Dieciséis años de inflación: más pobreza y más dependencia del Estado

El 2020 cerró con una inflación del 36.1% casi 20 puntos menos respecto de 2019 pero con un desplome récord de la actividad. Hay presiones latentes. Hasta dónde llegará la aceleración en el año que recién comienza dependerá de la estrategia que asuma el Gobierno, una podría seguir postergando determinados temas para los próximos años.

Por Gabriela Origlia 

Hace 16 años que la inflación en la Argentina es de dos dígitos y en los últimos nueve superó el 25% anual. La razón del empobrecimiento general del país pasa por ahí y los más golpeados, por supuesto, son los más pobres. La correlación política es que cada vez más gente necesita de la asistencia del Estado para vivir; otro coletazo es el aprovechamiento partidario que se hace de esa situación.

Con las legislativas a pocos meses, la preocupación del Gobierno es creciente porque –más allá del enunciado de objetivos del ministro Martín Guzmán- hay una aceleración en la evolución de precios. En esa línea, la decisión es seguir demorando lo más posible la autorización de subas de tarifas y continuar con los controles de precios de los productos masivos. Con ese esquema en el 2020 la suba fue de 36,1%.

Es cierto que hubo una baja de casi 20 puntos respecto de 2019 con un desplome récord de la actividad. Hay presiones latentes. Hasta dónde llegará la aceleración en el año que recién comienza dependerá de la estrategia que asuma el Gobierno, una podría seguir postergando determinados temas para los próximos años.

Guzmán advirtió que esperaba lograr una baja de cinco puntos este año (una tasa anual que ronde 30%), es partidario de trabajar las expectativas privadas a través de un acuerdo de precios y salarios. Hace años que esa idea se plantea pero nunca se avanza.

Para la marcha de la economía y atravesar el puente que llevaría a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) –que en su lenguaje encriptado sigue pidiendo un plan de mediano plazo- el precio de los commodities y el avance del Covid-19 son dos claves. El viento a favor del primer factor abre una oportunidad y la incertidumbre es cómo se aprovechará. El frente abierto con el campo tiene idas y vueltas pero siempre está abierto. Respecto de la suba de contagios de coronavirus, el margen para aplicar restricciones adicionales es escasísimo. Eso corre tanto para la Casa Rosada como para los gobernadores.

No hay posibilidad de seguir financiando con planes masivos la caída de la actividad (en todo caso esperaría a decidir hasta tener el ancla de un acuerdo con el Fondo). En 2020 la emisión monetaria fue tan importante que Guzmán pisó el freno para evitar una nueva crisis cambiaria. La economía funcionando, además, permite generar recaudación y achicar el rojo fiscal de siete puntos del PBI del año pasado.

El FMI insistió en que las autoridades argentinas continúan trabajando “en el diseño de su plan económico de mediano plazo y discutiendo las medidas específicas para su implementación y trabajando para apuntalarlo con un amplio apoyo político y social”. La intención del Gobierno es llegar a abril con un acuerdo cerrado para después poder negociar con el Club de París al que hay que pagarle US$2400 millones.

En el presupuesto se planteó que se trataría de que los pagos de capital de deuda tanto del Club de París como del Fondo se posterguen para 2024 en adelante, mientras que los intereses, de montos considerablemente menores, se financiarían con desembolsos de otros organismos multilaterales.

Las negociaciones con el FMI tienen tres puntos claves que son los más complejos: el organismo quiere mayor ajuste fiscal que el de 4,5 puntos del PBI que diseñó Guzmán en el presupuesto; entiende que la brecha cambiaria debe ser mucho menor al 70% u 80% porque duda de que con ese nivel pueda funcionar un plan de estabilización y, además, pretende elevar las metas de acumulación de reservas netas del Banco Central.

En lo que va del año la entidad viene acumulando dólares, pero el ritmo que se requiere debe ser aún mayor. Hay más presión sobre el cepo y más limitaciones para importaciones (que generan tensión sobre los precios de determinados productos). La intención es evitar un salto del dólar oficial y seguir con mini devaluaciones. Guzmán prometió a los empresarios con los que se reunió en Entre Ríos que no habrá atraso cambiario.