El gabinete municipal se reconfigura con Viola

La llegada del flamante secretario de Participación Ciudadana promete acarrear nuevos cambios. Habría modificaciones en las estructuras de mando de los CPC y la Dirección de Asuntos Vecinales saldría de Políticas Sociales para integrarse a la cartera de Viola. Delasotistas y viguistas, expectantes.

Por Felipe Osman

Ajeno a la inercia característica de los fines de año, Martín Llaryora cerró el 2020 con la mirada ya puesta en el 2021, y en algunos reajustes a sus equipos de gobierno y a las estructuras orgánicas del municipio que modificarán el equilibrio que definió sobre el inicio de su gestión, que se vería luego -en cierto grado- alterado por la unificación provisoria de las secretarías de Políticas Sociales y Participación Ciudadana.
Dichas carteras, junto a la de Gobierno, son sin lugar a dudas las más gravitantes en términos políticos, ya que cada una presenta características que las convierten en importantes herramientas de construcción política y territorial.
De allí la relevancia de la variante definida por el intendente la semana pasada, restituyendo la Secretaría de Participación Ciudadana -que había quedado bajo el mando de Políticas Sociales tras la renuncia de Guillermo Marianacci a mediados de agosto-, y llevando a ese lugar a Juan Domingo Viola, quien hasta entonces condujo el bloque oficialista en el Concejo Deliberante.
Dicho movimiento, además de llevar al centro del tablero a un nuevo secretario capaz de reclamar para sí parte del poder hoy concentrado mayoritariamente en las secretarías de Gobierno y Políticas Sociales, abre la posibilidad de otros cambios menores que llegarían en los próximos meses.
Uno de ellos, quizá el más obvio, es la perspectiva de que la asunción de Viola al frente de Participación Ciudadana vendría acompañada de algunos cambios en las estructuras de mando de los Centros de Participación Comunal.
Durante el primer año de la gestión peronista al frente del Palacio 6 de Julio mucho se ha hablado del rol que se pretendía de los CPC y de la distancia entre esas expectativas y la realidad, habitualmente justificada por la emergencia.
Lo cierto es que en la teorización que el peronismo hacía de su gestión esperaba una gran proactividad de los directores y subdirectores de CPC, a los que imaginaba como actores políticos de cierto protagonismo que manejaran sus propias agendas y generaran actividades e iniciativas propias.
En muchos casos esa expectativa no fue satisfecha, y ya durante el 2020 se dijo, en repetidas oportunidades, que las estructuras de mando de cada CPC serían evaluadas en base, por ejemplo, a la eficiencia con la que se organizaran los operativos de testeo, o a la agilidad con que se coordinaran la desinfección de los barrios durante los albores de la pandemia.
Es probable que esas evaluaciones ya hayan arrojado resultados, y eso sumando al cambio en la conducción de la secretaría genera no sólo expectativa entre los titulares de cada CPC, sino también entre las filas del viguismo y el delasotismo, que esperan que los cambios que existan vayan, sino en su favor, no en su contra.
El delasotismo estaría, además, particularmente aludido. Otro de los cambios que se estudian a partir del restablecimiento de la Secretaría de Participación Ciudadana es el destino que se dará a la Dirección de Centros Vecinales, actualmente capitaneada por Adrián Brito.
Desde la llegada de Hacemos por Córdoba a la ciudad la Dirección se Centros Vecinales quedó bajo la órbita de Política Sociales, aunque por la naturaleza de las funciones a su cargo la lógica indica que debería estar bajo el mando de Participación ciudadana. De hecho, por estos días ese re-encuadramiento estaría bajo análisis.
La importancia de la oficina no es menor. La Dirección de Centros Vecinales tiene, como funciones principales, controlar el funcionamiento de los centros vecinales y la legalidad de los procesos electorales en los que se define la conducción de cada uno de ellos. De dicha certificación depende que cada centro vecinal pueda (o no) tener incidencia en la ejecución del Presupuesto Participativo y el Régimen de Autogestión.
Además, y en el plano exclusivo de la gestión, los centros vecinales funcionan como el primer “fusible” del sistema. Es el primer lugar donde los vecinos presentan cualquier reclamo. Y si cada centro vecinal tuviera una buena relación con el CPC de su zona se podrían distender muchas de las tensiones que surgen entre los vecinos y las autoridades municipales.
En resumen, el control de dicha dirección es importante, y actualmente está en manos del delasotismo. Si hubiera algún movimiento es de esperarse que, o se busque retener el puesto, o se busque una “compensación” en las estructuras de mando de los CPC.