Lo trágico es universal

En enero de 1985, hace 35 años, se estrenaba en las salas comerciales de Córdoba la película “Ran”, del cineasta japonés Akira Kurosawa, basada en la leyenda de un señor feudal llamado Mōri Motonari, aunque con una expresa referencia al texto original de “El Rey Lear”, de Shakespeare.

Por J.C. Maraddón

“El rey Lear”, una de las tragedias de William Shakespeare reconocidas a escala universal, goza de enorme actualidad, pese a los casi 400 años que han transcurrido desde que fue representada por primera vez. Como a muchas de las obras escritas por este autor inglés, se la considera un clásico de las artes dramáticas, aunque también ha recibido innumerables adaptaciones cinematográficas y ha inspirado diversos argumentos a partir de su planteo acerca del amor filial y de cómo las cuestiones relativas al poder pueden mezclarse con los asuntos familiares, hasta provocar una catástrofe en alguno de los dos ámbitos; o en ambos a la vez.

La historia es conocida: un rey ya entrado en años resuelve dividir sus dominios entre sus tres hijas, como forma de ir delegando una responsabilidad que empieza a agobiarlo. Para poner en marcha su idea, las somete a una prueba de fidelidad de la que no sale muy bien parada la menor, Cordelia. Enojado con su actitud, el soberano la deshereda y sólo incluye en el reparto a las otras dos, junto a sus respectivos esposos. Esta decisión se revelará como errada poco tiempo después, cuando todo concluya de la manera más desastrosa que podría imaginarse.

Por una parte, Shakespeare señala cómo, más allá de las buenas intenciones, a veces las más razonables medidas de un gobernante acarrean consecuencias nefastas si no se consideran rigurosamente las derivaciones a las que pueden dar lugar. Sobre todo cuando quien sostiene las riendas es una prenda de unidad que mantiene bajo control las fuerzas que, de otra manera, estarían enfrentadas. Y, si bien la regulación de las herencias no ofrece demasiado margen de maniobra en algunas monarquías, está claro que hay quienes cuentan con un don natural para el liderazgo y hay quienes, una vez en el trono, son capaces de las peores tropelías.

Pero, además, “El rey Lear” se adentra en las rispideces de los sentimientos que envuelven a los miembros de una familia y no trepida en sonsacar odios, revanchismos y crueldades entre padres e hijos y entre hermanos, sobre todo cuando entran a tallar elementos externos que rompen el equilibrio pasional entre los miembros del clan. Afloran así los celos mezclados con las ambiciones, un cóctel que en la pieza de Shakespeare afecta no sólo a los vínculos entre los parientes, sino que pone en vilo a toda una nación y tiene un baño de sangre como epílogo.

En enero de 1985, hace 35 años, se estrenaba en las salas comerciales de la ciudad de Córdoba la película “Ran”, del prestigioso cineasta japonés Akira Kurosawa, que estaba basada en la leyenda de un señor feudal llamado Mōri Motonari, quien reinó hacia el siglo XV en la región de Chūgoku, en Japón. Sin embargo, hay una expresa referencia al texto original de “El Rey Lear” cuando se observa como el jefe del clan distribuye su territorio entre sus tres hijos varones y los conmina a trabajar en conjunto porque solamente así podrán gozar de una fortaleza invencible.

De más está decir que este deseo paterno no será respetado y que las guerras intestinas ensombrecerán la supuesta sabiduría puesta en práctica por Hidetora al anticipar su voluntad en cuanto a la distribución hereditaria. Con imágenes de altísimo vuelo poético y un modo espectacular para la puesta en escena de las secuencias bélicas, “Ran” representa uno de los mayores logros cinematográficos de Kurosawa, cuya influencia en Occidente había comenzado muy temprano, allá por los años cincuenta, cuando su película “Los siete samuráis” dio lugar a una versión dentro del género western que causó furor: “Los siete magníficos”.