Otra pareja despareja

Al igual que sucedió con Catherine Deneuve en “Mala hierba” en 2018, ahora es la legendaria Sophia Loren quien exhibe sin tapujos su ancianidad en “La vida ante sí”, una pieza cinematográfica en la que, Netflix mediante, muchos huelen un futuro de premiaciones varias.

Por J.C. Maraddón

Sophia LorenEn 1998, con la película “Central do Brasil” (conocida entre nosotros como “Estación Central”) se produjo el gran despegue internacional del director brasileño Walter Salles, quien logró un fenomenal acierto al relatar la pequeña historia de un niño de origen humilde que ha quedado solo y una mujer mayor que, casi sin quererlo, se termina haciendo cargo de su cuidado y lo acompaña en la búsqueda de su padre. Por supuesto, el filme va mucho más de la anécdota, porque, al seguir la aventura que emprende ese insólito dúo, nos muestra el interior profundo de nuestro vecino país, esas postales que no aparecen en los folletos turísticos.

“Central do Brasil” se quedó con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa e impulsó la nominación a la estatuilla como mejor actriz para su protagonista femenina, Fernanda Monenegro, un hecho inédito hasta ese momento en la Academia de Holllywood. Gracias a esta realización, Walter Salles ingresó por la puerta grande en el panorama de la industria cinematográfica global, y en 2005 iba a repetir la hazaña de aquel largometraje de 1998 con “Diarios de motocicleta”, su elogiada biografía de Ernesto Che Guevara que lo confirmó como un realizador de fuste que estaba para asumir desafíos mayores.

Lo que no podía no podía imaginarse nadie es que, veinte años después, aquel formato de la actriz entrada en años que en la ficción cuida de un joven en situación de calle se repetiría en “Mala hierba”, una película escrita y dirigida por el comediante francés de origen iraní Kheiron. Allí es Catherine Deneuve la que da acogida en su hogar a un ratero que, a partir del afecto de su protectora, intenta redimirse. Al igual que en “Central do Brasil”, también esta producción en tono de comedia deja ver un trasfondo social de marginalidad alarmante.

A diferencia de la obra de Salles, lo que se aprecia en plenitud en el relato de Kheiron es cómo se manifiesta en las sociedades europeas el fenómeno de la inmigración que llega desde África y Medio Oriente, cuyas consecuencias han trastocado de forma elocuente la vida en el Viejo Continente. La paz y el bienestar social construidos durante décadas se diluyen en ese contraste entre la opulencia de los ciudadanos de primer orden y el sálvese quien pueda de quienes se las arreglan a su manera en los suburbios, al borde de la ilegalidad y tratando de no caer en la indigencia.

Y este año parece haberle tocado el turno de retomar ese cliché de parejas desparejas a la legendaria Sophia Loren, quien a los 86 años exhibe sin tapujos su ancianidad en “La vida ante sí”, una pieza cinematográfica en la que, Netflix mediante, muchos huelen un futuro de premiaciones varias. Tal como pasó aquella vez con el personaje encarnado por Fernanda Montenegro, aquí la Loren asume el papel de una exprostituta entrada en años que acepta a regañadientes hacerse cargo de un niño africano, al que por su pésima conducta parecería imposible adaptar a los buenos modales.

Otra vez el drama de los inmigrantes ilegales y de las calamidades a las que están sometidos al llegar al primer Mundo, es el marco de un argumento que, si bien busca por sobre todo despertar el costado sensible de cualquier espectador, presenta además un panorama bastante desolador de esos choques culturales que sacuden a Europa. No sólo en rescatar divas del cine coinciden “Mala hierba” y “La vida ante sí”. Su temática similar debería ser leída como la persistencia de un problema que no encuentra todavía una solución razonable y que condena a muchísimas personas a una condición inhumana.