Vacunación federal

El anuncio de Schiaretti sobre la voluntad de la provincia de iniciar de manera autónoma la vacunación abre una discusión central para los próximos meses.

Por Javier Boher
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vacunaciónEl federalismo es un bicho extraño, pensado por algunos para fragmentar el poder y llevar la toma de decisiones lo más cerca posible de los ciudadanos. Fue puesto en práctica de manera exitosa por las colonias norteamericanas que estaban juntas para independizarse, pero que no confiaban en elegir un único gobierno para el naciente país. De allí irradió al mundo.

Poco a poco se fue extendiendo por el globo, ayudando a resolver los problemas de representación en países heterogéneos o de gran territorio. Inspirados por el sistema político norteamericano, quienes organizaron este país eligieron copiar esa manera de organizar el poder entre niveles, asegurando un cierto grado de autonomía a las unidades subnacionales.

Con el tiempo todo fue cambiando. La voluntad centralista se fue imponiendo poco a poco, independientemente del lugar de origen de quien tuviese ocasionalmente el mando. El federalismo de verdad es incómodo, mientras que el nuestro -de cotillón- puede ser un interesante negocio para el que se sienta en el sillón de Rivadavia.

Ayer en gobernador anunció la voluntad de iniciar un proceso de vacunación autónomo, desde y para la provincia. Hábil tiempista, sabe que en medio de las polémicas por la vacuna y las demoras, el mejor negocio para su gestión es despegarse de todo lo que decide -y por lo que paga costo político- nación.

No hace falta dar muchas vueltas para ver que en realidad lo de Schiaretti es apenas una expresión de deseo, palabras lindas como las que se dicen para tener éxito cuando se anda de levante. Por eso hubo otras voces que pusieron algunos matices al discurso del gobernador.

Lo primero -y más importante- es que la nación no toleraría quedar mal parada ante la potencialmente exitosa gestión política de alguna unidad subnacional. Ya lo vimos con los respiradores. ¿Hicieron bien las cosas y fueron previsores? No importa, repartan con los que no. Es decir que, básicamente, le sacan a la hormiga para compartirle a la cigarra.

Derivada de aquella premisa es que se centraliza el comercio de insumos y medicamentos en manos de los que -además- creen que esa es la mejor manera. Así, el destino de la vacunación se decide a cientos o miles de kilómetros de donde deben ser aplicadas las vacunas.

La pregunta, entonces, es por qué las provincias y demás entidades subnacionales (regiones y municipios) no pueden tomar sus propias decisiones respecto a la vacunación. Si tras el Pacto fiscal de los ’90 toda la responsabilidad de la prestación de salud y educación se trasladó a los gobiernos de niveles inferiores, correspondería que este tipo de situaciones cayeran bajo la órbita de los que mantienen abiertos y funcionando los hospitales y dispensarios.

Las últimas décadas han visto el gran desarrollo que han tenido los estudios de gobernanza multinivel, que puede ser resumida como la forma de coordinar de manera eficiente los intereses de los distintos actores políticos a través de los niveles subnacional, nacional y supranacional. Esta crisis del coronavirus se presenta como una oportunidad maravillosa de verla en funcionamiento.

Probablemente haya provincias como Córdoba, Santa Fe o Mendoza, que puedan hacerle frente al desafío de conseguir las vacunas y montar el operativo de vacunación, ¿por qué no se les debería permitir hacerlo? Quizás las nación debería encargarse de coordinar los esfuerzos de las provincias que no pueden solas o acordar con las que sí pueden para que asistan al resto. No debería impedirse el funcionamiento del federalismo, sino todo lo contrario: hay que usarlo como la herramienta valiosa que es.

Seguramente el desabastecimiento global de vacunas entierre este debate por un tiempo, lo que no debería preocupar sabiendo que aún faltan algunos meses para la llegada de los meses más fríos, en los que aumenta la circulación viral. Si bien todavía la vacunación no es urgente, quizás lo más atinado sería ir resolviendo estas cuestiones, traduciendo las palabras del gobernador en hechos políticos concretos que le garanticen libertad de acción a la provincia para disponer de que manera resolverá el tema de la vacuna.

Además, ¿no habrá servido evitar el default para sacar las vacunas al fiado, algo que no puede hacer nación? Segundo, y más importante: ¿se van a perder la mejor publicidad política en un año de elecciones?. Habrá que esperar para ver qué pasa en las próximas semanas.