Donde crece la soja, no prosperan los K

El margen de acción del presidente en la capital alterna luce cada vez más acotado: Quien manda es Juan Schiaretti. Fernández anticipa su visita a un terreno todavía hostil. Mientras tanto, el albertismo pierde fuerza en la gestión de Llamosas.

Por Gabriel Marclé

Un año ha pasado desde el momento en el que el presidente Alberto Fernández comenzaba su proyecto de renovación en la provincia de Córdoba. Más al sur, en Río Cuarto, se iniciaba un camino más corto hacia Casa Rosada; parte de una búsqueda que tenía al mandatario nacional con esperanzas de cambiar la mentalidad de la región más “anti-K” del interior. En ese tiempo pasó la pandemia, la crisis económica se acentuó y, pese a los test electorales que lo tenían con un pie en el “Imperio”, los “brotes verdes” del presidente se fueron marchitando.

“No es fácil para el kirchnerismo entrar a Córdoba, en ninguna de sus versiones. Es una provincia que cifra su identidad en antagonismo a esa identidad política”, analizaba uno de los teóricos del oficialismo riocuartense sobre el operativo de seducción que hace un tiempo iniciaba Alberto Fernández. El 2020 y la invariable tendencia de los cordobeses se combinaron en un fenómeno difícil de superar.

Tal vez no se trate de un problema del electorado, ni siquiera de una cuestión de antipatía directamente proyectada en el presidente. Córdoba y el kircherismo forman parte de un proceso de múltiples variables que, sin embargo, siguen una lógica que rige desde hace años las interacciones del puente Nación-Provincia. Ni los cheques para pavimento o la autovía Río Cuarto-Holmberg parecen cambiar la apreciación del público cuando estos llevan la firma K.

Para colmo, todo lo que podía salir mal en el 2020, salió mal. El plan de conquista con el que Fernández buscaba ganarse a los cordobeses se pospuso un buen tiempo. De hecho, la victoria de Juan Manuel Llamosas en las elecciones pasadas tuvo un efecto nulo -y hasta negativo- en sus pretensiones, cruzadas por una postergación que parecía infinita y embebidas del enojo de un electorado que alzaba las banderas en contra la cuarentena.

Pese a las complicaciones, Alberto Fernández planifica acercarse nuevamente a la Provincia, pero especialmente a la ciudad que hace unos meses fue declarada capital alterna del país. En el marco de aquella legislación -nacida del espíritu federal de José Manuel De la Sota y su experiencia en Córdoba- el presidente ya se encuentra cerrando los detalles para hacerse presente en Río Cuarto antes que concluya el primer cuatrimestre del 2021. Eso sí, se encontrará con una ciudadanía que todavía presenta un alto grado de hostilidad y con “soldados” que todavía no pudieron trasladar el fulgor presidencial al plano local.

El campo

“Donde crece la soja, no prosperan los K” parece ser uno de los dichos de la política nacional moderna. Desde el 2008, con la 125 y el inicio del conflicto con el campo, los proyectos que devinieron del peronismo K terminaron con una mancha difícil de quitar. Si lo trasladamos a Río Cuarto, uno de los centros sojeros más importantes del interior nacional, el proceso toma sentido y explica el por qué del rechazo al proyecto kirchnerista.

Al presidente se le hará difícil entrarle al corazón de la Provincia si este está revestido por plantíos de soja y una producción agropecuaria que fue absorbiendo el peso de las decisiones que se tomaron en los tiempos de CFK. Ese desgaste difícilmente tendrá un reparo, en tiempos donde faltan alicientes y sobra soberbia.

Sobre esa tensión también se posiciona el gobernador Juan Schiaretti, más cerca de las necesidades particulares de la región. Al mandatario provincial no le tiembla el pulso a la hora de antagonizar con las consideraciones del presidente, menos cuando ambos integran un peronismo que se encuentra en una búsqueda continua de identidad.

En Córdoba, Schiaretti parece ser lo que sus electores y contribuyentes le piden que sea. Ya sabe lo que tiene que hacer si el campo, máximo aportante a la economía productiva de la provincia, decide jugar en la vereda del frente del Gobierno Nacional. Y esta es la mayor dificultad que afronta un presidente como Fernández: Por más empático y federal que quiera mostrarse, no logra hacerse con la simpatía de los que mueven la rueda.

La lógica provincial se traslada a la segunda ciudad cordobesa más populosa, que además es gobernada por alguien que surgió de las entrañas del cordobesísmo dirigido por el tándem “de la Sota-Schiaretti”. Entre los sojeros y el empresariado comercial, Fernández podría convertir a Río Cuarto en la capital nacional que aún así no podría ganarse su corazón. “Creo que hasta a Sergio Massa le iría mejor”, comentaba entre risas un integrante del llamosismo.

Relegados

Los adeptos del proyecto liderado por Alberto Fernández y secundado por Cristina Fernández de Kirchner afrontan una etapa difícil pero esperada. Luego de las elecciones municipales de noviembre pasado, los referentes del kircherismo que integra la alianza de Llamosas fueron estigmatizados con el mote de “pianta votos” por quienes se alinean con el núcleo duro del schiarettismo.

Los resultados de aquella jornada electoral arrojaron un escaso porcentaje de participación (votó casi el 50% del electorado) y Llamosas perdió en el distrito centro, representado en gran parte por los sectores empresarios y productivos. Los primeros movimientos del nuevo llamosismo reflejaron una tendencia a la relegación para aquellos espacios albertistas que habían militado la reelección del PJ. De hecho, fue ParTE (Partido del Trabajo y la Equidad) quien envió una señal al intendente al advertirle que “la unidad es el camino”.

No les debe haber caído bien que la militancia K y sus vertientes hayan perdido fuerza en la configuración del nuevo gabinete. Más allá de algunas incorporaciones en el Legislativo, la presencia “K” en el equipo de Llamosas no fue la esperada. De hecho, la subsecretaría de DDHH renovó a Daniela Miranda como directivo, pero ubicándola bajo la tutela de la secretaría de Educación, lugar en el que tiene escaso margen de acción. La confección de la “primera línea de defensa K” resultó debilitada.