La deuda y las dudas

El arreglo de la deuda por parte del gobierno provincial hizo enojar al ministro Guzmán. ¿Tiene sentido el berrinche?.

Por Javier Boher
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¡Cuidado, amigo lector! Llega fuego desde Buenos Aires, con el Chapito Guzmán enojado porque Córdoba decidió no hacerles caso con la renegociación de la deuda. Por lo menos en una había que tirar para otro lado, ¿no le parece?.

Seguramente usted estuvo siguiendo muy atentamente todas esas charlas técnicas sobre cómo iba a resolver la provincia sus problemas con los acreedores y descorchó una sidra en botella de plástico cuando se enteró de que al final no defaulteaba. Ojo, que en este país no es moco ‘e pavo hacer el esfuerzo para honrar las deudas.

La verdad, no le voy a mentir. Toda la cuestión de los números finitos no la sé, pero arreglar es importante. Le cuento una historia para ilustrar mi punto.

Una vez acompañé a mi madre a algún taller de algo, no me acuerdo bien de qué (cuando uno es chico y lo llevan a la rastra no entiende muy bien la diferencia entre la tapicería, el electricista del auto o el que arreglaba el tele).

Hubo algún desacuerdo por el precio: el tipo quería hacer la típica avivada de “es que además se rompió el coso del cosito, que no se consigue por ningún lado, porque las importaciones están cerradas y el dólar está subiendo y nadie vende nada”. Seguro que su infancia bimonetaria y mercadointernista del vivir-con-lo-nuestro fue igual.

Ahí me quedó grabada la respuesta. “Yo le voy a pagar, pero no voy a volver más. Y le voy a pagar para que no ande diciendo que yo soy una estafadora, porque el estafador es usted”. ¿Adivine qué decía la señora después sobre el tallerista? Creo que los tuiteros ultraoficialistas son más suaves con Gatricio que lo que era la señora cuando hablaba del iluso técnico.

Eso, que es una pequeña anécdota familiar, parece que nunca le pasó al Ministro Sarasa. Su consejo para Córdoba fue “no paguen, así damos lástima todos los menesterosos juntos”, como si después los bonistas no se llamaran por teléfono diciendo “Jelou Yon. Los aryentains son very garcas. Cierra el chorrou de money”.

Tal vez el gran negociador de deuda que nos dijeron que era confía en que alguien le crea ese amague del estilo ‘agarrame que lo mato’. Te funcionó una vez y antes del mes ya estabas licuando el arreglo con una devaluta, maestro. Si todas las veces cantás falta envido, en alguna te piden ver las cartas y te llevan puesto.

Cordobesismo recargado

¿Sabe qué fue lo que más me molestó, estimado? Que según los dichos del petit ministro todas las provincias de este supuesto país federal deberían alinearse a la voluntad del gobierno central. ¿En qué cabeza delirante cabe que los cordobeses podemos tener la misma necesidad de hacerles caso a ellos que la gente de Formosistán o San Thiago del Estero?. La única actividad próspera en esas latitudes debe ser el tráfico de personas y estuefacientes, no como en esta que tenemos de todo.

Con esto no estoy diciendo que acá somos todos autónomos y podemos vivir sin pedirle un peso a la nación, porque estaría faltando absolutamente a la verdad. De hecho, por eso se entiende que cada tanto los Cuatro Fantásticos del Congreso le dan un ayudín al gobierno del presidente ojos de enfisema.

Es más, esto me huele a que la tan buscada unidad con el Frente de Tongos está más cerca que nunca. El Hombre (El Difunto) nunca fue más colaborativo con el kirchnerismo que después de lanzar el cordobesismo y hacer toda esa alharaca de que acá nadie nos iba a doblegar. Después de que bajó la lista ni le atendían el teléfono, como le pasa a los que piden casamiento después del primer encuentro.

¿Sabe cómo me imagino que va a resultar todo eso? Los garantes del cordobesismo van a pelear al estilo Titanes en el Ring, que parece que se pegan pero en realidad es toda una coreografía perfectamente aceitada. Van a largar una testimonial con el sello del gobierno nacional y van a mantener la “rebelde” de HpC.

Eso, que llamaremos “La estrategia del soldado”, fue lo que le permitió a Tomás Méndez casi llegar a ser intendente de La Docta: si hay una lista kirchnerista, la otra no puede serlo, por lo tanto hay que votarla. Si no, el kirchnerismo es como el cero: todo lo que se multiplica por kirchnerismo da kirchnerismo. En un electorado como el nuestro, no parece buena idea izar esa bandera.

Lo voy dejando, estimado, con algunas reflexiones. Primero, que el arreglo de Córdoba es magnífico, tanto para las finanzas de la provincia como para el gobernador: su imagen es la del gestor, no la del carismático. Segundo, que el enojo de Guzmán no tiene mucho sentido, porque sabía que lo suyo no podía pasar. Tercero, que hay que cuidarse de una Gacomineada con las listas, para que en octubre no le vendan Dylan por liebre.

Aproveche el solcito y salga a broncearse. Antes de que nos vuelvan a encerrar a todos.