Luis Juez estrenó su candidatura y perdió por paliza en San Javier y Yacanto

Luis Juez estuvo en el Senado Nacional pero no quiso volver porque era una “hamaca paraguaya”. Fue de embajador a Quito pero lo expulsaron porque calificó de “mugrientos” a los ecuatorianos. Ahora está en la Cámara Baja del Congreso pero quiere la Gobernación. Seguro que anoche tampoco quiso estar en San Javier y Yacanto, desde donde quería lanzar su candidatura a la Gobernación pero su delfín perdió por 48 puntos la Intendencia.

Por Gabriel Osman

Surgida a fines del siglo XIX, San Javier y Yacanto es un pueblo del departamento San Javier constituido, como lo expresa su nombre compuesto, por dos pequeños poblados contiguos administrados por un mismo municipio. Está muy cerca de las faldas del cerro Champaquí y, aunque poco tenga que ver con esta crónica, es una miniatura atractiva para el turismo por su cercanía con el pico más empinado de las Altas Cumbres. Además de sus almacenes, pulperías,  sulkys y antiguas casonas de estilo inglés construidas cuando los ferrocarriles llegaron hace 150 años a Traslasierra.

El domingo se votó para intendente. Los escuetos resultados del escrutinio ya fueron informados por este diario en su edición del lunes, pero no algunos detalles extravagantes, diríamos, de este penitente candidato a todos los efectos pero en especial a gobernador de Córdoba. En este pago chico de Traslasierra, donde el presidente provisorio de la Legislatura, Oscar González, es poco menos que Gardel, el peronismo le sacó 48 puntos porcentuales: el candidato de Hacemos por Córdoba, Martín García, obtuvo, el 65% de los votos (930); segundo salió Rodrigo Murúa Samper, del Frente Cívico de Luis Juez con el 17% (242); y tercero, la alianza PRO-UCR, con el 8% de los votos (108).

La fecha electoral en San Javier y Yacanto no es producto de un contraturno electoral sino de la súbita baja de su intendente, Roberto Altamirano, que falleció inesperadamente antes de que se cumpliera la mitad de su mandato. Vale acotar, en particular para los estrategas de Luis Juez, que Atamirano había ganado, también como ahora, por demolición.

Apelando a alguna reserva de racionalidad que quizás en este caso no exista, puede suponerse que a Juez la segunda lectura del resultado le sirva para demostrar hacia adentro de la alianza (¿que ya dejó de integrar?) porque sacó más votos (242 contra los 108 de la UCR-PRO). Con estos números de escrutinio de un centro vecinal no le sirven a nadie, como tampoco al peronismo en tiempos de pandemia.

Mejor, tal vez, es intentar penetrar clínicamente la psicopatología de este personaje e imaginarse que Luis Juez nunca está donde quiere estar. Ni en la “hamaca paraguaya” del Senado Nacional (sus palabras cuando en 2015 declinó la banca a la Cámara Alta para ir en alianza con Riutort por la Municipalidad), ni en su actual escaño en Diputados (cuando entró raspando en 2019 y en la noche de la derrota, mientras sus aliados elaboraban el duelo, lanzaba su postulación para El Panal), ni en la embajada argentina en Quito (se fue calificando a los ecuatorianos de “mugrientos”, también palabras suyas).

Luis Juez es una mueca de la política de Córdoba, ahora con vidriera nacional para chistes que compran algunos porteños, con Mauricio a la cabeza. En Córdoba ya están gastados. Ya no tienen audiencia. Por eso, seguro, en la noche del domingo tampoco quería estar en San Javier y Yacanto.