Las ficciones legislativas condicionan el futuro e impiden pensarlo

La megasesión de diputados significa la recuperación de la iniciativa en el gobierno, pero también una mala señal para pensar la Argentina del largo plazo.

Por Javier Boher
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megasesión de diputadosDesde la teoría, el populismo se entiende como un encadenamiento de relatos que confluyen en una figura política, aunque entre ellos pueda haber diferencias. Ese tipo de prácticas alientan una lógica binaria de separar entre un “nosotros” y un “ellos” que simplifica excesivamente el escenario político.

El gobierno decidió recurrir otra vez al enfrentamiento entre bandos, alentando la construcción de ficciones a ambos lados de la grieta.

Desde el martes la Cámara de Diputados de la nación se encuentra tratando (o ya ha aprobado) algunos proyectos muy importantes, vinculados a la recuperación de la iniciativa política por parte del gobierno nacional. Simbólicamente trascendentales para sus adherentes, pretenden ocultar parte del colapso económico y sanitario al que la coalición de gobierno se condujo por su impericia. Esperan, también, maquillar el duro ajuste que se viene por delante, aunque las señales sean contradictorias.

En su maratónica sesión, los temas de la parada fueron el impuesto a las grandes fortunas, la capacitación en materia ambiental obligatoria para todos los agentes públicos, el presupuesto, la ley de incendios de Máximo y la legalización del aborto. Aunque cada uno de esos proyectos perjudique a distintos grupos, en la mente de los legisladores y seguidores cristinistas existe un único sector que pueda acusar el golpe. Se imaginan a viejos aristócratas -grandes terratenientes de los que tiraban manteca al techo y comulgaban diariamente yendo de frac y levita a la catedral porteña- enojados por las medidas “revolucionarias” que trata el Congreso.

Viviendo en un manual Kapelusz, creen que el mundo no ha cambiado en 100 años, estableciendo en sus mentes una contraparte que ya casi no existe. Si bien es cierto que hay grandes terratenientes, hay aristócratas o hay sectores religiosos, cada uno es un fenómeno independiente. Si bien pueden coincidir como en el diagrama de Venn, también es cierto que son más los que se encontrarían fuera de ese espacio que dentro del mismo.

Esa convicción errada puede abrir las puertas a que esos espacios coincidan en un futuro en algún espacio político que respete la misma lógica binaria del populismo. Si ese aristócrata del imaginario kirchnerista no existe materialmente, el montonero, comunista, abortista, ambientalista y vegano que se imaginan desde el otro lado tampoco. Sin embargo, lo que importa aquí son las percepciones.

En ese juego, la ley de interrupción voluntaria del embarazo es la carta más fuerte que han puesto sobre la mesa, opacando a los sietes de oro y espada que se tiraron antes. El problema, claro está, es tirar el ancho de espadas en la primera mano. ¿Vale la pena asegurar primera, cuando falta todo un año para las elecciones?.

En un país en el que se prometen asignaciones, vacunas u obras de manera permanente para disfrazar la incertidumbre, la única forma que le queda al gobierno para que se mantengan las chances de ganar es patear la mesa, juntar las cartas y repartir de nuevo, agravando los desencuentros y la polarización. Es difícil creer que se podrá mantener la cohesión tanto tiempo, sabiendo que la atención del electorado es bastante intermitente.

Todavía queda saber cómo van a seguir estos proyectos en la Cámara de Senadores, donde la cosmovisión provinciana puede llegar a hacerse sentir con algo más de fuerza. Seguramente se pondrá a prueba el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner dentro de su propio bloque, que se encuentra tanto o más dividido que los otros por un parteaguas como el aborto.

Las iniciativas ponen a prueba, a su vez, a la oposición. Mientras Juntos por el Cambio se mantiene alineado votando contra las iniciativas del oficialismo, una cantidad nada despreciable de legisladores juega para apuntalar su ficticia imagen de “oposición constructiva” o “antigrieta”. Aunque los problemas exijan una actitud ecuánime, superadora de antinomias burdas, la política legislativa y partidaria exige un poco más de creatividad que esas piruetas lingüísticas que a esta altura ya se saben falsas.

Estos proyectos de ley, de pasar de manera exitosa por el Senado, definirán en buena medida el perfil que tendrá el país en los próximos años. Con una población cada vez más empobrecida, sin incentivos para la inversión, con la certeza de que siempre reinará la incertidumbre sobre el patrimonio y que las necesidades por la mala gestión del día a día impondrán agendas de ocultamiento que impidan pensar a largo plazo, ese futuro no parece muy promisorio.