Primeros y suaves lances de los esgrimistas radicales

Comenzó el diálogo que conducirá a un acuerdo, o no alcanzará para evitar la interna

Por Alejandro Moreno

Negristas, mestristas, sumandos y alfonsinistas comenzaron ayer las conversaciones que el tiempo dirá si conducen a un acuerdo interno o si no habrán sido suficiente para torcer el camino hacia las elecciones internas del 14 de marzo, cuando los afiliados a la UCR podrían votar las autoridades del período (clave) 2021-2023.

En la casa del negrista Julio Ochoa, pasado el mediodía, con el atractivo de un asado calificado como “generoso” por quienes lo saborearon, comenzó oficialmente el diálogo interno. Además del anfitrión, por Morena estuvo Juan Negri; por Confluencia, los mestristas Juan Pablo Díaz Cardeilhac, Hugo Romero y Alberto Giménez; por Identidad Radical, Dante Rossi; por Asamblea Radical, Sergio Piguillem; y por la liga opositora Sumar, Marcos Ferrer y Mauricio Cravero. Adecuado a una reunión exploradora, no participaron los que tendrán mayor energía a la hora de cortar el bacalao: Mario Negri, Ramón Mestre o Rodrigo de Loredo. Tampoco concurrieron otros protagonistas de la interna radical, como Miguel Nicolás, Juan Jure o Carlos Briner (ni sus socios políticos), pero los comensales de ayer aseguraron que habrá más charlas y mayor apertura.

El cónclave comenzó por donde debe hacerlo: la búsqueda de coincidencias. Así, protocolarmente, todos juraron priorizar los intereses de la Unión Cívica Radical por sobre los apetitos personales. También estuvieron de acuerdo en que el partido debe fortalecerse y mantenerse unido, por el camino que sea, un acuerdo o una interna, como requisito fundamental para tener chances de derrotar al peronismo en las elecciones provinciales del 2023, con una alianza tan amplia como sea posible.

Después, entre todos se mintieron un poquito: dijeron que el diálogo debe ser solo por el armado del partido, sin contaminarlo con la discusión por las listas de candidatos a diputados y senadores nacionales de este año, y menos aún por los botines del 2023. En realidad, es imposible lograr semejante limpieza de laboratorio en los próximos ensayos.

De todos modos, es natural que todos jueguen con esas cartas debajo de las mangas.
En esta primera reunión no se tiraron nombres, lo cual es lógico, pero sí se escuchó una definición que podría comenzar a sugerir una diferencia. Desde el costado de la mesa que ocupaban los diplomáticos de la entente exhibida en Los Cóndores (mestristas, negristas y alfonsinistas) manifestaron que el próximo presidente del Comité Central debe ser un dirigente con “tiempo” para desarrollar la tarea de abuenar al partido (no es seguro que hayan usado ese verbo, pero a los radicales les encanta). En cambio, los ministros de la Liga Sumar (deloredistas, angelocistas y ex mestristas) advirtieron que el futuro inquilino del tercer piso de la Casa Radical puede ser, también, un “joven”. En ese delicado intercambio quedaron en claro las estrategias de cada grupo: unos quieren un candidato electoralmente aséptico, un veterano de la UCR que no quiera ir por nada en 2023, y otros impulsan a “renovar” el partido con De Loredo.

Otro momento para anotar fue cuando el mestrismo planteó que podría formarse una comisión de acción política (una vieja fascinación radical) que funcione en paralelo al Comité Central. La idea podría implicar una licuación del poder del Comité, si al frente de él colocaran un dirigente de relativo bajo perfil, y a la comisión la integran los principales referentes del partido. El objetivo, aseguran, no sería ese, sino colocar más sillas en un posible acuerdo para que todos los sectores de la UCR, que son un montón, puedan sentirse representados.

La semana que viene habrá una nueva reunión, quizás con nuevos comensales. Más allá de que el primer encuentro fue un paso adelante, hay que apurar el ritmo para llegar sin el habitual estrés al que conducen los plazos electorales: el 8 de febrero deben presentarse las alianzas y al día siguiente, las candidaturas. Y si bien después de cumplidas estas fajinas preelectorales aún es posible llegar a un acuerdo, por lo menos se torna más complicado.