La vida vista con los ojos del cine

Las películas argentinas en el Festival de Mar del Plata, en particular las cordobesas, enriquecen la agenda de hoy. También descubre La Quimera a una prolífica cineasta rusa: Kira Muratova.

Por Gabriel Abalos
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Películas a distancia del mar

“Esquirlas”, una fábrica de armamentos explota, una cámarda filma .

El Festival de Cine de Mar del Plata, en esta edición “blanda” para quienes nunca fuimos a La Feliz a disfrutar del histórico evento cinéfilo, y ahora tenemos acceso virtual a las películas de las diversas categorías en competencia, traslada algo de la felicidad de la ciudad balnearia a nuestro año en que vivimos en peligro.
Igual que en el festival físico y presencial, hay que hacerse tiempo y planificar lo que se podrá ver, aunque sin poner el cuerpo ni llegar jadeando a la sala.
Como la competencia le pone sazón a la mirada, los estrenos argentinos se llevan buena parte de la atención. Y, en el orden de nuestro interés, las películas cordobesas que compiten ocupan el lugar preferencial. En lo que va de la semana, se sumó el documental Esquirlas, debut de Natalia Garayalde, un filme irrepetible en base a videos que la directora filmó de niña en los días previos y posteriores a la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, hace un cuarto de siglo. La riqueza del filme es resultado del valor increíble de lo que ese material registra, de la circunstancia del ojo preadolescente -e instintivamente periodístico- que realiza los encuadres y recortes que vemos, y de la edición final que hizo de esas filmaciones documentos, y los ensambló con buen sentido narrativo. El trasfondo histórico es de una impiedad infernal: la voladura intencional de una fábrica de armamentos para ocultar pruebas de la venta ilegal de armas por el estado neoliberal argentino, destinadas a guerras fratricidas y genocidas, operaciones encubiertas por los Estados Unidos. Esa atrocidad le otorga a estas filmaciones caseras y niñas una resonancia que se nutre por igual de lo ingenuo y de lo trágico, tan cercana al horror que estremece en algunos momentos hasta las lágrimas.
En la línea de un cine federal se pudo ver Las mil y una, una propuesta ficcional dirigida por Clarisa Navas que llegó al Festival desde Corrientes. En un complejo de edificios suburbanos de un barrio pobre en la capital correntina ocurre esta historia de amor lgbt, en una comunidad atravesada por historias de supervivencia en condiciones adversas. Allí el delito entra en las formas impunes del acoso sexual, y la sexualidad es el hilo que todo lo mueve. El despertar afectivo y sexual de una adorable adolescente, la protagonista, se da en un contexto de vidas sin rumbos, sin intimidad, sin lugares para poder ser, rodeadas de miedos, juicios y prejuicios. La tragedia late al fondo de la historia. Realismo con naturalidad, narración bien articulada, proximidad con los personajes es lo que entrega esta segunda película de la directora.
En la vereda ficcional, aunque dentro de un cine de actores, Francisco Márquez se aleja del naturalismo en Un crimen común, para encarar una historia de trasfondo social, entrando en la psicología de la protagonista, una socióloga afectada por un dilema moral que la atraviesa. El director vuelve al tema de la conciencia humana a que nos enfrentan las situaciones límites. Gran narración y desempeño actoral de Elisa Carricajo.
De vuelta a un cine de contexto realista, aunque de propósito ficcional, con una gran dosis de verdad visual y una precisa fotografía, nos trae Las ranas, de Edgardo Castro. Una joven que vende medias en la calle y tiene una hija pequeña, visita semanalmente a un preso en una cárcel bonaerense. Esos son los mundos de la supervivencia y del afecto que se arman y se desarman cada vez, buscando ser un modo de vida.
El localismo señala asimismo que se verá, de mañana al domingo, en la Competencia Argentina, Las motitos, el tercer largo cordobés en Mar del Plata, una película de Inés Barrionuevo sobre novela de Gabriela Vidal. Y ampliando un poco el criterio local, trae buenos comentarios la película argentina que también se estrena mañana en el Festival, El país de las últimas cosas, en la que Alejandro Chomski se sumerge en un desafío que parecía imposible: adaptar la novela homónima de ciencia ficción que Paul Auster publicó en 1987. Chomski conoció al escritor estadounidense hace 17 años, cuando el cineasta le transmitió el deseo de convertir su libro en una película. Ambos tuvieron la misma idea: situar la historia en la Argentina.

Una cineasta rusa
En un nuevo Jueves de Primavera Tardía, La Quimera transmitirá hoy por streaming a través de su blog un nuevo encuentro con el cine de mujeres, trayendo al primer plano a la cineasta ucraniana Kira Muratova, quien filmó durante la etapa soviética y después de ella. Poco conocida fuera de Rusia, Muratova es un signo de prestigio en el cine de ese país. El filme que se verá es Conociendo el vasto mundo, de 1980, donde una joven es parte de un triángulo con dos hombres que la aman. En la información que acompaña este anuncio de La Quimera se lee sobre la directora: “Sus películas se encuentran en general lejos de las formas estándar de narración; son películas grotescas y complejas, que cargan con un gran peso, de tristeza o desesperación. Ella ha sido probablemente quien mejor filmó la desolación de la crisis previa a la separación de la URSS, en El síndrome asténico (1989).” Muratova tuvo una carrera de seis década en el cine y dirigió películas de todo género, dramas, comedias, romances, tragedias, horror y farsa sombría. Hay algo en la mirada de la cineasta que revela a Rusia bajo una luz en cuya sociedad es difícil de separar las personas mentalmente sanas de las enfermas. Desde su primera película debió luchar sin pausa contra la censura, que entorpeció la difusión de algunas de sus obras. A las 20.30 en  www.laquimera.wordpress.com.