El año del coronabicho

Se termina otro año, que no fue un año más. A dos años de recesión con inflación le agregamos una pandemia. No se preocupe, que el que viene puede ser peor.

Por Javier Boher
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¡Sorpresa, amigo lector! Hoy le caigo de imprevisto, más o menos como llegó el virus al país. De bien que estábamos ¡ZAS! un chino se morfó un Batman y ahora todos andamos con tapabocas con 38° de calor a la sombra. Por cosas como esas vale la pena repasar el intensísimo año que nos ha tocado vivir.

ENERO. Año nuevo, gobierno nuevo. Alberto era El Profe, un recién llegado a la Rosada con chapa de docente universitario. Algunos empiezan a fantasear con la intervención de Vicentín, a pesar de que el ministro de agricultura parece un hippie que cultiva amaranto en un baldío usurpado. La CGT propone controlar precios con sus militantes y Arroyo larga la tarjeta Alimentar. Debatimos la violencia rugbier y los chanchos voladores.

FEBRERO. Se ajustan las jubilaciones, porque hay que ser so-li-da-rios. Por esos mismos días, los docentes dicen que ganan bien y que no hace falta aumentar tanto. ¿Cláusula gatillo? Para qué, si acá nunca hay inflación.

Ginebrarcía dice que el virus ese que arrancó en China no va a llegar. Te mandan de todo a pesar del cepo y las restricciones, mirá si no te van a mandar un bicho. Confiamos que una declaración jurada lo iba a parar, además de que acá hacía calor. Gobierno de científicos: el virus se combate tomando té y la cintita roja ayuda contra la envidia.

MARZO. Llega el coronavirus y nos preocupamos por el tío del marido de Pampita. Nace el albertismo. Decreta la cuarentena y todos corren a encerrarse en sus casas porque el tata Alberto nos cuida. Se suspenden las clases por quince días. Algunos confían en que el interferón cubano nos va a curar. Todos se indignan con el surfer.

Se espera el pico para abril.

ABRIL. Arranca el mes y mandan a los jubilados a hacer cola para cobrar, como si no fuesen personas de riesgo. Aparecen los primeros indicios de fascismo en sangre: el Morales jujeño quiere salir a marcar casas. Todos se horrorizan, pero después vienen cosas peores.

Frederic tiene cibervigilantes y desde Salud recomiendan el cibersexo. Sospechamos de cibervoyeuristas. Sueltan presos y quieren meter presa a una viejita que salió a tomar sol. El mismo Arroyo de la tarjeta Alimentar compra con sobreprecios.

Se espera el pico para mayo.

MAYO. La diputada Vallejos propone quedarse con parte de las empresas asistidas porque el Estado no los deja abrir. Se discute porque Ramón Carrillo, figura elegida para el billete de $5000, era filonazi. Se imprimen los billetes, pero no circulan: así no se nota la inflación. Se acumulan los casos de violencia policial, pero las orgas de DDHH militan a la OMS.

Se espera el pico para junio.

JUNIO. Donda recomienda decir “no blanco” en lugar de “negro”: Córdoba se queda sin uno de sus principales apodos. Recrudece el tema de los ataques a los silobolsas, como el que se dispara en el pie. Deslizan que se podrían suspender las PASO 2021.

Escándalo por un trapo de colores que reemplaza a otro trapo con colores: van todos a hacer puchero al parque. Empiezan las usurpaciones. El peronismo se tira “con de todo”.

Se espera el pico para julio.

JULIO. Con todo cerrado, el Chino Ishii se pone un delivery de falopa con las ambulancias municipales: Estado presente. Alberto dice que no cree en los planes y ya empezamos a dudar de que sea el gran estadista que nos cuida desde marzo.

Se espera que nos dejen festejar el día del amigo.

AGOSTO. Ya fue culpa del surfer, de los runners y ahora de los ciclistas, a los que los munipas de Malagueño (¡Malagueño!) les retienen las bicis. Por el día del niño/niñe/niña/ñoño la payasa Filomena nos cuenta cuántos abuelitos se murieron. El Zabeca de Banfield dice que puede haber un golpe de Estado.

Se espera poder festejar la primavera.

SEPTIEMBRE. Estamos más tranquilos: a Alberto la carta natal le salió diez puntos. El Estado pone trabas a la importación de libros y aprueba la ley de cupo para travas en el Estado. En Diputados Guzmán promete sarasa y un diputado casi deglute una tetaza.

Se espera que el próximo mes se pueda festejar el día de la madre.

OCTUBRE. Cristina publica una carta: muere el albertismo. El cepo al dólar se endurece a niveles rockstar de los ‘80. Hay incendios en las sierras y mapuches tomando terrenos en el sur. El Estado quiere competir contra Mercado Libre. Sorpresa: arman un tongo con un empresario amigo. Proponen un observatorio de redes sociales, que no ve contradicciones en la Cancillería de Schrödinger: condena y no condena las violaciones de DDHH en Venezuela. No vuelven las clases pero los jardincitos pueden vender productos de limpieza.

Ya no se espera el pico y termina llegando.

NOVIEMBRE. Se empieza a hablar de la vacuna. Una diputada quiere un Observatorio menstrual: nadie quiere ver. Grabois delira reforma agraria por un problema familiar de un exministro. Sólo plantan perejil. Muere Maradona: obligatorio decir que lloraste.

Se espera poder juntarse en navidad.

DICIEMBRE. El Puchas quiere recuperar la iniciativa y manda a tratar el aborto. Los mismos que no querían aprobar el ibuprofeno inhalado le meten épica con aerolíneas para ir a buscar una vacuna no aprobada a Rusia. Terminan las clases que nunca volvieron a las aulas. Hay sequía y baja superficie sembrada. Se termina un año intenso, polarizado y complejo. Se espera que 2021 sea igual -o peor- a 2020.

Ahora no llore. ¡Feliz año nuevo!.