Capitales alternas, el raid que lo puede traer a AF a Córdoba

Fuentes schiarettistas afirman que el presidente podría visitar la capital alterna Río Cuarto en marzo o abril, en lo que sería su primera visita a esta provincia en 15 meses de gobierno. Aseguran cerca del gobernador que las relaciones están bien, si cada uno hace “su juego”.

Por Bettina Marengo 

En plan de visita a las “capitales alternas” sancionadas por el Congreso en diciembre, Alberto Fernández y parte del gabinete nacional viajaron ayer a Chilecito, La Rioja, previo paso por San Juan, para interiorizarse de las consecuencias del shockeante terremoto del lunes a la noche. En la ciudad riojana, el presidente se reunirá hoy con una decena de gobernadores de la Liga del Norte Grande, donde conviven peronistas con mayor y menor cercanía al gobierno, y opositores. Entre los oficialistas, Jorge Capitanich (Chaco) es el presidente pro tempore de la liga, que también integran el anfitrión Ricardo Quintela, Gildo Insfrán (Formosa); Raúl Jalil (Catamarca), Juan Manzur (Tucumán), Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Gustavo Sáenz (Salta) y Oscar Herrera Ahuad (Misiones). Además, están los radicales Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes).

El raid por las 24 ciudades designadas comenzó a fines del año pasado, con Río Grande, Tierra del Fuego, y se supone que en 2021 tomará ritmo. Río Cuarto, elegida capital alterna nacional y también provincial, deberá esperar al menos hasta marzo o abril, según dijo al diario Alfil una fuente cercana al gobernador Juan Schiaretti. “Será pronto”, aseguró. En un reciente encuentro por Zoom con periodistas de las provincias, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, ya habría mencionado esa fecha para la ciudad del sur provincial, donde el año pasado se realizó la primera experiencia cordobesa de unidad entre el PJ provincial y el Frente de Todos, para las elecciones municipales en las que Juan Manuel Llamosas reeligió.

Si ese cronograma se confirma, sería la primera visita de Alberto Fernández a Córdoba, una de las pocas provincias que no pisó desde que es presidente, con al menos dos viajes organizados y cancelados a último momento durante 2020. Tampoco hubo encuentro a solas entre el jefe de la Casa Rosada y Schiaretti, como sí con casi todos los mandatarios, y aunque la pandemia del coronavirus y la “reclusión” del gobernador en Córdoba actuó y actúa como paraguas diplomático, esa no-foto es un dato político en una relación distante desde antes de la campaña electoral del año pasado.

En el schiarettismo destacan que las relaciones institucionales (en las que enmarcan la eventual bajada al sur provincial) con el gobierno nacional son “muy, muy buenas”.  “¿Y las relaciones políticas?”, preguntó este diario a un dirigente del riñón del gobernador y con buen diálogo con el Frente de Todos.  “También las políticas, si cada uno sabe su juego. Cada uno tiene que hacer su juego”, indicó. Es decir, cada uno trabajar por sus votos y su propia necesidad política, hasta que llegue el momento de las definiciones electorales. Que es lo hace el gobernador con los cuatro votos que le responden en la Cámara de Diputados, que son claves para que el oficialismo obtenga el quorum para sancionar las leyes, pero también para dar señales de “no kirchnerización” cuando lo necesita, tanto a sus aliados empresariales, del sector rural, de la Iglesia, como a su electorado.

Pese a la ostensible rigidez de Schiaretti para con el Frente de Todos, Alberto lo sigue cuidando en público, tal vez porque el cordobés es una figurita difícil que mantiene buena imagen entre sus pares y en el establishment. Incluso, cuando su dirigente más cercano en Córdoba, el senador Carlos Caserio, lo acuse de “especular” en la cámara baja y de defender un modelo de país distinto al del gobierno nacional. Las críticas más duras al mandatario llegaron innominadas, de parte del ministro de Economía de la Nación, Martin Guzmán, por la renegociación de la deuda dolarizada a tasas superiores al 6%.

En ese sentido, y mientras el Frente de Todos de Córdoba hace esfuerzos para extender sus límites internos y sus fronteras externas, Alberto flamea banderas de unidad hacia el PJ schiarettista. Lo hizo en el acto de cierre del año del FDT realizado en un hotel de la ciudad Córdoba, durante el contacto en vivo que mantuvo con la dirigencia reunida presencial y virtualmente. Allí volvió a hablar de “unidad del peronismo” como antídoto para la derrota. Le agradeció a Caserio, a la diputada Gabriela Estévez y al secretario de Obras Públicas Martin Gill, pero también a “quienes no son parte de este peronismo nuestro, pero acompañan al gringo Schiaretti”, entre los que mencionó al diputado nacional Carlos Gutiérrez, para sorpresa de muchos.