Hasta qué punto aguantan las democracias

La situación en Formosa es minimizada por el gobierno nacional, que sabe perfectamente qué es lo que está pasando. Simplemente quiere responder a la pregunta.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

democracias¿Hasta qué punto pueden aguantar las democracias? Quizás la pregunta no deba ser exclusivamente sobre democracia, sino sobre la que en occidente es su compañera inseparable, la República. Es decir, ¿cuándo nos damos cuenta de que las instituciones y poderes republicanos ya no están pudiendo resolver los conflictos?.

Lo que está pasando en Formosa es un caso más que interesante. Así como Argentina siempre fue defensora de que cada Estado es soberano para conducir y resolver sus problemas internos sin que deban mediar injerencias de otros países, parece que para algunas cosas nuestro federalismo funciona de un modo más o menos parecido.

Las denuncias a las violaciones a los derechos humanos en la provincia de Formosa se vienen intensificando cada vez más. Allí hay centros de aislamiento en los que se dice combatir la propagación del Covid-19. Si nos ceñimos a la función manifiesta, la estrategia está siendo exitosa: la provincia exhibe niveles de contagio exageradamente bajos si se los compara con los de otros distritos.

Claro que aquello sería una media verdad. Si se contara de manera completa se debería decir que se están vulnerando los derechos de los formoseños de manera sistemática, sin reglas ni procesos claros. Se retira a la gente de sus casas sin mediar orden judicial, bajo la denuncia de contacto estrecho por parte de algún tercero (que puede o no haber sido testeado positivo) y se la aísla en instalaciones previstas por el gobierno por tiempo indeterminado.

Ante la presión de algunos medios y políticos (entre los que hay que destacar el esfuerzo del radical formoseño y senador Luis Naidenoff) el gobierno decidió enviar al responsable de Derechos Humanos a constatar que no se estuviesen llevando a cabo violaciones a los derechos inalienables de todos los seres humanos.

Así es que ayer, tras haber circulado por los centros, aseguró que no se puede hablar de tal violación, así como tampoco de centros clandestinos de detención, porque todos saben adónde quedan. Impresionante.

El dislate del funcionario es tal, que no reparó en que hay gente que sigue encerrada con cuatro hisopados negativos. Parece no importarle que haya menores de edad a los que se les toma la temperatura corporal a través de las rejas. Le parece un dato menor que no se haya separado a los casos positivos de los que ya han dado negativo, o que el poder ejecutivo no puede disponer a voluntad de los cuerpos de las personas.

Pietragalla (hijo de desaparecidos y dolido maradoniano que se colgó a las rejas de la Casa Rosada el día del anárquico velorio del astro futbolístico) parece adherir al Teorema de Mayans, tal como fuera bautizada por Pablo Esteban Dávila en estas mismas páginas la barbaridad del jefe de la bancada del Frente de Todos en el Senado: “al derecho vos lo tenés, pero no en pandemia”.

Así, al día de la fecha, en Formosa sigue habiendo gente a la que no se le están negando sus derechos, sino que se están custodiando los derechos colectivos porque hay una pandemia. Es ridículo. Bajo la misma premisa de una crisis sanitaria, el año que viene puede ser el dengue, el otro la gripe o más adelante los juanetes: cuando se tuercen arbitrariamente las leyes, sólo puede esperarse más discrecionalidad de parte del poder de turno, vulnerando los supuestos de la República.

Todo es tan ridículo, que los mismos funcionarios que decían que era una situación de riesgo mantener a los presos dentro de las cárceles -y que había que darles arresto domiciliario- hoy salen a defender que hay que retirar de los domicilios para poner en cárceles maquilladas de centros destinados a la salud.

Algunos ilusos pidieron la intervención de la provincia, que es gobernada desde hace un cuarto de siglo por el mismo hombre, Gildo Insfrán. ¿Se puede dar un cambio de gobierno real en un sistema que está tan corrompido que los policías detienen escudados sólo bajo una orden dictada por el poder ejecutivo?. Ni hablar de que es el gobernador ejemplar, el mejor exponente, según el presidente Fernández.

Argentina es un paciente enfermo, con sus extremidades engangrenadas. Allí, lejos del puerto y tierra adentro, florecen los autoritarismos que rara vez llegan a ser noticia nacional. Se vulneran derechos que muchas veces ni saben que tienen, mientras se debate en los medios nacionales sobre un accidente en moto en alguna arteria porteña.

Muchos creen que al gobierno no le importa lo que pasa en las provincias menos democráticas. No hay que confundirse. Saben perfectamente cómo funciona, sólo están viendo hasta qué punto aguantan las democracias.