Aquel rebelde gritón

Desde el próximo viernes, estará disponible en todas las plataformas de streaming “Plastic Hearts”, el nuevo disco de Miley Cyrus, donde figura una pieza llamada “Night Crawling”, que tiene al veterano Billy Idol como invitado especial, tanto en el aporte vocal como en el compositivo.

Por J.C. Maraddón

A fines de la década del setenta, la grieta generacional que separaba a los rockeros progresivos de los punks y los afterpunks parecía imposible de cerrar en buenos términos, no sólo porque diferían en cuestiones conceptuales sino porque además tampoco existía entre ellos una conexión sonora. Después de largos años de abrigar en su seno estilos que no tenían demasiados puntos en común, sin que por ello dejaran de prestarse a una convivencia pacífica, el rock había llegado a una especie de encrucijada, donde el camino se bifurcaba en direcciones que aparentaban ser paralelas y que, por lo tanto, no tenían contacto entre sí.

Sin embargo, el siguiente decenio iba a demostrar que esas posturas no eran tan irreconciliables y que, con la interesada ayuda de los responsables de marketing de los sellos discográficos, podían confluir en una misma intención de fabricar canciones contagiosas que conmovieran al gran público. Unos, dejando de lado sus veleidades de lucimiento compositivo, y otros, olvidándose de la distorsión corrosiva y las letras incorrectas, durante los ochenta se repartieron la gloria musical en proporciones bastante equilibradas, en especial gracias a un nuevo público que, por desprejuicio, no dudó en meterlos en la misma canasta.

Héroes sinfónicos como Yes, Phil Collins o Peter Gabriel publicaron obras que, a diferencia de sus incursiones setentistas, estaban en la misma sintonía que las radios de frecuencia modulada e, incluso, hasta producían temas que podían ser bailados en las discotecas. Y la rebeldía minimalista de Generation X, The Jam o Joy Division, devino en la cadena de hits de quienes los sucedieron: Billy Idol, Style Council y New Order, respectivamente. Con mayores o menores concesiones al aparato comercial, todos cedieron ante el influjo de una estética que dominó ese periodo y que hoy aparece como la fuente a la que recurren las fiestas retro.

El ejemplo de Billy Idol es, en ese sentido, sorprendente. En su reconversión como estrella pop, no debió someterse a un cambio de look sino que aprovechó la cresta rubia y la ropa de cuero con tachas para construir una imagen que, combinada con el punch de sus canciones, calzaba perfecto a la medida de lo que demandaba la flamante camada juvenil. En lo que fue el comienzo del reinado del videoclip, él ofrecía un magnetismo visual que reclutaba fans por doquier, en tanto que la superposición de máquinas con guitarras eléctricas dotaba de originalidad a su repertorio.

Ahora bien, ¿tiene todavía algo para decir aquel solista del postpunk que triunfó hace 35 años mediante composiciones por demás acordes a aquella época? Todo indica que sí, porque una estrella contemporánea como Miley Cyrus lo ha revindicado desde hace tiempo, al punto que ha versionado su éxito “Rebel Yell”, y en alguna ocasión lo ha hecho a dúo con su propio intérprete original. Que esta cantante suele recurrir al arcón de los clásicos para satisfacer la tendencia vintage, es algo de lo que sobran pruebas, pero con Billy Idol tiene una admiración especial. Y eso se verá reflejado en su inminente lanzamiento discográfico.

Desde el próximo viernes, estará disponible en las plataformas de streaming “Plastic Hearts”, el nuevo disco de Miley Cyrus, donde figura una pieza llamada “Night Crawling”, que tiene a Billy Idol como invitado especial, tanto en el aporte vocal como en el compositivo. Y aunque aquella melange ochentosa pueda ser tildada de anacrónica en este nuevo siglo, la vigencia de su legado entre los artistas de este tiempo no puede ser más evidente. Al extremo de que el responsable de “Rebel Yell” sea reclutado, a los 64 años, para volver a ensayar su grito rebelde.