Lluvia de realidad para el Suoem (sin deuda es otro tempo)

El Suoem volvió a marchar y recibió huevazos y baldazos de agua de lo hastiados vecinos de Nueva Córdoba. La reacción, completamente espontanea, da cuenta del respaldo que cosechan sus demandas entre la ciudadanía. Aclarado el panorama financiero, el Ejecutivo recupera el manejo de los tiempos. Y no parece apurado.

Por Felipe Osman

El sindicato de empleados municipales volvió a marchar ayer. Las columnas que provenían de Barrio Observatorio, adonde se encuentran las Áreas Operativas, y de Plaza España, presumiblemente integradas por empleados de Espacios Verdes -área en la que revistaba el cesanteado Nelson “Mortero” Cuello-, confluyeron en las inmediaciones de Cañada y Boulevard San Juan, y fueron recibidas a su paso con huevazos y baldazos de agua que los vecinos de Nueva Córdoba les arrojaron, hastiados tras dos semanas de manifestaciones que incluyeron reiterados hechos de violencia.

El episodio, entre cómico y preocupante, bien sirve como muestra de la solidaridad que la ciudadanía siente por los reclamos de los municipales y, si acaso, también de la efectividad del gremio en su cruzada por imponer un discurso según el cual la violencia proviene de la gestión, y no de quienes prometen que la ciudad arderá si no se atiende a sus demandas, destruyen el erario público, golpean a comerciantes, amenazas de muerte a funcionarios y a sus familias o arrojan bombas de estruendo a policías o niños, igual da.

Pero más allá del flaco desempeño del sindicato en su tarea de construir una “verdad” a su medida, lo que más debe preocuparlo por estos días es la noticia de que el Ejecutivo logró reprogramar los vencimientos de la deuda en dólares tomada por la anterior gestión, y ahora puede respirar aliviada y concentrar su atención y sus energías en el frente abierto con el gremio.

Oxigenadas las cuentas y comunicadas las buenas nuevas, Martín Llaryora puede encarar de otro modo el conflicto con el Suoem, ya sea manejando los tiempos en la mesa de la negociación o postergando el restablecimiento del diálogo. De hecho, ya hay indicios de esto.

El Ejecutivo ha dejado trascender que no se otorgarán aumentos de oficio, por fuera de la negociación. En otras palabras, si los municipales quieren un reajuste de sus haberes su conducción deberá sentarse a la mesa y refrendar ese acuerdo.

Al mismo tiempo, en el Palacio 6 de Julio han puesto como condición esencial para retomar las tratativas que el sindicato deje las manifestaciones a un lado y se siente a negociar sin las bombas de estruendo como telón de fondo. Tiene lógica. Si se negocia, se negocia. Si se protesta, se protesta.

Aun así, esto representa un gran escollo para una conducción tan cuestionada como la actual. Si las cadenas de mando estuvieran aceitadas, el Suoem podría decidir levantar la protesta, retomar las tratativas y, si no hay buenos resultados, volver a movilizar a las bases.

Pero en el escenario actual cada repartición se moviliza más por voluntad propia que por integrar una estrategia conjunta cabalmente diseñada por la conducción. Con lo cual activar y desactivar la movilización no es algo que Beatriz Biolatto pueda hacer fácilmente.

En resumen, tras haber cerrado la renegociación de la deuda el municipio puede mejor afrontar el verdadero “default” que ahoga a la ciudad, determinado por los costos salariales. En este nuevo escenario puede dilatar la paritaria, y de hecho desde el gremio temen el Ejecutivo termine postergándola hasta diciembre.

En el medio, no sólo el gremio recibió una muestra del consenso social que existe respecto de la impronta que el peronismo –de momento- ha decidido imprimir a su gestión, sino que los baldazos de agua fría que recibió el Suoem bien pueden ser interpretados por Llaryora como un aval a los primeros compases de un plan de gobierno direccionado a pujar, y no a defeccionar frente al gremio.