De cómo el reduccionismo federalista convirtió en mártir a Larreta

A raíz de la media sanción que recibió el recorte a los recursos coparticipables de CABA muchas voces se alzaron en defensa del puerto. Una extrañísima reacción mucho más explicable en el oportunismo político de confrontar con el FdT que en la contradictoria interpretación del federalismo que buscó forzarse.

Por Felipe Osman

Con el apoyo de las cuatro bancas que el oficialismo provincial tiene en la Cámara Baja se dio, en la madrugada del martes, media sanción a la ley que busca retrotraer al 1,4 por ciento la porción de los recursos coparticipables (coparticipación de 2do grado) que recibe Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En rigor, los diputados cordobeses demandaron algún que otro cambió en el texto que llegaba desde el Senado para acompañar la iniciativa. A saber, una instancia de diálogo previa que de no arribar a un conceso dejará vía libre para que el asunto se zanje sin atender a los reclamos porteños. Cosmética legislativa.

Los reproches de los alfiles de Horacio Rodríguez Larreta se hicieron escuchar durante horas. Apuntaron que la ley fue diseñada para desfinanciar a un distrito históricamente esquivo al kirchnerismo, que con esta detracción se pretende acrecentar los fondos a disposición de Axel Kiciloff -delfín de Cristina Fernández- en Provincia de Buenos Aires-, y que, en resumidas cuentas, se hace un manejo espurio del poder para beneficiar a los propios atacando a los ajenos.

Hasta aquí, todas verdades. Más aún, obviedades. Quien se sorprenda de esto adolece del más perfecto amateurismo en cuanto a observar la dinámica del poder se refiere.
Atiéndase si no a lo siguiente: el fin del proyecto en cuestión es retrotraer la situación al escenario previo a enero de 2016, cuando Mauricio Macri estrenó la estilográfica presidencial incrementando del 1,4 al 3,75 los recursos coparticipables que recibía Capital Federal. El movimiento era prácticamente igual entonces, sólo que afectaba la coparticipación primaria. Es decir, se incrementaban los recursos de CABA -a disposición de Rodríguez Larreta, delfín del expresidente- en detrimento de los del Gobierno Nacional, a cuyo tesoro aportan todas y cada una de las provincias del interior.

Ahora bien, que los diputados de Capital Federal defiendan recursos que le fueron concedidos a contramano de lo que el federalismo debiera indicar resulta comprensible. Para eso fueron elegidos. Para defender los intereses de su distrito incluso por encima de la lógica de la equidad. Lo francamente asombroso ha sido ver a diputados que, electos por las provincias del interior, han salido a embanderarse detrás de la lucha para que Capital Federal conserve uno más de los cientos de privilegios que su capacidad de lobby le ha garantizado por años, que de tantos, ya se cuentan en siglos.

Pero atentos, que falta lo mejor: esas defensas, esgrimidas por quienes parecieron actuar como cipayos provincianos al servicio del puerto, han buscado ser barnizadas con los preceptos del federalismo.

En otras palabras, quienes representan a los distritos históricamente castigados por el centralismo porteño y el interminable menú de prebendas de las que goza Ciudad Autónoma de Buenos Aires (como la financiación de una Justicia “ordinaria” Nacional por parte del Gobierno Central, o los escandalosamente desproporcionados subsidios al transporte, por mencionar sólo dos de las más conocidas), víctimas de una suerte de síndrome de Estocolmo, han resuelto defender privilegios ajenos financiados con el desfinanciamiento de sus provincias.

Desde luego, nadie podría discutir con seriedad que durante los 12 años de kirchnerismo -y particularmente durante los 8 de cristinismo- la lógica imperante fue comprar lealtades y castigar a quienes no se arrodillaban ante el sillón de Rivadavia. Pero pedir a los diputados cordobeses ser abogados de los intereses porteños entraña una contradicción de iguales proporciones.

Quienes tristemente asumieron el rol de tales -no hay otra forma de explicarlo- deben haberlo hecho en el altar del oportunismo político, que por obra y gracia de la extrema polarización que hace años transita la Argentina, paga mejor a cualquiera que se ponga en la vereda de en frente de la prepotencia kirchnerista, aunque sea defendiendo la prepotencia porteña.