Quien no conoce la lengua, mete la pata

El papelón de la Agencia Córdoba Turismo deja a la vista las limitaciones de la administración pública, aunque quizás la suerte termine estando de su lado.

Por Javier Boher
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Hace varios años, el humorista que dibuja bajo el seudónimo de Nik lanzó una serie de publicaciones que pretendían hacer reír con traducciones literales desde el inglés. El “Gaturro’s brutish english dictionary” tenía numerosas expresiones cotidianas traducidas a un inglés inexistente.

Más acá en el tiempo, una cierta academia de inglés online jugaba con los mismos malentendidos de las traducciones literales, alentando el estudio de la otra lengua para evitar los papelones en los que se involucraba uno de los protagonistas. Como suele pasar en los casos de los ignorantes, tampoco se percataba de su error y se sentía como un hablante nativo.

El fin de semana se viralizó una torpeza mayúscula por parte de la Agencia Córdoba Turismo. El organismo, responsable de fomentar, promover y organizar el turismo en la provincia (“una industria sin chimeneas”, como les gusta decir para denotar su importancia) recurrió a la que debe ser una de las herramientas más usadas por aquellos que quieren tener una vaga idea de alguna expresión en otro idioma que no conocen: el traductor de google.

El desliz mueve a risa, claramente, pero no es menos que preocupante. Por más que se minimice, la realidad indica que no parece haber personas capacitadas para trabajar en el idioma más utilizado como segunda lengua en el mundo en las filas de una dependencia dedicada al contacto con el mundo.

Seguramente tener un canciller que como segunda lengua ha perfeccionado el jeringoso marca una línea respecto a la idoneidad exigida para desempeñar los cargos públicos. Teniendo una facultad de lenguas que forma a traductores para distintos idiomas, recurrir al traductor del buscador es una ofensa para los que han dedicado su tiempo a formarse en captar la esencia de lo que se comunica en otras lenguas.

Las justificaciones al respecto han sido insuficientes, porque lo que hicieron es indefendible. Tal vez si se hubiese tratado de un canje, de la labor de un pasante o de un boicot de empleados que quieren mayores sueldos la cosa sería más fácil de pasar, pero no. Se trató, lisa y llanamente, de pereza intelectual e inercia burocrática: nadie me exige, nadie me controla, a nadie le importa. La administración pública en su máxima expresión.

Para aclarar lo primero en lo referido a las traducciones: los nombres propios ya no se traducen más. Se hacía en una época, pero desde hace unos años se usan los nombres en su idioma original. Se puede hablar de Carlos Marx o Cristóbal Colón, porque así se usa hace decenas -sino cientos- de años, pero los nombres más recientes mantienen su denominación original.

Si uno le pregunta a un chico de primaria si sabe quién es Bruno Díaz, capaz que piense que es algún zaguero de la B Metropolitana y no Batman, a quién hoy se conoce como Bruce Wayne. La Reina de Inglaterra es Isabel y su hijo Carlos, pero los nietos no son Guillermo y Haroldo, sino William y Harry.

Con la misma lógica que en el “Gaturro’s Brutish English Dictionary”, los responsables de turismo pensaron que “Skirt” era una buena traducción para La Falda. De hecho lo sería, pero sólo si estuviésemos hablando de prendas de vestir. ¿Cuántas veces habremos dicho “Charles Peace” a modo de broma, sin saber que algún empleado provincial lo iba a usar como si fuese correcto?.

Sierras Chicas fue inexplicablemente traducido como “Sierras Girls”: el traductor diría “small saws”, que sería la traducción si estuviésemos hablando de herramientas. La opción que eligieron significaría algo así como “chicas de las sierras”, algo que remitiría a alguna publicación del extinto rubro 59 del diario.

El 2020, año de la pandemia, ha sido terrible para el turismo. Con todo cerrado por el temor de los políticos de que todo se les vaya de las manos, miles de emprendimientos no pudieron sostenerse en el tiempo. Ocho meses sin poder trabajar es demasiado tiempo para cualquier actividad, pero el turismo ha acusado duramente el golpe.

Si uno piensa en positivo, este error puede terminar teniendo un impacto beneficioso en el turismo cordobés: los que entraron a ver el error pudieron ver fotos de Chapel of the Mont, Nerd o High Grace. Tal vez después de eso, terminen viniendo a pasear. Si esa fuese una consecuencia no prevista de tal metida de pata, google nos diría que los visitantes “came from fart”, la forma inglesa literal para traducir la nada elegante forma castellana para decir que algo pasó accidentalmente.