Schiaretti, el gran ganador de los comicios de Rio Cuarto

Córdoba es, digámoslo una vez más, eminentemente anti kirchnerista. Los es cuando en la boleta está Macri como alternativa anti K, lo es cuando la opción es Schiaretti. El personaje no importa cuando el vehículo es eficiente para expresar este humor electoral que ya lleva casi 20 años.

Por Gabriel Osman

Puede que a los riocuartenses no les cuadre que en el vértice del podio se coloque a Juan Schiaretti, un capitalino hasta con tonada, como el gran ganador de las elecciones de Rio Cuarto. El orgullo localista del Imperio del Sur -que es muy bueno que lo tenga, como diría Yupanqui- perturba esta valoración. Pero el peronismo de Rio Cuarto ha de suscribir con gusto esta lectura: la ciudad que eligió De la Sota para pasar los últimos años de su vida pone al gobernador en el centro de la escena nacional.

Juan Manuel Llamosas ganó su reelección con dos pandemias a cuestas, la del Covid y, la más pesada, la económica. Lo hizo con una diferencia ligeramente inferior a la de 2016, pese a que tres meses atrás los casos de contagio superaban holgadamente la media nacional. Por supuesto, la Provincia puso para frenar la trepada de contagios la mejor logística, amén de la ayuda económica para obras, socorro para estrecheces de la Intendencia, inicio de nuevos emprendimientos y presentación de proyectos de inversión. Ayuda notablemente asimétrica comparada con la entregada a otras ciudades de la provincia, incluso aquellas con problemas más graves, pero correctamente proporcionada a la importancia, para él y el PJ, de los resultados del 29-11.

Este enclave está en el ombligo de la pampa sojera, por lo que si Córdoba fuera una provincia macrista, con el retorno de las retenciones y el más reciente impuesto a la riqueza, el PRO en alianza con la UCR debería haber traccionado. Claro, esa percepción excesivamente porteña es errática si no autoexculpatoria de este centralismo de remoto origen patagónico.

Córdoba es, digámoslo una vez más, eminentemente anti kirchnerista. Lo es cuando en la boleta está Macri como alternativa anti K, lo es cuando la opción es Schiaretti. El personaje no importa cuando el vehículo es eficiente para expresar este humor electoral que ya lleva casi 20 años: en 2003 con un confuso preconcepto cuando Néstor Kirchner fue el menos votado de los cuatro candidatos presidenciales peronistas, desde entonces, por sólidos motivos.

Esto no debería ser motivo de alarma en la Casa Rosada. Schiaretti no da señales de pretensiones nacionales. No en primera persona pero tampoco la dio como armador de una alternativa federal, cuando el 12 de mayo de 2019, su tercer y mejor triunfo, lo dejó más impávido a él que a Cristina Kirchner, que en cinco días sacó de la manga a Alberto Fernández, un engendro sí, pero exitoso.

El gobernador no es un personaje disruptivo, un atrevido como De la Sota que en 1998 se alió con su principal adversario en la interna peronista, Carlos Menem, para poder ganar la Gobernación.  En el mejor de los casos es un personaje de integración: qué peronista no quisiera contar con su nombre en el segundo término de la fórmula en 2023, o con otro apellido ilustre del peronismo mediterráneo, que ha ganado seis veces consecutivas en un distrito que -como ninguno y apenas con un breve paréntesis de cuatro años- ha tenido a la Nación en contra.

El calendario le marca límites. Por el rabillo también ha de observar que los dos personajes políticos cordobeses más completos del ’83 a la fecha intentaron jugarse en ese cruce. Quisieron y no pudieron o supieron, Eduardo Angeloz y De la Sota. Adicionalmente, puede verificar en las experiencias de este siglo que, con la sola excepción de Macri, es casi imposible competir contra el tilde de la provincia de Buenos Aires. Porque la Constituyente de 1994 le sacó el sistema de amortiguación al ordenamiento electoral que inspiró Alberdi (Colegio Electoral) y porque el kirchnerismo ha forjado un sistema de cooptación de votos más crudo y caro que el de las alpargatas de los conservadores, pero también muy eficiente. Son los planes sociales, para los que disponen del 90% de los recursos federales distribuidos a sola firma y que han derogado de hecho la ley de coparticipación con dos beneficios directos: mayor prepotencia del poder central y mayor fragilidad financiera de los 24 distritos.

Hacia adentro de la provincia, el triunfo de Llamosas ha mejorado la capacidad de Schiaretti de testar políticamente y las manos más libres para la confección de las boletas legislativas para 2021. Adicionalmente debiera leerse así en el Palacio 6 de Julio. Probablemente el intendente Martín Llaryora ya sabe que no alcanza con un par de decisiones brillantes o afortunadas, como se prefiera, sino de 48 meses de lucha sin cuartel contra el gremio que por décadas le ha usurpado el poder al jefe comunal. Esa debería ser la condición sine quanon.