Conectarse llevaba tiempo

Hace 40 años, el grupo estadounidense Blondie, que tenía a su frente a la cantante Debbie Harry, se hacía ver en las pantallas de la televisión cordobesa a través de los intersticios que dejaba una programación con muchos espacios en blanco, rellenados con videos musicales.

Por J.C. Maraddón

Sobre todo en la década del setenta, en la televisión abierta cordobesa llegó a ser muy utilizada la placa de “aguardamos conexión”, a la que se recurría cuando el bloque del programa de la TV porteña que debía ser retransmitido todavía no empezaba. También se apelaba a idéntico compás de espera durante los eventos deportivos, cuando el fotograma fijo con la frase en cuestión era acompañado por una cortina musical, al estilo de las centrales telefónicas que nos intentan calmar la ansiedad hasta que alguno de los empleados que receptan las llamadas esté en condiciones de atender nuestros requerimientos.

Pero la llegada del formato del videoclip, que en los Estados Unidos había dado paso al debut de la señal de MTV, cambió esa costumbre local de llenar intervalos de contenidos con imágenes fijas. Los encargados de musicalización y de puesta al aire de los canales optaron por hacer más entretenida esa espera difundiendo en esos espacios aleatorios los videos de las bandas musicales de moda, que eran gentilmente provistos por los sellos musicales. De esta forma, casi sin que el televidente se diera cuenta, se direccionaba su atención hacia determinado intérprete, que aparecía una y otra vez en pantalla.

Parecido artilugio era el de ocupar ciertos horarios sin programación estable con shows en vivo de algunos artistas. Presentados como si fueran programas especiales y exclusivos, en verdad servían para difundir esas figuras que la industria discográfica quería instalar en la opinión pública y que, disfrazado como material de relleno, ocupaba horas enteras a lo largo del día en una época en que la TV abierta era uno de los pocos entretenimientos hogareños con que se contaba. Para el canal implicaba mantener su emisión sin demasiados gastos y para la disquera representaba una vía más que efectiva de contacto con el público.

Fue así como hacia fines de los setenta se transformó en habitual la inserción de espectáculos completos del grupo sueco Abba, uno de los números internacionales más populares de aquellos años, que necesitaba sostener su estatura de suceso global por medio de estrategias diversas. Cada vacío de la programación era subsanado con imágenes de los shows de ese cuarteto pop que ya tenía a todos sus hits sonando en la radio y que, con la televisión como complemento, casi no dejaba resquicio para que la gente lo ignorase. Ayudada por semejante campaña, la efectividad de sus temas era descomunal.

En el verano de 1981, a la omnipresencia de Abba se le sumó la de otra formación, en este caso estadounidense, que se enrolaba dentro de la new wave y que también poseía un impacto visual muy apto para la pantalla televisiva. El grupo Blondie, que tenía a su frente a la cantante Debbie Harry, había publicado en noviembre de 1980 su quinto disco, titulado “Autoamerican”, donde estaban incluidos “Rapture”, un ganchero y vanguardista tributo a la disco music, y una versión reggae de un viejo tema conocido a través de The Paragons en la década del sesenta: “The Tide Is High”.

Para los jóvenes cordobeses de aquel entonces, que encontraban en la tele un escape a la durísima realidad de una Argentina sojuzgada por la feroz represión de la dictadura, los videos y las actuaciones de Blondie que se sucedían en pantalla cada vez que había que “aguardar conexión”, eran una ventana a la escena musical neoyorquina del momento, tan distante y seductora para quien la avistaba desde el cono sur. Hace 40 años, en una sociedad que si hubiese vislumbrado este futuro lo hubiese considerado como perteneciente a una civilización de otro planeta, conectarse llevaba tiempo. Algo impensable en la vida actual.