Algunas enseñanzas del budismo zen, en el camino del líder (Segunda parte)

“Conociéndose, sabrá cuál es su camino; aprendiendo a pensar con autonomía, sabrá decidir; cultivando su espíritu, podrá trascender los naturales egoísmos a los cuales nos incentiva el consumismo fatuo; y más que eso, fortalecerá su carácter de tal modo que podrá tomar las frustraciones como elementos naturales de la vida”.

Por Eduardo Dalmasso*

Ahora vuelvo a Ricard,  para rescatar su afirmación respecto a que todos tenemos varias tendencias naturales, relacionadas con nuestra herencia genética, pero que  nuestra conciencia  respecto a las mismas permite modificarlas o, en el peor de los casos, administrarlas para poder encauzarlas dentro de lo nos expone Dunn. Su afirmación se basa en que los estudios de epigenética  nos demuestran que los genes pueden expresarse o no, dependiendo de las condiciones externas.  Dentro de esos estudios, existe un pleno conocimiento de  la neuroplasticidad cerebral, lo que implica que sus modificaciones serán respuestas posibles a nuestro entrenamiento.  La práctica de la meditación  y la liberación del ego de las presiones sociales,   conduce  a otro nivel de pensamientos  y  a valorar el altruismo.  El ejercicio del pensamiento crítico, desde mi punto de vista, es otro instrumento clave del entendimiento. Por supuesto, nuestro control de las condiciones externas es limitado, pero como observadores de nuestro mundo interior,  podemos trabajar con nuestra propia mente a efecto de ir dominando nuestros pensamientos, lo cual constituye el camino hacia la  autodeterminación.  Esto nos evita ser arrastrados por ideas o propuestas sin fundamento.

En conclusión, nuestra mente puede ser nuestra mejor amiga o nuestra peor enemiga; es la mente la que traduce las circunstancias externas en felicidad o desdicha.  Para eso  debemos tomar conciencia de que la mente funciona como caja de resonancia de las diversas presiones sociales; por lo tanto, lograr su dominio será de gran ayuda para liberarnos de nuestras tendencias habituales y pensamientos automáticos, que nos suelen llevar a situaciones de angustias, frustración o ansiedad desequilibrantes.En realidad,  esa capacidad  potencial  se realiza en la medida que superamos los condicionamientos  que nos llevan, para usar el vocabulario Zen,  a  vivir en la ilusión, que no es otra cosa más que la alienación que nos produce no entender qué es lo valioso en la vida, al estar condicionados por una construcción social que se basa en la búsqueda del éxito, el poder y lo material.

Hagamos el simple ejercicio de combatir el ego, dominando  la necesidad  de ganar, de tener siempre la razón,  de sentirnos superiores, de sentirnos ofendidos, de tener más o de confundir nuestros logros con nuestro ser  interior.  Si lo hacemos a conciencia,  estoy seguro que  la sensación de libertad  que nos permite, nos producirá un cambio fundamental en nuestra actitud ante la vida. Claro, no es fácil, es parte y resultado de la disciplina diaria. Por supuesto, me apresuro a aclarar que esta liberación no va en menoscabo de nuestra realización personal como seres inacabados buscando su plenitud, ya sea como trabajadores manuales, maestros, empresarios,investigadores,  artistas etc., sino que  la comprensión  de  la alienación que nos produce la búsqueda del éxito, del poder  o de lo material por sí mismo,  nos conduce a un estado de creciente bienestar espiritual y psíquico. Esto significa no quedar confundidos con los propios logros, y de ello se desprende que la libertad interior es estar libre de rasgos mentales, cavilaciones y proyecciones mentales que eventualmente se traducen en frustración y sufrimiento.

En el marco de estos reconocimientos, cabe también decir que el dolor o la tristeza son propios de nuestra naturaleza, pero que el sufrimiento es en sí una negación de la libertad interior. Dicho de otra manera, la tristeza no es desesperación, y es compatible con el florecimiento genuino, si asumimos la compasión como un rasgo que enaltece la existencia, por la actitud de buscar el alivio del sufrimiento de los otros y de nosotros mismos, ante situaciones de injusticias, cualquiera sean. También, merece la pena traer a colaciónque los estudios neurocientíficos han demostrado que cultivar la atención, la compasión y liberarnos de pensamientos obsesivos, produce cambios tanto funcionales como estructurales en el cerebro.  En el mismo nivel, la fisiología nos indica que una respiración profunda y consciente, oxigena el cerebro de las presiones externas.

Quiero terminar estas reflexiones, tomando un fragmento de algo que vengo sosteniendo en diversas publicaciones (Dalmasso, 2012-2018)

“Conociéndose, sabrá cuál es su camino; aprendiendo a pensar con autonomía, sabrá decidir; cultivando su espíritu,  podrá trascender los naturales egoísmos a los cuales nos incentiva el consumismo fatuo; y más que eso, fortalecerá su carácter de tal modo que podrá tomar las frustraciones como elementos naturales de la vida”

Una tarea que no terminará nunca, y que nos posibilita, vaya paradoja, esperar de la vida:¡lo que ocurra!

*Dr. En Ciencia Política (UNC-CEA) Ensayista y Educador. Su último libro, 1918 Raíces y valores del movimiento reformista. Editor del Blog: Ideas Políticas y otros enfoques.