Doble récord en Río Cuarto: la campaña más larga y más light

Los riocuartenses asisten a las urnas después de la previa electoral más larga de la historia moderna. Los candidatos buscan ganarse la voluntad de un electorado que se debate entre el cansancio, el desgaste de la pandemia y la falta de entusiasmo.

Por Gabriel Marclé

“¡Al fin!”, será la frase que saldrá de la boca de cada riocuartense el próximo 29 de noviembre, en la llegada de los multi postergados comicios. Por estos días se vive una mezcla de cansancio y desánimo que claramente se relacionan con la previa electoral más larga de la que se tenga memoria, cruzada por los efectos de la llamada “nueva normalidad” post pandemia. Pero no se puede responsabilizar únicamente al imprevisto sanitario del Coronavirus por la falta de entusiasmo, sino que se trata de un proceso en el que intervienen la falta de atracción que generan los contendientes. ¿Cómo repercutirá esto en las urnas?

Desde la fecha original de los comicios hasta el próximo domingo definitorio, habrán pasado 245 días, exactamente ocho meses de total incertidumbre y mandatos prorrogados. ¿Qué cambió en ese tiempo? La mayoría piensa en los efectos del Covid, la psicología de cuarentena y las restricciones de actividades, pero la política piensa en los votos que se ganaron o se perdieron en ese tiempo. En ese tópico es donde los analistas mantienen un consenso bastante unánime: las consideraciones del electorado no han cambiado tanto.

Durante la pandemia, la sociedad demandaba respuestas de quienes tuvieran el poder de modificar esa realidad bidimensional, la sanitaria y la económica. Justamente, Río Cuarto tenía la oportunidad de elegir el modelo que mejor representara esas intenciones, pero el tiempo fue corriendo las urnas y reduciendo las expectativas. Antes del 29 de marzo, la mayoría de las encuestas -incluso las surgidas desde la oposición- mostraban que el intendente Juan Manuel Llamosas mantenía una ventaja que su rival, Gabriel Abrile, no podría remontar. Sin embargo, el paso del tiempo y la cuarentena fueron interviniendo con pequeñas muestras de la pérdida de dominio peronista.

En medio del pico de casos, después del contagio del médico Abrile, el oficialismo se preparaba para pelear en un enfrentamiento que se presentaba más parejo que nunca. Juntos por Río Cuarto recibió más apoyo y asesoría para su campaña, con un candidato que se mostraba como fortalecido después de transitar la enfermedad. Todo eso hizo que, sobre el final de la previa electoral, la balanza parezca inclinarse hacia uno de los dos bandos. ¿Acaso Llamosas se convirtió en ese líder que la ciudad necesita? ¿Abrile pudo transformarse en el representante del cambio y la mejoría de Río Cuarto?

 

Sosiego electoral

Si hay algo que no se pone en duda es que la contienda del próximo domingo está lejos de despertar pasiones en el electorado no militante. Quizá esa sea la razón detrás de las rimbombantes propuestas que suelen aparecer en tiempos de campaña, pero que ausentaron en este 2020. No hubo grandes frases ni proyectos espectaculares, y los candidatos de las “terceras fuerzas” lejos estuvieron de captar la atención del público.

Llamosas y Abrile se convirtieron en los actores principales del mano a mano en la recta final, pero tampoco supieron capitalizar la trascendencia del proceso electoral venidero ni lograron erigirse como esas figuras del cambio o la apuesta al futuro que tanto manifiestan en sus spots publicitarios. “No hay personalidades fuertes”, lanzó un reconocido analista político de la ciudad en referencia a las cifras que rondan la figura de ambos contendientes.

Sosa, aburrida y falta de colores. Así se presenta la campaña que en algún momento prometió encenderse con las chicanas o algún que otro exabrupto -como la xenofobia del ex jefe policial asesor de Abrile. Sin embargo, el debate se fue achatando. El candidato radical fue el que se mostró un poco más activo en la disputa y arrojó el guante en varias oportunidades. El guante quedó ahí, estático en el piso; el “líder silencioso” que es Llamosas tampoco quiso entrar en pelea.

Ninguno de los candidatos muestra la impronta de caudillo que suele esperarse de quienes ostentan convertirse en jefes ejecutivos. En tiempos donde las polémicas valen más que las reales muestras de liderazgo, el rol de cabecilla esta devaluado, pero tampoco hubo grandes figuras. La realidad de distanciamiento social ni siquiera los dejará mostrarse en el fervor del público como generadores de pasiones populares. Los cierres de campaña se hacen en una especie de estudio televisivo, sin público y en conferencia de zoom.

Pero la falta de entusiasmo suele taparse con la voz de quienes generan otras expectativas en el electorado. Es el caso del gobernador Juan Schiaretti, quien fue interviniendo cada vez más en la campaña de Llamosas. Ocurrió también en 2016 cuando se decía que el actual intendente fue seleccionado “a dedo” por quien era el principal líder político del peronismo cordobés, José Manuel De la Sota. El ex gobernador había frenado la interna del PJ para mostrar una imagen de unidad y alineamiento.

Todo lo contrario, ocurrió en el costado opositor, con una interna radical que tuvo a cinco pre-candidatos -uno de ellos era el actual contendiente, Gabriel Abrile- y cuyas divisiones internas los llevaron a perder las generales por más de 15 puntos. “Si hubiéramos tenido a un De la Sota de los nuestros, la historia hubiera sido diferente”, reflexionaba un radical respecto al rol ordenador de los grandes referentes. El paso del tiempo terminó por confirmar que ni a Llamosas ni a Abrile les calza el traje de “líder con proyección” que lucen otros referentes provinciales y nacionales.

 

Dependencia

Al mismo tiempo que los nombres de peso ordenan, los referentes de los estamentos inferiores pierden peso. “Los riocuartenses saben que votan al intendente de Río Cuarto, no al gobernador ni al presidente”, manifestaba Llamosas días atrás, intentando alejar los fantasmas de la sumisión coyuntural. Pero la dependencia se volvió muy notoria, ya que sus ideas y proyectos de gobierno requieren sí o sí de la asistencia nacional y provincial para que se hagan realidad.

En el caso de la oposición, Abrile se encuentra en una encrucijada temporal. Por un lado, no puede renegar de la tradición política que le permitió a su partido dominar la Municipalidad en la mayor parte de la historia desde la vuelta a la democracia. Por el otro, evita referenciar al pasado inmediato debido al “mal trago” que dejaron los últimos de la gestión de Juan Jure. A causa de esto, le cuesta convertirse en ese candidato que traccione votos más allá de la polarización generada por esa fuente vital llamada “grieta”.

Es por eso que cada equipo de campaña se enfoca en mostrar a sus candidatos como los grandes líderes que necesita la ciudad para salir adelante tras el golpe de la pandemia. En el detrás de escena, la contextura política de Llamosas y Abrile languidece ante la idiosincrasia que define a esta época de votos polarizados y especulación: sin la grieta y los “popes”, pierden influencia en el votante.

Pese al desinterés de algunos y la desazón de otros, las encuestas hablan de una participación que estará cerca de cumplir con el promedio del 65% que históricamente refleja el Imperio del Sur cordobés. Pero, por más épica y romanticismo que promuevan los fundamentalistas del voto, se sospecha que el movimiento del 29-11 llegará desde la noción de “trámite constitucional” más que del genuino interés por los proyectos que se debaten el futuro de la ciudad.