Desmentir el dogma

Entre las confesiones incómodas que se aprecian en la serie documental “Rompan todo”, estrenada por Netflix en diciembre, resulta interesante la manera en que Emilio del Guercio, del grupo Almendra, comete el sacrilegio de considerar a algunos grupos beat como sus pares.

Por J.C. Maraddón
jcmaraddon@diarioalfil.com.ar

rompan todoLa traducción argentina de los acontecimientos musicales que tenían lugar durante los años sesenta en el hemisferio norte, terminó muchas veces tergiversando el significado original y alterando la adaptación hasta que el resultado tenía mucho más que ver con cuestiones locales que con lo que sucedía en el mercado anglosajón. Lo que había arrancado como una simple traslación del rocanrol hacia estas latitudes, se complejizó hasta volverse irreconocible, a medida que la vertiente autóctona se apartaba de los patrones extranjeros y tomaba un formato que respondía a las necesidades y a los intereses de quienes interpretaban aquello desde la Argentina.

Ya desde el mismo experimento del Club del Clan se había dado esta manera particular de acercamiento a la fiebre nuevaolera, porque allí convivían músicos de rock con vocalistas de tango y bolero, en una mixtura a la criolla que lograba retener a la familia frente a la pantalla. Mientras los Beatles y los Rolling Stones separaban las aguas de una vez y para siempre, sembrando la semilla de una novedosa cosmovisión que tiraba abajo las viejas estructuras, por aquí todavía abundaban los jóvenes que, si bien se plegaban a alguna que otra consigna rebelde, conservaban intactos sus modales anticuados.

Recién con los primeros brotes del llamado rock nacional, en la segunda mitad de los años sesenta, la situación iba a cobrar otro cariz, apartando de un lado a los auténticos rocanroleros y del otro a meros fabricantes de éxitos inmediatos que, por muchos elementos del rock que pudieran tomar, carecían de la llama interior que caracterizaba a los cultores de ese género y que los posicionaba en el estatus de artistas y no en el de entretenedores que escupían canciones de moda para que las pasaran en la radio hasta que acabara el efecto y la gente las fuera descartando.

Ya en el inicio de los setenta, estas dos corrientes musicales se habían diferenciado tanto que una había declarado a la otra como enemiga y pugnaba por tomar distancia ante la vergüenza de alguien pudiera confundirlas. El canon rockero bendijo en ese momento a lo que se llamó “música progresiva”, al mismo tiempo que echó su maldición sobre la denominada “música beat”, que sobrevivió un tiempo más y gozó del coletazo de su popularidad, hasta que se desvaneció en el olvido y perduró en las pilas de long plays que se archivaban en los hogares, donde asomaban ejemplares de Sótano Beat, Alta tensión y 14 Voltops.

Entre las muchas confesiones incómodas que se aprecian en la serie documental “Rompan todo” estrenada por Netflix en diciembre, resulta por demás interesante la manera en que Emilio del Guercio, del grupo Almendra, comete el sacrilegio de considerar a algunos grupos beat como sus pares. El bajista y cantante acomete ese acercamiento al referirse a La Joven Guardia y a su gran hit, “El extraño del pelo largo”, que es puesto allí a la par de “La balsa” como uno de los simples que mayor repercusión tuvo en los albores el rock autóctono.

Políticamente incorrecta para lo que es el evangelio rockero argentino, esta maniobra es una de las tantas que han despertado polémica y que han desatado un avalancha de furiosos tweets, donde se vitupera a “Rompan todo” por atreverse a modificar la historia oficial acerca de la epopeya de los pioneros. Por supuesto que Los Gatos, Manal y Almendra exhibían componentes exquisitos que no tenían nada que ver con la producción en serie del beat. Pero eso no impide entender que, en la contemporaneidad de ambas expresiones, pueden hallarse también algunas similitudes que de ningún modo deberían ser ocultadas para no desmentir el dogma