El chavismo argentino ya tiene a su Von Wernich

Las absurdas justificaciones que el padre Francisco “Paco” Oliveira esbozó para pedir la libertad de los políticos presos no tiene nada que envidiar a la lógica con la que Von Wernich apoyó al Proceso.

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Christian Von Wernich es un cura argentino condenado por haber cometido crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura. Valiéndose del aura especial que le otorgaba su condición sacerdotal, manipulaba a detenidos del Proceso de Reorganización Nacional. A su modo, justificó y otorgó perdón a los que ejecutaban ilegalmente, legitimando su accionar ante los ojos de dios.
La jerarquía católica está llena de personajes similares, en los que el sentido del deber divino se mezcla con un misticismo de la política terrenal que los convierte en un nexo de tranquilidad espiritual para muchos que abrevan en las mismas doctrinas ideológicas.
El chavismo argentino -ese al que hay que llamar con eufemismos para no ofender a los defensores de dictaduras autodenominadas socialistas- parece haber encontrado al gerente local para la multinacional populista que comanda el Papa Francisco. Profundizando la línea definida por la máxima autoridad de una iglesia que no ha condenado a las tiranías latinoamericanas, el padre Francisco “Paco” Oliveira ha decidido dar sostén espiritual a un kirchnerismo que se radicaliza.
El cura ha sido uno de los principales armadores de la marcha de ayer en la que se pidió por una navidad sin presos políticos, la forma disléxica de referirse a los políticos presos y condenados por hechos de corrupción. Como todo hombre de Fe, se resiste a las pruebas por las cuales el próximo 24 de diciembre algunos exfuncionarios y adherentes al kirchnerismo deberán brindar con sidra caliente y pan dulce seco.
Desde su fantástico mundo de interpretaciones paralelas e imaginarios mártires de las luchas populares, el curita ha emprendido una campaña para que Amado Boudou -que a lo largo del periplo que culminó hace unos días fue considerado culpable por 15 jueces distintos- no deba permanecer más tiempo tras los barrotes. Más difícil que probar la existencia de algún dios.
Sin embargo, y pese a lo difícil de su empresa, el párroco tiene un plan infalible: un indulto presidencial. Claro que eso implicaría aceptar la condena y reconocer la culpabilidad, pero es un detalle menor si se trata de la posibilidad de poder volver a salir en Harley-Davidson rumbo a la costa para visitar su médano.
Lejos de aflojar en su visión maniquea de la historia -ubicándose del lado que identifica con los buenos, bajo la misma lógica que Von Wernich usaba para elegir a los procesistas- se suma a la narrativa oficialista del lawfare, una forma un tanto rebuscada de decir que no le gustan la forma de fallar de los jueces, más que el mecanismo. “Contra nosotros, no”.
En ese relato exagerado de guerra santa populista, el cura propone ir contra la Corte Suprema de Justicia de la Nación, a la que han estado buscando más que a la foto que alguna vez se sacaron con Maradona para subirse a la ola de la tradicional beatificación post mortem que le toca a los ídolos populares.
En su mente, la Corte debe ser sometida a Juicio Político, por cuanto no está a la altura de lo que necesita el país. Como buenos contreras de la felicidad del pueblo, los cortesanos tiran contra el kirchnerismo. Es notable que de los cinco miembros dos fueron nombrados por el kirchnerismo, otro fue ministro de justicia de Néstor, otro es un peronista nombrado por Duhalde y sólo uno el nombrado por Macri.
Aunque el 60% de los cortesanos tiene clarísimos vínculos con el kirchnerismo, para un avezado analista de la política judicial como el Padre Paco la corte es antikirchnerista. No es inconsistente para alguien que se gana la vida defendiendo a un libro -y a la jerarquía que lo guarda- que nos habla de un dios que ha matado más gente que el diablo.
Allá en los ‘70, en plena vorágine antidemocrática, Von Wernich estaba convencido de que estaba del lado de la civilización occidental y cristiana. De ese modo tan macabro creía estar ganándose un lugar en el cielo, ayudando a los opresores a alcanzar su cometido.
Más de 40 años después parece que todavía hay gente dispuesta a justificar cualquier cosa por sus simpatías políticas. Quizás los discursos puntuales hayan cambiado en todo ese tiempo, pero los mecanismos de justificación de la cruzada ideológica contra los que militan el lado “del mal” permanecen inalterados. Así, si el chavismo vernáculo ganara la pulseada, no necesitaría seguir buscando: al Padre Paco le cabe la sotana de Von Wernich.