Corazones (y discos) rotos

Es curioso cómo, en la fiebre restauradora que se desató contra la música disco en Estados Unidos en 1979, también cayeron en desgracia los mismísimos Bee Gees, tal como lo muestra con claridad el documental “How Can You Mend A Broken Heart?”, que produjo la señal HBO.

Por J.C. Maraddón

Apenas 24 años y un espacio matinal en una radio de Chicago tenía el locutor y humorista Steve Dahl en julio de 1979, cuando se le ocurrió encabezar una campaña contra la música disco, que entonces llevaba más de un lustro de reinado en las discotecas de todo el mundo. Tenía atragantado ese estilo desde que una emisora en la que trabajaba decidió difundir solamente ese tipo de música en vez de rock, y en medio de ese viraje fue despedido. Su venganza se iba a consumar de una manera tan escandalosa que ni él mismo podía llegar a imaginárselo.

Después de que una parodia suya del archiconocido tema “Da Ya Think I’m Sexy?” de Rod Stewart fuera difundida en todo el país e ingresara en el Hot 100 de la revista Billboard, Dahl se envalentonó y lanzó desde su programa la convocatoria para una protesta contra la disco music, que se iba a escenificar en el estadio Comiskey Park de Chicago durante el entretiempo de un partido de béisbol. La consigna era que la gente llevara vinilos de ese género bailable para romperlos y hacerlos estallar, además de portar remeras con una leyenda por demás insultante: “Disco sucks”.

En el atardecer del jueves 12 de julio, las tribunas albergaban a unas 50 mil personas y todo se desarrollaba con normalidad, pero el llamamiento de Steve Dahl a la denominada Disco Demolition Night había recalentado los ánimos y, ante la inútil oposición de un operativo de seguridad minúsculo que se había desplegado, la gente invadió el campo de juego y desató un torbellino de violencia incontenible, que culminó con destrozos, incendios, heridos y detenidos. Por supuesto, la compulsa deportiva debió suspenderse y el bochornoso espectáculo de la turba rompiendo long plays fue la portada de todos los diarios.

Detrás del espíritu vengativo del locutor que había organizado la velada, se agruparon miles de personas de racismo exacerbado, que detestaban ese estilo sonoro de gran arraigo entre los afroamericanos. Y ese odio también manifestaba la homofobia de quienes sabían que las discotecas donde se bailaban esos ritmos eran los lugares favoritos de la comunidad gay. En definitiva, bajo la fachada de una defensa del rocanrol ante la supuesta afrenta del disco sound, en realidad se agazapaba una furia moralista, deseosa de restaurar los valores que la cultura nocturna ponía en jaque, con sus luces enceguecedoras y sus canciones hechas para danzar.

Es curioso cómo, en esa fiebre restauradora que se desató en aquel momento, también cayeron en desgracia los mismísimos Bee Gees, tal como lo muestra con claridad el documental “How Can You Mend A Broken Heart?”, que produjo recientemente la señal HBO. Asociados con el sonido discotequero desde que en 1975 empezaron a grabar en Miami, estos hermanos británicos (criados en Australia) se consagraron a escala universal en 1977 a través de la banda de sonido de la película “Saturday Night Fever”, que fue un arrollador boom de ventas, a tal punto que hasta en la Argentina de la dictadura tuvo un eco ensordecedor.

Tejido mediante el método de unir testimonios con imágenes de archivo, el relato de “How Can You Mend A Broken Heart?” acompaña el recorrido de los hermanos Gibb desde su infancia australiana hasta su declinación, en la que mucho parece haber contribuido la prédica de Steve Dahl, que marcó un quiebre en la evolución de las tendencias de finales de la década del setenta. Más allá de las virtudes que pueda exhibir el documental de HBO, contar con los hits de los Bee Gees en su desarrollo le garantiza la devoción de los veteranos (y no tanto) fanáticos de un grupo inolvidable.