo también ha habido excesos políticos, que tocan muchas menos fibras sensibles que un asesinato por gatillo fácil. No muchos parecen conmoverse cuando lo que se empieza a socavar es el funcionamiento -aunque algo imperfecto- de las instituciones.

Todos parecen estar de acuerdo en que cambiar las reglas de juego en medio de una crisis de múltiples dimensiones no puede traer mayores problemas. No sabemos qué es lo que está por detrás. Lo que vemos, sí, es a un Massa sonriente, tratando de seducir a los incautos.