Artime presidente, entre el voto castigo y una campaña arrasadora

El ídolo y ex delantero de Belgrano fue elegido por los socios por encima del histórico Armando Pérez en base a su carisma y tendrá el desafío de conducir al club por tres años. Y el ex gerenciador parece haber terminado con su carrera política, a los 77 años.

Por Federico Jelic

El clásico más importante de la era electoral en Alberdi quedó en poder de Luis Fabián Artime, ungido presidente de Belgrano de manera legítima por los socios y tendrá por delante el máximo desafío deportivo e institucional donde su chapa de ídolo dentro de la cancha le servirá para tener espaldas en el arranque del proceso pero no será escudo en todo su mandato.  Será tres años de gestión donde será juzgado por sus acciones con los pantalones largos  y donde los pantalones cortos no podrán cubrir demasiado sus posibles desaciertos. De todas maneras mientras disfruta su coronación nada menos que ante su rival Armando Pérez ya avanza con su proyecto y por eso en su primera decisión nombró como DT a Alejandro Orfila, con el deseo de ascender pronto a Primera División.

Las urnas fueron categóricas: El conteo final arrojó 5.004 votos recolectó el rincón de Artime “Belgrano Primero” (61,67%) a la vez que 3.110 quedaron para Pérez con su espacio “Siempre Belgrano” (38,32%). El registro histórico indica que votaron más de 8.000 socios, cifra inaudita en convocatoria en los comicios de dicha institución.

Pero el ex delantero e ídolo se dio el gran gusto de vencer nada menos que en la contienda al hombre más fuerte de la política contemporánea de Belgrano quien por su edad (77 años), parece haber quedado al margen de futuras elecciones. No hubo polémicas ni episodios de fraudes aunque no quedó todo exento de polémica: Desde el grupo de Pérez denunciaron que Artime había roto la veda al presentarse ante los socios caminando la calle Hualfin, donde ingresaron los votantes como un cierre espontáneo de campaña, a dos horas de la finalización de la votación, pero de todas maneras, la suerte ya estaba echada.

¿Qué pesó más en el ánimo del socio para elegir a su candidato? ¿Por qué el hincha apoyó los aires renovadores del “Luifa” ante la obra  y legado de Pérez? ¿Pesó más el “voto castigo” que “voto cautivo”?  Análisis que quedan en el tintero.

Voto castigo y voto cautivo

A decir verdad, en cuanto a la campaña y los actos proselitistas siempre estuvo Artime por delante. Empapeló la ciudad con su rostro, ocupó espacios en diarios, revistas, programas de radio y TV, mantuvo reuniones permanentes con socios, es decir, tuvo el contacto directo, el que más lo iba a beneficiar a la hora del contagio. El empresario de los cosméticos pareció subestimar la realidad, esperando que sea su anterior gestión su mejor campaña. Fue muy austera, silenciosa y por momentos anti estética, algo que de lo que sí supo sacar provecho el “Luifa”.

En ese sentido uno de los ejes de discusión fue el famoso “voto castigo” que terminó perjudicando a Pérez. Innegable fue su obra como gerenciador y presidente, ascendiendo, levantando la quiebra, jugando torneos internacionales, con jugadores vendidos al exterior, divisiones inferiores potenciadas y un predio espectacular. Por eso es que quizás el socio privilegió el final de la película y no la historia completa pero exactamente de eso se trata la política: saber recordar los alcances  y las conquistas ante los poco memoriosos votantes. Entonces, el socio lo castigó  primero por su incursión como presidente de la Comisión Normalizadora de AFA (puesto a dedo por el ex mandatario de los argentinos Mauricio Macri). Lo tomó como un abandono del club, manejando a Belgrano por control remoto y de esa forma sucedieron algunas controversias con las conspiraciones de que AFA puso al “Pirata” como enemigo, forzando con arbitrajes perjudiciales su camino al descenso.

Y el otro acto que no tuvo redención, fue  la bendición y beneplácito para que Jorge Franceschi fuera presidente. Quien fuera su gerente fundamental durante sus gestiones quedó en el ojo de la tormenta de socio no solo por el descenso sino también por otras actitudes de las que Pérez nunca pudo despegarse. Ni siquiera luego de la fractura en la relación que ninguno de los dos supo disimular, porque en el inconsciente general  del hincha, Franceschi es Pérez.

No alcanzó con el voto cautivo. El ex gerenciador tenía sus militantes y punteros, su acuerdo con los barras y algunos carnets adquiridos pero no pudo hacer nada contra la ola y el arrastre de Artime  y sus  aires renovadores. Pérez nunca actualizó el método, durmió sobre sus laureles y lejos estuvo de querer tener apertura a otros espacios. En eso el ex delantero encontró terreno fértil: en las calles y en la  publicidad. Su campaña tuvo marketing a la altura de un candidato a intendente de la ciudad, no dejó lugar sin recorrer y salió a recolectar adherentes en todos los puntos cardinales de la provincia y sumó agua para su molino en cada acción. Pérez fue anticuado, incluso con apoyo de viejas glorias de Belgrano de los ’70 como la “milonguita” Heredia, el “Colorado” Suárez, Rafael “perro” Pavón. Más allá de las buenas intenciones siempre dio la sensación de un cambio de época era lo que más pretendía el socio “pirata”.

Y el descenso claro está jugó su partido, siendo la ficha trascendental. Lo mismo que el no ascenso en el torneo que acaba de finalizar: cada paso en falso en lo deportivo es una moneda que caía en la alcancía del “Luifa”, por más que el ex delantero pretendía el ascenso (nada mejor que administrar el dinero de Primera División en vez de los escasos recursos de la Primera Nacional). Es decir, dicha circunstancia potenciaba más al ídolo celeste pero más que en nada en detrimento del oficialismo y Pérez. Cada gol recibido lo hundía más.

Porque ese será otro eje de discusión: Si Belgrano no descendía  y seguía en la máxima elite del fútbol argentino, ¿Pérez hubiera sido elegido presidente? ¿O Artime se hubiera impuesto igual con los votos, con su imagen de alternancia de conducción y un gobierno menos verticalista y personalista?

La carrera política de Pérez parece haber llegado a su fin. Con 80 años buscará recién su nueva oportunidad, algo similar que vivió el mejor presidente de la historia de Talleres, Amadeo Nuccetelli, quien a pesar de su obra imborrable, cayó en los comicios del ’96. Y ahora comienza a escribirse el capítulo de Artime en Belgrano, donde festejará su triunfo electoral con mesura sabiendo los riesgos y las presiones que involucran la silla presidencial de Belgrano. Dejó la tranquilidad de su casa para comprometerse con el club de sus amores esta vez desde bien adentro, hipotecando su condición de ídolo.