Empatía en cuarentena

El caso del padre que caminó 5km con su hija en brazos por un control al ingreso a su provincia deja en claro que toda la sociedad ha estado esperando este momento para mostrar su peor cara.

Por Javier Boher
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Para qué le voy a mentir, amigo lector… debo decir que no hemos sido engañados en absoluto. ¿Se acuerda de aquel tiempo de ajuste de tarifas con el ministr0 Arancurren?¿Se acuerda de lo que pasaba cuando Pato la 14 avalaba a las chinches verdes de Gendarmería o a Chocobar?¿Se acuerda de todos los lamentos de entonces?. Una de las cosas más flojas de los kompañeros era eso de patalear como si Gatricio hubiese traicionado su confianza.
Por eso le digo, ¿para qué le voy a mentir? Nada esperaba de este gobierno y nada me está dando. En las artes del pesimismo, permítame decirle -con mucha modestia, ojo- que poca gente me supera.

Lo que hemos visto hasta ahora ha sido la peor cara de políticos, policías y sociedad. Adherentes dispuestos a deglutir batracios sin mayores problemas mientras el Chapito Guzmán anda cual joven manos de tijera emulando al Richard Lopez Murphy que en los estertores del delarruato. Odiadores de la policía largando sus “es más complejo”, “hay que ver el contexto” o “hay un DNU presidencial” cada vez que los pitufos provinciales se pasan de rosca porque pueden.

Políticos que se creen el ejército soviético resistiendo el avance nazi y te arman una barricada en el ingreso a una comuna de 300 espartanos. Gobernadores que se levantan con ganas de celebrar la autonomía provincial y reinstauran controles fronterizos que se abolieron hace 150 años. Lo único bueno de eso sería que volveríamos a la elegancia de las patillas o los bigotes tipo manubrio que tanto le gustaba a la gente de entonces.

San Thiago del Estrecho

Usted que siempre está tan informado, seguramente habrá escuchado la historia del cierre de la semana. Una familia estaba volviendo a su casa en los pagos del incesto y la siesta después de haber ido a hacer una parte de un tratamiento oncológico de una niña a la vecina provincia de Tucumán.

Como en el norte la ley es siempre del que tiene la biyuya para mandar, resulta que en el control fronterizo no los quisieron dejar pasar. Con una herida abierta, calor norteño, moscas y demás, el tipo se sintió el General Patton y protegió la integridad territorial santiagueña y la salud del colectivo negándosela a una nena. Increíble.

¡Qué estrechez de corazón, estimado! Si usted escuchó el llanto de la pequeña, seguramente entenderá que, como un verdadero Kevin Costner, la cargó en brazos por 5km. ¿Le habrán retirado la licencia del Scania a Dady, o esto no le hace dar ganas de pisar el camión para abolir esos controles ilegales?. Si algo ha logrado este gobierno, es que la empatía se ponga en cuarentena, brillando por su ausencia.

Es impresionante la forma en la que después de ocho meses la gente sigue sin querer violentar un orden social represivo que se fundamenta en razones más flojitas de papeles que los lotes que reparten los socios del monaguillo Grabois. Espero que no la hayan pasado mal con el calorón de ayer, porque esta es la época a la que las ovejas deben llegar esquiladas (no esquilmadas, como parece ser el objetivo).

¿Qué quiere que le diga, estimado? Hay que celebrar la eterna paciencia de un pueblo que ya se olvidó de querer saber de qué se trata. Celebrar que permiten las colaciones con dos familiares por egresado, después de haber suspendido las clases durante todo el año es una verdadera muestra de que lo que viene por delante está más negro que el cumpleaños de Luisito D’Elía.

Me voy a ir yendo, porque con el calorón que hace tengo que salir a asomarme por la ventana para ver en qué provincia estamos, porque esta no parece ser la Córdoba en la que me crié. Eso sí, aunque me retire, le dejo un pequeño pensamiento: parece que El Enfisemas ha logrado aplanar la curva del descontento social, recuperando la iniciativa política. Prepárese para que las cosas sigan en el rumbo por el que van. Como diría Miauri: “en la misma dirección, pero más fuerte”. Que tenga buena semana y haga como decían los viejos de antes: compre conservas.