¿Y si prueban con la Rímolo?

El COE tuvo entre sus filas a un médico trucho en plena pandemia, lo que confirma que nunca está de más desconfiar de las autoridades antes de darles todo el poder.

Por Javier Boher
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mèdico truchoHola, hola, amigo lector. Acá estamos de vuelta, preparados para triunfar. Créame que no es así como me siento en este bendito país, pero imagínese cuánto peor sería si le sumamos el pesimismo al ser argentinos. Mejor sentirnos condenados al éxito y todos contentos.

Tampoco es tan descabellado, ojo, porque acá no prospera el que no quiere. Imagínese lo orgulloso que estaría Florencio Sánchez si además de tener un hijo doctor, éste fuese empleado público en el COE. Quizás ese es el camino más corto al título: que nadie te pida los pelpas cuando llegas diciendo que sos médico al organismo político-sanitario más importante del último año.

¡Qué cosa maravillosa! Resulta que a los tipos no se les pasó un padre que quería darle el último beso a la hija cancerosa pero se les metió en la sala de reuniones un tipo que lo más cerca que estuvo del médico fue ver Dr. House en calzoncillos con el ventilador al mango.

Hay que reconocerle el mérito de ser un joven inquieto. Mientras todos tenían miedo de salir a dar vueltas por el Estado de sitio de facto que hubo en los primeros meses de la cuareterna, el tipo se armó una nueva vida para meterse adentro de la todopoderosa gerencia que creó el gobierno para no pagar costo político por las medidas. Brillante.

¿Se imagina a todos en la mesa tirando ideas sobre ibuprofeno, Ivermectina, cloroquina, mientras el campeón este salía con un “estuve leyendo en la revista Natura que lo que mejor hace es el choripán de cancha; yo creo que debería volver el fútbol”?. Obvio que esto es más exagerado que el chiste del pescador que contaba Landriscina, pero que el tipo opinaba entre todos los galenos es un dato irrefutable.

Codearse con los dioses

Como lector formado, seguramente usted está familiarizado con la mitología griega y sabe que los dioses se reunían en el Monte Olimpo. Allí hacían cosas típicas de divinidades, como comer asado todos los días o comprar atún La Campagnola para darle a los gatos.

Debo confesar que me siento un poco exultante al respecto. No hay otra profesión en la que se sientan más cerca de la divinidad que la medicina. Les encanta presumir de que están por encima de los mortales, porque son los que muchas veces deciden si la parca los pasa a buscar

En la mitología griega a cualquier tipo que quisiera llegar a sentarse con los dioses le iba a tocar unos de esos castigos más truculentos que noticiero porteño del mediodía. Nuestros dioses del olimpo no solo no castigaron al intruso, sino que además le hicieron un lugar en su mesa. Pobres, ellos, que siempre son tan infalibles…

Por unos papeles

Le digo la verdad, estimado: no puedo creer que esto no sea un escándalo aún mayor. Tiene más condimentos que comida étnica. Los tipos que han estado decidiendo si se puede salir a pasear el perro, si se puede ir a tomar un helado o si pueden abrir los jardines de infantes tuvieron a un adolescente opinando entre ellos.

A ver, yo no tengo título de periodista pero no le hago mal a nadie. Por ahí habrá algún recibido de la carrera que me grita “¡quita pan!” cuando me ve en la calle, pero las únicas vidas que dependen de mí son las de las criaturas que alimento diariamente escribiendo estás líneas.

Ser periodista es como ser hincha de Belgrano: no importan los títulos. Ahora, ser médico es otra historia. Es como jugar a un aburrido “piedra, papel o tijera” en el que no importa cuánto sepa cortar o golpear, porque sólo gana el que tiene papel.

Piense usted cada vez que lo mandaron de vuelta de alguna dependencia pública porque la fotocopia del DNI no estaba clara. Recuerde cuántas veces hizo cola en algún mostrador para llegar y que le digan que le faltaba un papel. Extraordinariamente burocráticos y leguleyos.

A partir de ahora, cada vez que insulte en mil idiomas recordando cuántos viajes tiene que hacer para poder verificar el auto porque no tenía los cristales grabados o se.olvidó la firma del escribano, piense que a este tipo no le pidieron el título de médico para trabajar EN UNA PANDEMIA, tal como les gusta decir cada vez que uno quiere vivir su vida con relativa libertad.

¿Querés que abran las escuelas? “Estás loco, estamos en una pandemia”. ¿Querés andar de noche en la calle? “Estás loco, estamos en una pandemia”. ¿Querés ir a visitar a tu familia a otra provincia? “Estás loco, estamos en una pandemia”. ¿Querés que este año haya elecciones? “Estás loco, estamos en una pandemia”.

Los mismos que se pasaron el año diciendo eso emplearon a un chico de 19 años que lleva menos tiempo con carnet de conducir que lo que le hubiese llevado cursar la carrera de médico. Aunque también trucha, de última la Rímolo era una médica medio hot que te alegraba las tardes cuando salía opinando en la tele y vos eras un pibe de la misma edad que el jovencito en cuestión. La podrían haber llamado a ella, que tenía antecedentes claros (y también una condena, un detalle menor).

Como el tiempo es tirano y hay que tratar de terminar rápido los trámites, vamos a ir cerrando la nota. Solo le pido que recuerde este incidente cuando llegue julio y nos quieran volver a encerrar más de dos semanas. Capaz para ese entonces en el COE ya han terminado de chequear que todos los que deciden efectivamente son médicos, ¿quién sabe?.