La historia que nos perdimos

La cuarta temporada de la serie “The Crown”, que abarca el periodo de la corona inglesa que va desde finales de los años setenta hasta comienzos de los noventa, tiene como atractivo extra para los argentinos la manera en que el argumento presenta la Guerra de Malvinas

Por J.C. Maraddón

La frase que suele citarse al momento de analizar lo sucedido en una contienda bélica es que “a la historia la escriben lo que ganan”, un aserto que por extensión se aplica a todo tipo de conflictos de poder en los que la parte que sale victoriosa es la que impone su relato por encima de lo que pueda contar el vencido. Esa es entonces la versión definitiva que se generaliza; y quien la expresa se adjudica el derecho de catalogar como cosa juzgada a lo ocurrido, para que la posteridad recuerde de una y solo una manera los acontecimientos.

Entre los castigos que recibe la facción (o la nación) derrotada está esa condena a un silencio perpetuo para su punto de vista, estigmatizado por provenir de una voz que ha sufrido la humillación de haber capitulado y, por lo tanto, de haber resignado su honor y su dignidad. Además de aceptar acuerdos o tratados denigrantes, debe escuchar cómo otros acomodan las piezas para hacerse acreedores de toda la gloria, en tanto que es privado del derecho a manifestar su propia perspectiva, excepto al consentir las equivocaciones y la falta de coraje para frenar la embestida del adversario y dar vuelta su suerte.

Por supuesto, esta normativa cuenta con sus excepciones, sobre todo cuando la que ha salido perdidosa es una potencia que se las daba de invencible hasta que le tocó hocicar. Por ejemplo, nuestro acercamiento a la Guerra de Vietnam (tanto la mirada crítica como la aprobatoria) ha tenido siempre el sesgo del enfoque estadounidense, hasta que documentales más recientes se han ocupado de incorporar la visión de quienes en ese entonces simpatizaban con los Vietcongs o directamente combatían desde esa trinchera. Así es como, 45 años después del final de esa carnicería, se puede completar un abordaje más integral.

Entre abril y junio de 1982, Argentina se vio envuelta en un enfrentamiento armado con el Reino Unido, luego de la toma de la capital de las Islas Malvinas por parte de tropas de nuestro país. Bajo la feroz censura dictatorial, aquí se tuvo un acceso muy parcial a los hechos, hasta que la penosa capitulación hizo que la retórica triunfalista mutara en un derrotismo que obligó a los militares a convocar a elecciones. Tanto el discurso probélico como el análisis posterior que desnudó la cruda realidad, fueron de elaboración local: a nuestra historia la escribimos los que no ganamos.

La cuarta temporada de la serie “The Crown”, que abarca el periodo de la historia inglesa que va desde finales de los años setenta hasta comienzos de los noventa, tiene como atractivo central la incorporación de personajes como Margaret Thatcher y Lady Di a ese círculo de privilegiados que rodean a la corona británica. Pero para nosotros, hay otro aditamento trascendental, que es la forma en que el argumento presenta la Guerra de Malvinas y cómo se vivió esa desigual disputa en el lugar desde donde enviaron la flota que tenía como misión recuperar un territorio al que ellos consideran parte del imperio.

Resulta curioso el modo en que la primera ministra, envuelta en problemas familiares y sacudida por un descontento social que la tenía como responsable, encuentra en la insubordinación argentina la salida más oportuna de la crisis. Y de qué manera fue tomada por allá su decisión de invertir en el despliegue del poderío naval y aéreo a miles de kilómetros de distancia, para defender una posesión de ultramar, en vez de utilizar esos fondos para satisfacer las necesidades de las víctimas de una desocupación alarmante que corroía a la sociedad de Gran Bretaña y cuyas consecuencias fueron acalladas (momentáneamente) por la victoria en el campo de batalla.