Crudeza e ingenuidad

La riotercerense Natalia Garayalde incursiona en el formato del found footage en “Esquirlas”, un documental premiado en el Festival de Mar del Plata que recupera algunos de los videos caseros que ella y su familia filmaron en torno a la voladura de la Fábrica Militar de su ciudad natal.

Por J.C. Maraddón

Con el teléfono celular como instrumento multiuso de acceso masivo, hoy todo puede ser filmado o fotografiado en cualquier circunstancia y por cualquier persona. Si a eso le sumamos el material que proveen las cámaras de seguridad y de tránsito dispersas por doquier, obtenemos un sinfín de material audiovisual disponible que se va a acumulando en memorias virtuales y que podría prestarse a los más diversos modos de uso, incluyendo el artístico. Se trata de una acumulación grosera de imágenes (en movimiento o fijas), acompañadas muchas de ellas por su correspondiente sonido original. Una inabarcable fuente que jamás podría ser aprovechada por completo.

Es un panorama que ha profundizado su desmesura en lo que va de este siglo y que en una primera etapa se valió de las prestaciones de pequeñas cámaras digitales que posibilitaban tomar fotografías y videos. Pero no es que antes de esa irrupción hubiese escaseado la producción casera de piezas fílmicas. Desde el antiquísimo Súper 8 hasta la actualidad, pasando por el muy utilizado (y poco confiable) VHS, familias de cierto poder adquisitivo o con determinados intereses lúdicos fueron dejando registro de sus cumpleaños, casamientos, vacaciones y demás acontecimientos particulares, para luego olvidar esas cintas en algún cajón que nunca más se abrirá.

Entre lo que se ha aglomerado en las memorias de los artefactos electrónicos en las últimas décadas y los objetos analógicos que ya se venían amontonando en cajas sin rótulos a la vista, se conforma un archivo universal inagotable, que es imposible dimensionar en su totalidad y, lo que es peor, es muy difícil de catalogar para su posterior usufructo, a no ser que sólo se busque recordar un momento especial o a un familiar que ya ha fallecido. Aunque en su origen parecían ser invaluables, esas filmaciones tenían como triste destino el quedar arrumbadas.

La pregunta es si cabe alguna otra posibilidad. Si de esas obras imperfectas, elaboradas por manos inexpertas, podía esperarse algún milagro que las perpetuara y las sacase del anonimato. Pues bien, ya que nada se pierde, tampoco ese infinito stock iba a ser desaprovechado: la tendencia del found footage (“metraje encontrado” en español) se ha transformado en un subgénero de la ficción, para luego devenir en una herramienta para el cine documental, que a través de la espontaneidad de esa mirada amateur, sin más pretensiones que la recreación hogareña, da forma a películas profesionales de un hondo contenido emotivo.

Tras el celebrado acierto de la cordobesa Agustina Comedi con “El silencio es un cuerpo que cae”, es ahora la riotercerense Natalia Garayalde la que incursiona en este formato en “Esquirlas”, un largometraje que recupera algunos de los videos que ella y su familia filmaron durante parte de su infancia y adolescencia. Mediante ese recurso y con el acompañamiento de la cobertura mediática de aquellos años, la directora aborda una cuestión que cambió para siempre su vida y la de su ciudad natal: la voladura de la Fábrica Militar, de la que el pasado 3 de noviembre se cumplió un cuarto de siglo.

Con apenas 12 años y una Sony 8 mm, Natalia Garayalde recorrió las calles de Río Tercero en el auto que manejaba su padre, socorriendo gente en medio de explosiones que parecían no terminar nunca. Escenas de corte bélico vistas con ojos de una niña, la conmoción de los vecinos y las consecuencias que este episodio trajo para su familia, desfilan ante el espectador con una embriagadora mezcla de crudeza e ingenuidad. “Esquirlas” estuvo disponible online como parte de la Competencia Argentina del 35º Festival de Cine de Mar del Plata, donde se acreditó el premio a la mejor dirección, además de otros cuatro reconocimientos especiales.