Tan distintas, tan parecidas

Dos estrellas pop que comparten la misma camada generacional, publicaron el año pasado discos contrapuestos: en julio y en diciembre, Taylor Swift subió a las plataformas sus álbumes “Folklore” y “Evermore”, en tanto que Miley Cyrus dio a conocer “Plastic Hearts” en noviembre.

Por J.C. Maraddón

Dos de las estrellas femeninas de la música pop que mayor predicamento tienen por estos días entre las nuevas generaciones publicaron nuevos discos en la segunda mitad de 2020, a contramano de las recomendaciones de los gurúes del marketing que aconsejaban posponer los lanzamientos hasta después de la pandemia. Pero tampoco se podía frenar una maquinaria productiva que exige a los artistas refrescar su discografía periódicamente, por lo que en julio del año pasado Taylor Swift subió a las plataformas de streaming su álbum “Folklore” y repitió el gesto con “Evermore” en diciembre, en tanto que Miley Cyrus dio a conocer el suyo, “Plastic Hearts”, el pasado 27 de noviembre.

Son muchas las coincidencias entre estas dos rubias cantantes que comparten la camada generacional y que han sostenido en paralelo dos carreras fulgurantes, además de desatar fenómenos de idolatría bastante similares en la generación que hoy ronda entre los 18 y los 25 años. En la década pasada, ambas acertaron con producciones de estudio que presidieron los rankings de ventas y cuyos videoclips fueron consumidos con avidez por sus fans. Y con estas novedades presentadas en 2020, las dos apuntan a ingresar en la madurez artística con sólidas pretensiones de colarse entre las máximas exponentes de la música del nuevo milenio.

Las iguala, entre otras cosas, un origen estilístico en común, que proviene del género country, donde ellas se iniciaron más por mandato familiar y/o geográfico que por otra cosa. Hija de un astro de ese estilo estadounidense como Billy Ray Cyrus, Miley saltó a la fama siendo una adolescente a través de la serie “Hannah Montana”, en la que compartía cartel con su padre. Y cuando tenía apenas 14 años, Taylor Swift se mudó a Nashville, una de las capitales del country, donde inició una trayectoria que muy tempranamente la consagró como una referente indiscutida de ese estilo.

Pero tanto una como la otra, en determinado momento, entendieron que debían ampliar el horizonte y explorar otras corrientes menos ortodoxas, como el pop y el rock, para captar así la atención de chicos y chicas con otros intereses, y para alcanzar la popularidad mundial a la que su talento podía darles acceso. Las dos sortearon con éxito ese salto que para otros resultó traumático. Y de esa manera pudieron conquistar el corazón de millones de adolescentes en todo el planeta, que hasta el día de hoy les profesan una adoración y una fidelidad que parece no tener límites.

Sin embargo, con sólo escuchar “Folklore”/”Evermore” y “Plastic Hearts” se puede advertir que han arribado a un punto en que sus diferencias son mucho más notorias que sus convergencias. Mientras Taylor Swift ha preferido refugiarse en composiciones más íntimas y coquetear con la escena indie, Miley Cyurus ha elegido exponer su veta más rockera, mediante un repertorio que remite a la fiereza del rocanrol de las setenta y que, sin demasiadas vueltas, rinde tributo a Joan Jett y a las Runaways, un girl band que brilló en esa década y que ha sido reivindicada en estos últimos años por la vanguardia feminista.

A la vez que Taylor ofrece un perfil de altísima corrección política y potencia su imagen de cantautora apta para todo público, Miley insiste en desnudar sus derrapes sin ningún tipo de vergüenza y se carga de un empoderamiento desafiante cada vez que sube a un escenario. Sin duda, cada una representa ahora un prototipo distinto de líder femenina, que ofrece a sus seguidoras opciones bien diferenciadas con las cuales identificarse. En lo profundo, por supuesto, confluyen en haberse encumbrado como figuras justo en esta época en que ellas ocupan un rol central dentro de una industria cultural que busca estar a la altura de las circunstancias.