Interna PJ: señales contradictorias e incertidumbre en el territorio

Dirigentes y referentes territoriales del PJ cordobés miran con incertidumbre los movimientos del Centro Cívico en su relación con el Frente de Todos, e intentan afinar pronósticos en la oscuridad para conocer entre cuántos habrán de repartirse los cargos partidarios seccional por seccional.

Por Felipe Osman
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Mientras las altas esferas del justicialismo cordobés encargan, interpretanyreinterpretan encuestas e imaginan los distintos escenarios en los que podría derivar una alianza electoral con el Frente de Todos y el sinfín de definiciones que a partir de allí se precipitarían, en el territorio los dirigentes y referentes del PJ permanecen en vilo, intentando adivinar los próximos movimientos de quienes capitanean el barco mediante rebuscadas exégesis que naufragan una y otra vez frente a las maniobras del Centro Cívico.

El calendario, para peor de males, no ayuda a calmar las ansias. Las internas del PJ, que debieron haberse resuelto en abril de este año, han sido postergadas una y otra vez a razón de la pandemia, y su última suspensión las llevó de diciembre del 2020 a marzo de 2021. La incertidumbre que sufren los referentes del PJ en el territorio ha tenido sobrado tiempo para trocar en un fastidio que no confesarán en público pero que tampoco disimulan en privado.

En ese ámbito, aseguran que no sólo no bajan definiciones precisas respecto de cómo se saldará la interna ni cuál será la estrategia electoral para las elecciones de medio término, sino que las señales resultan demasiado contradictorias como para inferir lineamientos generales que les permitan acomodar las cargas que deben balancear.

Por un lado -explican- El Panal deja que trascienda el enojó que generó el copamiento que el Frente de Todos hizo del escenario en que Juan Manuel Llamosas celebró su reelección en Río Cuarto, junto a Eduardo “Wado” de Pedro, Santiago Cafiero y Gabriel Katopodis, tres enviados de la Casa Rosada; y por el otro, casi en simultáneo, se respalda el proyecto del oficialismo nacional en el Congreso para reducir la coparticipación a Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dando una señal política difícil de poner en coherencia con aquel antecedente inmediato.

El ejemplo es, en rigor, meramente ilustrativo. A los tantos cortocircuitos que ha tenido el Gobierno de Córdoba con Balcarce 50 desde la asunción de Alberto Fernández siempre ha sobrevenido un acercamiento, y a cada una de estas aproximaciones -que hasta el momento se han dado siempre desde el marco de la institucionalidad- ha sucedido un nuevo momento de tensión.

En la columna de los desencuentros destacan la negativa de los diputados cordobeses a respaldar el proyecto de intervención y posterior expropiación de la cerealera Vicentin o la Reforma Judicial presentada por el Frente de Todos, en la de los acercamientos el respaldo al resto de las iniciativas del oficialismo nacional como una sugestiva asiduidad en el trato de integrantes del gabinete provincial con sus pares nacionales.

Ahí están, por caso, el acto compartido por encumbradas figuras del peronismo cordobés con referentes del Gobierno Nacional en ocasión de la entrega de viviendas del plan Procrear, semanas atrás, del que participaron el senador nacional Carlos Caserio, la diputada nacional Gabriela Estévez, el intendente de Córdoba, Martín Llaryora; el jefe comunal interino de Villa María, Pablo Andrés Rosso; y el intendente de San Francisco, Ignacio Aresca, como así también el secretario de Municipios de la Nación, Avelino Zurro, en representación del Ministerio del Interior que conduce Eduardo “Wado” de Pedro. O el acuerdo recientemente firmado entre el gobernador Juan Schiaretti y el ministro de Desarrollo Social de la Nación Daniel Arroyo para la urbanización de barrios populares.

Acontecimientos, todos, enmarcados dentro de lo estrictamente institucional, pero que no por ello dejan de tener una significación política a la que los referentes territoriales del PJ permanecen atentos en la cercanía de las internas.

Su preocupación es atendible. Desconocen cuál será el alcance del acuerdo partidario entre el justicialismo cordobés y el nacional, si este derivará o no en una alianza electoral entre Hacemos por Córdoba y el Frente de Todos y, más aún, cuál será, de llegar, la extensión de esa alianza.

Lejos de fundar su interés por estos asuntos en la mera curiosidad, todas estas definiciones en suspenso son para ellos de suma importancia para saber en qué medida deberán compartir, seccional por seccional, cargos partidarios con referentes del kirchnerismo y el albertismo, cuanta urgencia hay por blindar las presidencias de las seccionales, sus uninominales y, en menor medida, congresales provinciales y nacionales.

En resumidas cuentas, lo que se decida arriba tendrá efectos bien concretos abajo, y si la decisión de presentar una lista de unidad termina de confirmarse, la “sábana corta” se habrá encogido bastante más.