El Panal sigue con atención los reacomodos del FdT

El albertismo quiere superar la etapa silvestre y crecen las tensiones en la coalición gobernante, sobre todo con CFK. Para el schiarettismo, un Alberto Fernandez empoderado allana las posibilidades de acuerdos futuros.

Por Bettina Marengo
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El albertismo empieza a ver condiciones para que el presidente Alberto Fernández tome el centro de la escena en el Frente de Todos, en un movimiento que explica en parte las tensiones dentro de la coalición oficialista, fundamentalmente con la expresidenta Cristina Kirchner, pero también con Sergio Massa.

La idea es que la Casa Rosada pudo manejar el pico máximo de la pandemia del Covid y de la crisis económica, que el presidente absorbió los costos y que ahora está en proceso de recuperación, tanto en la gestión y en la política, como en las encuestas.

El albertismo quiere superar el estado silvestre. La carta al FMI de los senadores que responden a Cristina, en momentos en que el ministro de Economía, Martin Guzmán, comenzaba la negociación con el organismo, y los recientes cambios que impuso en el Senado en el proyecto de ley para que futuros endeudamientos pasen por el Congreso (para impedir el uso en gastos corrientes), probarían la inquietud del Instituto Patria frente al “empoderamiento” de Alberto Fernández luego de varias derrotas consecutivas en la gestión.

Otra exhibición de tensión interna se vio el 17 de noviembre, cuando la militancia salió a calle para acompañar el tratamiento de llamado “impuesto a las grandes fortunas” con tres marchas distintas: una de La Cámpora, otra de los Moyano y gremios afines, y otra de las organizaciones sociales.  Ese día, Alberto evitó que todo el protagonismo quedara en Máximo Kirchner y en Massa, y envió al Congreso a tres ministros (Guzmán, Matías Kulfas y Daniel Arroyo) a la consabida foto.

El acuerdo por la deuda externa, el veranito cambiario, las reuniones con representantes del círculo rojo, el acompañamiento a Evo Morales y su contrapartida política, el almuerzo de ayer con su par uruguayo, Luis Lacalle Pou, el envío de la ley de aborto al Congreso, serían las evidencias de la mayor centralidad presidencial, con gestos por izquierda y por centro para dar señales tanto al núcleo duro del Frente de Todos como al votante de zonas más peleadas. La oportunidad está también en el desacomodo y los ruidos que salen de la oposición de Juntos por el Cambio.

El telón de fondo de la tensión en el oficialismo nacional es el reparto de poder y lugares que se viene con el inicio de las negociaciones por las listas legislativas del 2021. Alberto quiere recalibrar todo lo cerrado en 2019 y sumar peso propio en el Congreso, que hoy no tiene, más allá de sus colaboradores más cercanos en la Casa de Gobierno. A nivel territorial, la indicación es trabajar con intendentes y gobernadores, que es lo que vienen haciendo la Casa Rosada. Claro que La Cámpora también tiene sus planes en las provincias: extender su territorialización más allá del límite de la provincia de Buenos Aires y hacer pie en los PJ distritales, como el caso de Mendoza y Tierra del Fuego.

En Córdoba, el gobernador Juan Schiaretti se siente más a gusto con la idea de un presidente pragmático que pivotea de centro izquierda a centro derecha y que tiene agenda propia, como la visita al mandatario uruguayo. No solamente el electorado cordobés es anticristinista, también lo es el establishment y los sectores de influencia aliados del gobierno provincial. Un Frente de Todos más centrado en el albertismo le allanaría al mandatario provincial el camino a un acuerdo de listas y candidatos, llegado el caso.

Más allá de las líneas que maneja el histórico dirigente Jorge Montoya, el Panal no tiene contactos directos con el cristinismo ni con el Instituto Patria, pero si buenas relaciones en Diputados con el presidente del bloque del Frente de Todos, Máximo Kirchner, de buen vínculo con el diputado Carlos Gutiérrez. A nivel partidario, el acuerdo aún no cumplido es el ingreso de la diputada Gabriela Estevez a la mesa de conducción del PJ. Por ahora, Schiaretti sigue con atención la tirantez entre los socios, y sostiene el juego de apoyo y retiro que viene haciendo tanto en el Congreso como en sus relación aun no resuelta con el jefe de Estado.