Desconcentración operativa, ¿el costo del regreso de Daniele?

Con la llegada de Viola a la Secretaría de Participación Llaryora da un nuevo impulso a la desconcentración operativa, inaugurando obradores en los CPC y dotando a sus directores del equipamiento y la mano de obra necesaria para operarlo. Duro golpe al poder de las Áreas Operativas. ¿Habrá resistencia?

Por Felipe Osman

A menos de seis meses de la salida de Guillermo Marianacci y tras la designación de un nuevo titular para la Secretaría de Participación Ciudadana Martín Llaryora está listo para dar un nuevo espaldarazo a la desconcentración operativa del municipio, paso previo ineludible para avanzar en pos de una verdadera profundización de la descentralización iniciada décadas atrás por Rubén Américo Martí. La pregunta más aparente entonces es, ¿por qué tomó tanto tiempo?
La repuesta que a lo largo de los años han admitido -en estricto off the record- tanto desde el Palacio 6 de Julio como desde el sindicato ha sido siempre la misma: la resistencia del Suoem, y especialmente de las Áreas Operativas, a ver licuado su poder de fuego por verse desmembradas y desterradas de “El Alto”, el predio de barrio Observatorio que nuclea al grueso de ellas.
Ahora, al menos en apariencia, el intendente luce seguro de haber vencido esa resistencia, y apuesta una fuerte inversión (350 millones de pesos) en equipamiento para enderezar el rumbo hacia el inicio de dicha desconcentración.
El plan, harto conocido, es (casi) el mismo de siempre. Lo novedoso es la determinación política de llevarlo adelante. En resumidas cuentas consiste en dotar a cada Centro de Participación Comunal de un obrador en el que se almacenarán herramientas y equipamiento de distinta índole, llegando a ser hasta camiones, grúas y palas mecánicas, para realizar tareas de bacheo, reposición de luminarias, erradicación de micro basurales, limpieza y puesta en valor de espacios verdes y un largo etcétera. Antes de que termine febrero, al menos cinco de esas bases estarían inauguradas.
El hecho de que cada obrador se emplazado en las inmediaciones de un CPC y cuente con mano de obra a su disposición para llevar adelante sus tareas tiene diversos efectos, uno de los cuales será agilizar significativamente la respuesta que cada CPC pueda ofrecer a las demandas de sus vecinos.
Por otro lado, el control de las autoridades del municipio sobre el proceder de quienes realicen estas tareas será mucho más directo. Será mucho más difícil que los recursos puestos a disposición para llevar adelante determinada labor terminen perdiéndose en el camino o que los propios encargados de solucionar un problema sean los primeros interesados en ocasionarlo para generar la necesidad de contratar horas extra.
Pero quizá el principal de los efectos sea el duro golpe que la desconcentración implica para las Áreas Operativas, núcleo del poder del Suoem, cuyos delegados no tendrán ahora el control de un cúmulo de reparticiones concentradas en un único punto geográfico, sino que deberán vérselas en figurillas para manejar a placer cuadrillas dispersas en trece bases emplazadas en distintos lugares de la ciudad.
Quienes dentro y fuera de la gestión observan la iniciativa retomada por el Ejecutivo coinciden indefectiblemente en un punto: ninguna administración se embarcaría en semejante proyecto sin pactar antes con el Suoem o, al menos, con una parte del Suoem. No sería posible -aseguran- llevar la empresa a buen puerto de otro modo.
Si se repasa el devenir de los acontecimientos de desde la llegada de Hacemos por Córdoba a la Municipalidad hasta ahora se puede observar, en términos muy resumidos, la siguiente secuencia:
En los primeros meses, una cierta pasividad de la gestión hacia el gremio.
Luego un conflicto leve que se abrió en abril del 2020 y se profundizó vertiginosamente en mayo, con la sanción del recorte de la jornada municipal y una seguidilla de resoluciones de la Secretaría General que golpearon al sindicato por debajo de su línea de flotación.
Después, a principios de julio, cuando el Suoem llevaba todas la de perder, una mesa de diálogo a la que sorpresivamente se citó a Rubén Daniele y se le ofrecieron los términos de una tregua que, en sus propias palabras, resultaron “mejor de lo que esperaba”.
A fines de noviembre un acuerdo paritario que incluyó una compensación económica para los municipales que vieron reducida su jornada, sin contraprestación alguna, y declaraciones de distintas autoridades municipales asegurando que no hay impedimentos para que Rubén Daniele regrese a la titularidad del sindicato.
Finalmente, el anuncio de un nuevo impulso a la desconcentración de las Áreas Operativas junto a la reiterada denuncia de algunos de sus integrantes de que el gremio “disciplina”, en aparente sintonía con el Ejecutivo, a los delegados que se levantan contra la conducción.
Quienes unen esos puntos concluyen, sin demasiado esfuerzo, que las Áreas Operativas terminarán siendo la variable de ajuste de un acuerdo sellado por Daniele para regresar a la Secretaría General del sindicato.
La incógnita que queda por despejar es, ¿con qué mano de obra se llevará adelante la desconcentración operativa?, ¿empleados municipales?, ¿monotributistas?, ¿servidores urbanos?…