Inseguridad, primer escollo del nuevo mandato

El primer fin de semana de la renovada gestión llamosista se enfrentó a hechos de violencia que alentaron algunos cuestionamientos. La Provincia mandó apoyo, pero la oposición aprovecho para volver a dar pelea con la seguridad como tema central.

Por Gabriel Marclé

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Luis Oberti y Leticia Paulizzi

Movido primer fin de semana para la renovada gestión municipal en Río Cuarto. El segundo ciclo se topó de frente contra uno de los tópicos preponderantes de la agenda ciudadana, aunque no esperaban que su llegada se produjera tan pronto. Un enfrentamiento entre jóvenes durante una fiesta clandestina en las costas del río terminó como el viral del fin de semana, con imágenes que exhibían un enfrentamiento con armas de fuego y un nivel de violencia alarmante. Rápidamente, los comentarios de la población se materializaron en críticas teledirigidas hacia las autoridades provinciales y municipales por su ausencia en la prevención de estos hechos.

La inseguridad y los hechos de violencia siempre fueron una constante en el orden de preocupaciones, pero lo ocurrido en los últimos días exacerbó el grado de importancia y su influencia en el buen humor de las autoridades. No había como escaparles a los reclamos, al menos así lo vivieron puertas adentro de la Municipalidad. La realidad no le dio ni tiempo de acomodarse a la gestión que asumió la semana pasada y terminó dándole un cachetazo de realidad que anunciaba: “Nada va a ser fácil”.

Las imágenes que llegaron a cada celular y red social de los riocuartenses resultaban bastante elocuentes, revelando una realidad advertida desde hace tiempo y que no habían tenido una respuesta activa por parte de las autoridades. Más de cien jóvenes reunidos durante la madrugada en las costas del río Cuarto, lejos de las zonas más urbanas, entre música fuerte, tragos, drogas y armas. El coctel terminó por explotar en una serie de corridas, entre disparos y puñaladas. Uno de los involucrados terminó muy herido, arrojado directamente en el río.

Así de gráfico era el panorama que produjo todo tipo de reacciones en la vecindad, con comentarios que apuntaban a las deficiencias en la política de seguridad y la falta de control en los eventos clandestinos que se producen mientras la ciudad -y el país- permanecen en medio de una cuarentena. También captó la atención del Gobierno de Córdoba, desde donde comenzaron a delinear acciones conjuntas con la Justicia y la Municipalidad de Río Cuarto.

Para la Provincia, no era momento de dejar solo al renovado Ejecutivo riocuartense. EL Ministerio de Seguridad cordobés se puso a disposición de Julian Oberti, el ponderado funcionario que tuvo un bautismo de funciones más que particular. Así de rápida comenzó también la gestión del Ente de Prevención Ciudadana, a cargo de Leticia Paulizzi. Inesperadamente y a menos de 48 horas de asumir, el equipo de Juan Manuel Llamosas se encontraba enfrentando el primer escollo de su segundo mandato, alertado por la población y movilizado por las críticas de la nueva oposición, que comenzó a mostrar los dientes.

 

Cruce político

Como era de esperar, el carácter público que tomó el violento hecho del río generó gran repercusión, también en la escena política local. La reconfiguración del tablero después de las elecciones del 29-11 no había dado oportunidad a que se reinstalara el cruce de opiniones entre oficialismo y oposición, pero los incidentes del sábado sirvieron de estimulante.

La seguridad y los hechos de violencia fueron uno de los temas principales durante el debate de campaña, un elemento que fue utilizado principalmente por los espacios opositores para achacarle falencias al llamosismo. El entonces candidato de Juntos por Río Cuarto, Gabriel Abrile, dedicó gran parte de su plataforma a las propuestas vinculadas con el tema seguridad. Ese antecedente inmediato permitió que el principal espacio opositor volviera a la carga.

“Lo sucedido hoy en horas de la mañana nos llena de preocupación. El Estado debe estar para ordenar y adelantarse y no para rendirse frente a los acontecimientos. Nunca ingresamos a una cuarentena inteligente y eso lo estamos pagando caro”, publicó en Twitter Gonzalo Parodi, flamante presidente del bloque de la primera minoría en el legislativo. El exponente radical señaló que las fallas se debían a fallas en la política de control, remitiéndose a la forma de controlar eventos clandestinos que se produjeron durante la pandemia.

“Necesitamos un plan serio y efectivo. Necesitamos de un estado presente en los hechos y no en lo solo en los dichos”, agregó el edil con frases más propias de la superada campaña electoral. Se espera que, en el reinicio de la actividad legislativa, el bloque de Juntos por Río Cuarto ponga la temática de inseguridad como uno de los ejes principales de la agenda en el Concejo Deliberante.

Atiborrados por las decisiones a tomar y el ritmo vertiginoso de los hechos, el oficialismo no tuvo mucho tiempo para salir a responder el cruce dialéctico planteado por quienes serán oposición por los próximos años. Sin embargo, algunos integrantes del oficialismo se tomaron un tiempo para responder al embate de JxC: “Estamos trabajando para ocuparnos del tema, no para seguir hablando”.

 

Accionar necesario

Según el análisis de las autoridades municipales, convocatorias como la del fin de semana exhiben cierta destreza por parte de los jóvenes que escapan a los controles. Sin embargo, esto no es lo que relatan los vecinos del sector. “Todos los fines de semana, incluso de lunes de a viernes, se juntan en el mismo lado. Los móviles pasan hasta una hora determinada y después se convierte como en una zona liberada”, contaba uno de ellos.

Tanto la Municipalidad como el Centro Cívico han calificado al acontecimiento como parte de un “hecho aislado”, pero pareciera que se intentara comunicar que las reuniones sociales en las costas fueron cosa de este fin de semana cuando, puertas adentro, reconocen que son un problema de larga data. Incluso el 29 de noviembre, horas antes que se abrieran las urnas que le dieron la victoria a Llamosas, la policía desbarató un encuentro clandestino casi en la misma zona donde se produjo la gresca del sábado a la madrugada.

Lo cierto es que el día después de los hechos, la Municipalidad y el Gobierno de Córdoba pusieron manos a la obra. Ni bien los hechos tomaron estado público, el ministro de Seguridad, Alfonso Mosquera, se comunicó con el Fiscal de Turno, poniendo a su disposición todos los recursos de los que dispone la policía de la Provincia. A la vez, acudió al flamante secretario de Coordinación, Julian Oberti, para delinear acciones conjuntas.

En contacto con las fuerzas de seguridad, Mosquera requirió la activación de un operativo especial encabezado por las nuevas autoridades de la Unidad Regional. Las costas del río fueron pobladas de grupos ETER y miembros del Departamento Unidades de Alto Riesgo de la Policía de Córdoba (DUAR), para contener la aparición de potenciales encuentros clandestinos.

El giro en la estrategia de seguridad dispuesta en la zona de conflicto se volvió notoria en tan solo un día. Claro que la gravedad de los hechos motivó una especial atención por parte de las autoridades, pero los cuestionamientos no frenaron. Es por eso que la nueva configuración del Ejecutivo comienza a ser puesta a prueba, quizá más rápido de lo que esperaban.

Al rol coordinador de Julian Oberti se le presentó un debut clave para definir la estirpe de su gestión ordenando el gabinete y las nuevas autoridades de prevención comienzan a ponerse en el centro de la escena. Por ahora, la economía y la salud deberán bajar unos peldaños en el orden de prioridades. La seguridad se volvió la alerta roja de Llamosas.