Avatares de una campaña electoral para la historia

Decálogo de un tiempo electoral que de aspirar a ser el más corto se transformó en el más prolongado de este siglo. La pandemia como condicionante de las estrategias de los partidos mayoritarios y de cómo se desaprovechó este tiempo para construir los mínimos consensos que ameritaba la crisis sanitaria. El grado de participación en la votación como gravitante de la legitimidad del próximo gobernante electo.

Por Guillermo Geremía
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No será una elección más. A 5 días de las urnas y con tan sólo 72 horas plenas de campaña nadie pone en duda la excepcionalidad de un acto electoral atravesado por acontecimientos nunca antes registrados desde que se elige intendente por voluntad popular en Río Cuarto.

La fecha inicial del 29 de marzo para acudir a las urnas fue impedida por la irrupción de la pandemia en la Argentina. La segunda fecha acordada, el 27 de setiembre, tampoco permitió el despliegue de las urnas dado que la ciudad estaba en plena curva ascendente de contagios. Esas dos postergaciones fueron desaprovechadas por las fuerzas opositoras –salvo tímidas insinuaciones- para consolidar un proyecto alternativo al oficialista. Si en marzo la elección parecía de resultado puesto y ahora entró en categoría de competitiva, es más por el desgaste que sufrió Llamosas antes que por virtudes desplegadas por las otros partidos o frentes.

El oficialismo, que tuvo que afrontar el desgaste de la pandemia, como todos los gobernantes, no debiera ingresar que en sus debe contó con tiempo y recursos para ejecutar acciones sanitarias y obras que los demás competidores electorales no pudieron tener la posibilidad de disponer. Si la pandemia lo obligó a tener que tomar decisiones de alto costo político, también permitió un uso discrecional de los recursos disponibles.

Este parto entre la primera fecha de elecciones y la que finalmente terminará siendo el día de votación, debió haber sido un tiempo oportuno para que viera la luz una política sanitaria consensuada que sentara en una misma mesa a los distintos actores sociales buscando superar una crisis sanitaria de magnitudes. El oficialismo no quiso, no pudo o no supo. Pero era su primaria responsabilidad. Cuando hizo el intento se encontró con una oposición más dispuesta a alimentar la grieta que a entender la excepcionalidad del momento que se estaba atravesando. Una oportunidad perdida por la política local para sentar las bases de mínimos acuerdos.

La pandemia no se transformó en un problema de todos, sino en un termómetro electoral. Entonces Llamosas sumó caudal con 120 días sin casos pero se le fueron votos como agua entre los dedos con el brote record y retomó el timón forzando el regreso a la fase 1. Este presente de casos controlados en un promedio de menos de 50 diarios pareciera jugar a favor del oficialismo.

Las estrategias electorales en este tiempo de elecciones postergadas fueron conducidas por patrones exógenos. La provincia con alta participación e incidencia en el diseño de la campaña del intendente que busca la reelección. Mientras que la alianza UCR/Pro pivoteando entre los recursos del partido de Macri en la Capital Federal y la logística –con agencia publicitaria incluida- aportada desde Mendoza por el presidente de la UCR a nivel nacional.

Ni unos ni otros desplegaron un repertorio de novedosas alternativas para entusiasmar a los más de 135 mil votantes potenciales. Llamosas promete profundizar su estilo de gobernar, que en parte será plebiscitado, con más obras y sintonía partidaria con Córdoba y ahora la Nación, tras haber sido declarada capital alterna de Argentina también. Ya lo era de la provincia desde 1999.

Abrile, por su parte, impulsa la creación de un Ente Municipal Ambiental que reemplace la actual concesión a una empresa privada de la higiene urbana. No encuentra fortaleza la iniciativa en el impulso de los mismos que crearon las actuales condiciones del servicio más oneroso que paga la ciudad cada mes. Pablo Carrizo propuso la creación de comunas con presupuesto propio en los principales barrios de Río Cuarto, en lo que se presenta como una idea disruptiva del actual escenario de gobernabilidad.

En este tramo final de campaña, los partidos con mayores chances de sentarse en el sillón de Mójica se dedicaron a fortalecer sus propios votantes. Llamosas a consolidar su perfil del “intendente peronista más radical”, para no desencantar al perfil conservador del electorado de clase media. Para ello hizo el esfuerzo de poner en bambalinas al peronismo k y al albertismo que los apoyan. En el caso de Cambiemos, sus sectores progresistas debieron ceder lugar a una derechización de la propuesta de Abrile alimentada en la coyuntura política nacional y en la ascendencia macrista en Río Cuarto, distrito que lo reeligió como Presidente.

Este trayecto electoral hubiera transcurrido sin avatares altisonantes si no fuese por los pecados de redes sociales de algunos de sus participantes. Los ya comentados polémicos posteos en apoyo de la dictadura del comisario mayor retirado Carlos Borsato, que obligo a Abrile a sacarlo de escena a pocas horas de haber asumido como asesor en materia de seguridad. Con él se llevó el vector del delito como blanco de campaña para pegarle a Llamosas.

Menos comentados pero igualmente irritativo en el peronismo fueron las manifestaciones críticas con el partido, donde ahora es candidato, del empresario Germán Di Bella. El extra partidario proveniente del sector de los biocombustibles se despachó en sus redes contra el peronismo en general, el kirchnerismo en particular pero lo que más molestó fue que haya compartido posteos que dudaban de la honestidad como gobernante de José Manuel De la Sota. A poco de viralizarse borró esas manifestaciones pero ya era tarde.

La abstinencia de los aparatos políticos tradicionales de hacer actos que convoquen a la militancia o eventos con músicos que entusiasmen a los no politizados pero que sirvan para bajar línea, los ha sumido en la desconfianza de cómo funcionaran las estrategias sustitutas forzada por la pandemia. La utilización de las encuestas electorales como estrategias propagandísticas se acentuó particularmente en este escenario electoral. Cada sondeo hizo ganar a quién contrató su realización.

Sólo queda el debate convocado por la Universidad de Río Cuarto que inicialmente se realizará de manera no presencial, aunque algunas fuerzas están pidiendo que se haga sin gente pero cara a cara. Puede que allí alguien se salga del libreto o “pise el palito”. Sino las cartas ya están echadas. Será entonces el nivel de participación del electorado y el voto en su introspectiva dimensión individual los que definirán el resultado. Así son las cosas.