Marca personal de Schiaretti al gabinete llamosista

Por Gabriel Marclé

Días complejos los que atraviesa la Municipalidad de Río Cuarto, desde donde no se proyecta una imagen de orden y unidad. La incapacidad de apagar los fuegos antes que se expandan, elevaron la alarma de quienes invirtieron fuerte en la continuidad del proyecto peronista en Río Cuarto. Las pequeñas crisis incomodaron a los que confiaron en Juan Manuel Llamosas.

Todo empeoró en los últimos días, con hechos que marcaron un antes y un después en la relación de la capital alterna con “El Panal”, desde donde Juan Schiaretti evalúa y controla cada movimiento. El gobernador no quiere que Río Cuarto se le vaya de las manos. Por eso decidió tomar las riendas de varias decisiones políticas que sucedieron tras el exabrupto comunicacional e institucional que motivó la renuncia de Leticia Paulizzi a unas pocas semanas de haber asumido.

Los emisarios schiarettistas le rogaban a Llamosas que actúe rápido, antes que la bomba explote, como finalmente ocurrió. En vísperas de Navidad, la Municipalidad no tenía lugar para festejos y relax. Por el contrario, el aire se puso espeso y las reuniones mantenían una tensión que iba in crescendo. El intendente recibió Nochebuena entre retos y desafíos que definirán el porvenir de su renovado proyecto a poco tiempo de lograr la reelección.

Entre los enviados por el gobernador se encontraba Carlos Gutiérrez. El diputado nacional se reunió a puertas cerradas con Llamosas y otros funcionarios para poner en marcha un plan de contención que les permitiera salir del caos. Primero se barajó la posibilidad de manejar la salida de Paulizzi lo más decorosamente posible, pero las filtraciones a la prensa y el inocultable enfado de la funcionaria provocaron un combo explosivo que se hizo público antes que los equipos de comunicación pudieran ocuparse del asunto.

Y allí, el incendió se expandió hasta Córdoba, como siguiendo un camino de combustible que se inició cuando Leticia Paulizzi metió a Río Cuarto y al COE provincial en un embrollo imposible de evitar. La mano dura de Schiaretti con los eventos en boliches llegó como respuesta directa, a sabiendas del efecto colateral que esto traería. Justo cuando se avanzaba en buenos términos con el sector, la exposición del exabrupto volvió a empeorar la relación entre el Estado y los empresarios.

El bombero

Si algo le faltaba al gobernador para convencerse de meter a uno de los suyos en el gabinete municipal, era esto. A priori, no quería ser tan evidente a la hora de intervenir el equipo de Llamosas, pero nadie esperaba un escenario de crisis institucional a tan solo quince días de haber asumido la nueva gestión. Los desplantes habrían generado que el intendente riocuartense perdiera la pizca de autonomía que le quedaba y se pusiera a la merced del Schiaretti líder.

Ya había ocurrido en agosto, durante la peor parte de la crisis por Coronavirus. Mientras la Provincia advertía sobre el comienzo de la etapa más crítica de contagios, Río Cuarto miraba la realidad desde una campana de cristal. Llamosas y sus asesores se negaban a discutir la vuelta a Fase 1, por lo que Schiaretti decidió mandar a su hombre de confianza para dar vuelta la situación. El “cazador de virus” Diego Almada fue puesto por el gobernador para que se haga cargo del COE Regional y a los pocos días Río Cuarto ya estaba en fase de aislamiento obligatorio. De no ser por esa decisión, la crisis de contagios podría haber sido peor.

Cada vez que tuvo que hacerlo, el gobernador intervino. Es por eso que la sucesión de hechos que llevaron al lío con el COE amerita un análisis específico para el tiempo que vive la política provincial. Según lo que cuentan los más cercanos al Gobierno provincial, no hay peor momento que este para iniciar un conflicto.

Desde “El Panal” admiten que este tipo de hechos puede generar cierto debilitamiento, factor negativo para un proyecto que apunta a las legislativas del 2021 y la continuidad del cordobesismo que se viene. Aunque todavía se desconocen cuáles serán los cambios fuertes que propondrá Schiaretti para estabilizar el proyecto de Llamosas, parece que se acortará el trecho entre el Palacio de Mojica y el Centro Cívico de la capital alterna, casa de los hombres elegidos por el gobernador.

Dependencia

“Somos schiarettistas. Acompañamos al proyecto de Juan Manuel Llamosas, pero no integramos el llamado llamosismo”, explicaba uno de los representantes locales del oficialismo provincial. Si bien la militancia que se forma detrás del intendente continúa gestando una línea partidaria propia, terminan cediendo ante el ruedo y la masividad de los espacios que encuentran en el gobernador una estructura más sólida.

Pero lo que más influye es la aceptación de ese vinculo dependiente, en el que cualquier espacio municipal termina regido por lo que dicten desde el estamento provincial. Por esto llamó la atención que durante la salida de Paulizzi algunos integrantes del equipo de Llamosas operaran sin consultar. El “cortarse solo” termina siendo un pecado cuando la Nación está al acecho.

Dentro de lo negativo, el schiarettismo observa como positivo que estos eventos terminando echando luz a la situación. Para ellos, la Municipalidad terminará comprendiendo que depende casi exclusivamente de lo que definan desde Córdoba, por más que Alberto Fernández y sus secuaces hayan querido plantar bandera en Río Cuarto.

En tiempos donde lo que mueve la gestión no son las ideas sino la chequera, el Gobierno municipal comienza a ver que no puede depender de la Nación, que cuando las papas queman no será el presidente el que vendrá a salvarlos. Según sugieren algunos integrantes del oficialismo provincial, puede que esta prueba termine con Llamosas aprendiendo una lección valiosa. Mientras tanto, habrá que limpiar el desorden que deja el convulsionado fin de año.