Trumpistas somos todos

El escándalo del intento de golpe en Estados Unidos deja a la vista las similitudes de su atípico comportamiento con las regularidades de nuestra clase dirigente.

Por Javier Boher
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¡Buen día, amigo lector! Qué maravilla este año que empieza. Debo colgarme la medalla de haberle dicho que no espere mucho de este 2021, porque va a tener que pasar bastante tiempo para que se vayan los efectos del 2020. Es como emborracharse con fernet: se te puede ir la resaca, pero el revoltijo en las tripas se toma su tiempo para abandonarte.

Pasaron seis días, todos contentos esperando a los reyes (que este año vinieron a ser condes o marqueses, porque los regalos fueron más humildes que ropero de mormón) y el regalito fue que un puado de loquitos quiso tomar el Congreso de Estados Unidos.

A la chica de las transparencias en el noticiero la liquidiaron porque dijo que LAMENTABLEMENTE había pasado esto en el país del norte. Y sí, hermano, ¿cómo querés que diga, si es una anomalía en el principal faro democrático del mundo? Perdón por no celebrar la violencia y el barrabravismo, pero algunos no nos sentimos muy cómodos cuando se vulneran las bases y sedes de la democracia.

Ojo, que no estoy haciendo apología de los norteamericanos, pero hay que tener la cara más dura que milanesa de soja al horno para regodearse con esta catástrofe mientras se aplaude al bigotudo venezolano o a los barbudos cubanos.

Ya sabemos que a nuestro progresismo le encanta la geología y por eso fueron a llevar 14 toneladas de piedra al congreso para que los diputados saquen una ley de fomento a la actividad, no porque trataron de voltear el funcionamiento democrático del país del mismo modo que hicieron los fanáticos de Donaldo.

Es al gas: siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

Libertad de expresión

Hubo una cosa muy loca con todo esto, estimado. Los trumpistas argentinos estuvieron insoportables. ¿No les alcanza con que nos gobierne el peronismo, que se lo quieren exportar a los yanquis? Si eso quieren los que admiran al país del norte, no me quiero imaginar lo que querrán los que lo odian. Capaz celebrarían a uno con perfil tipo Filmus o Donda.

En todas esas idas y venidas, el tema del bloqueo de todas las cuentas en redes sociales que tiene el Peluca fue la gota que rebalsó el vaso. Todos los jóvenes viborita de twitter pusieron el grito en el cielo porque una empresa privada decidió aplicar sus propios términos y condiciones para expulsar al desaforado este.

O’Higgins, que esto también tiene que ver con que los demócratas van a controlar las dos cámaras del congreso y la presidencia. Ninguno quiere quedar mal para que le dividan el negocio, obviamente. Algo parecido a lo que hicieron en estas latitudes los empresarios después de las PASO.

¿Le soy sincero? No me gusta que lo censuren, aunque sea un tarado que alienta a racistas, xenófobos, antisemitas, islamófobos y demás yerbas. Deberían usarlo para deschavar a los violentos y meterlos en cana, como corresponde. Por más que se prohíban los símbolos nazis, los nazis existen: si se los calla públicamente hablan en privado, y eso es mucho más dañino.

Por eso pienso en el quilombazo en el que se meterían las redes en Argentina si decidieran cerrar las cuentas de los políticos que mienten, desinforman o agitan el odio. No quedaría ninguno y la cosa tendría menos onda que el chat de whatsapp de la familia Flanders. Nuestro promedio está mucho más allá que lo tolerable en los países que funcionan, estimado.

Trumpistas somos todos

Le digo la verdad, amigo lector. Todo lo que pasa en yanquilandia es más deprimente que fin de mes. Ahora, el debate que se le da acá es infinitamente peor, porque nadie se da cuenta: nosotros vivimos en lo que para ellos es una crisis excepcional. Mientras los trumpistas locales votaron opciones de derecha, las formas del de gorra roja dicen que son iguales a nuestra supuesta izquierda.

¡Si hasta dijo que va a hacer lo mismo que el faro de autoritarismo y resentimiento que mora en Recoleta y no va a ir a la ceremonia de cambio de mando! Algunos malos dicen que se va a ir del país, porque allá las cosas funcionan y si te la mandás te meten preso. Acá no. Capaz nos visita, como tantos otros autoritarios de poca monta.

¿Sabe por qué pasa eso de que unos celebran a Trump y otros celebran sus formas sin darse cuenta? Voy a usar una paráfrasis que usted va a saber entender más rápido que inmediato. Acá hay macristas, kirchneristas, socialistas, troskos, libertarios. ¿Y trumpistas? Trumpistas somos todos (agárrese que los literales no van a entender la intertextualidad).

Tenga buena semana.