Necesitamos dejarlos participar

El planeta nos está rogando que nuevos protagonistas aparezcan en escena y traigan formas diferentes de ver la vida, el trabajo, la sociedad, la educación, la familia, la economía, la salud, el medioambiente, etc.

Por Vanesa Urtiaga

(Directora de Maitri Yoga Studio & Store – Profesora de Yoga Terapéutico)

… “ El MUNDO NECESITA ESCUCHAR Y HACER PARTICIPAR A LOS JÓVENES
Y LOS JÓVENES NECESITAN MOVERSE, ACTUAR, RECLAMAR SER ESCUCHADOS “ …

 

Es urgente que rompamos con viejos esquemas, patrones de pensamiento, educación obsoleta, y esa estructura piramidal de antaño. El planeta nos está rogando que nuevos protagonistas aparezcan en escena y traigan formas diferentes de ver la vida, el trabajo, la sociedad, la educación, la familia, la economía, la salud, el medioambiente, etc.

Afortunadamente poco a poco van surgiendo algunos de estos personajes que comienzan a revolucionar el mundo (por ejemplo, Greta Thunberg en Suecia, Mateo Salvatto en Argentina), cada uno desde áreas diferentes, nos traen la frescura, la creatividad, la renovación, la crítica constructiva, el movimiento que este mundo necesita para despertar y salir adelante.

¿Pero estamos generando el terreno propicio para que cada vez sean más y que además se animen a alzar su voz?

Veo a toda la población en un estado de sedentarismo y pasividad alarmante. Pero especialmente me preocupa cuando esto también se observa en adolescentes o gente joven, siendo que este grupo necesita imperiosamente del movimiento, de la participación, de una vida activa, desafiante, estimulante, una vida que se presente con alternativas, retos y oportunidades.

Sin embargo, este escenario dista muchísimo de la realidad. El mundo está cambiando, pero la educación sigue siendo la misma que hace cientos de años. No estamos acompañando el crecimiento y las necesidades de nuestros adolescentes y jóvenes de hoy.

Ellos están desilusionados. Existe un gran vacío y una tremenda incertidumbre en esta población acerca de cómo será el futuro para ellos, las nuevas modalidades de aprendizaje de aquí en más, cómo serán las futuras profesiones y empleos, cómo será la forma de relacionarse, etc. Y si bien la vida nunca resultó ser muy sencilla para este grupo etario, hoy el aislamiento ha amplificado las dificultades propias de esta etapa. El encierro obligatorio les ha quitado lo que ellos más necesitan, de la interacción con otros jóvenes, salir de sus hogares, moverse, hacer deportes, estar al aire libre, descargar energía.

Y además de las secuelas y privaciones propias del encierro se sumó otro ingrediente peligroso, un exceso de virtualidad, que ha extendido las horas que ya llevaban sentados, quietos y frente a pantallas. Por lo tanto, no debería extrañarnos las consecuencias de esta combinación letal: más aburrimiento, más ansiedad, trastornos de sueño, falta de concentración, de motivación, comer en exceso, poco gasto energético, debilitación del sistema inmunológico, etc.

Durante este año hubo un aumento importante de trastornos emocionales en todas las edades, pero especialmente entre la gente más joven.

Según la OMS, la depresión es una de las principales causas de enfermedad y discapacidad entre adolescentes a nivel mundial. Y el suicidio es la tercera causa de muerte para los jóvenes de edades comprendidas entre los 15 y los 19 años.

Por otro lado, otro factor alarmante, y el cuál es una consecuencia de los trastornos emocionales, es la obesidad. La incidencia de esta patología ha aumentado de 4% en el año 1975 a 18% en el 2016 entre niños y adolescentes.

Tenemos una gran oportunidad para revertir y realizar ciertos cambios que inviten a participar mucho más a este segmento de la población, ya que el mundo no puede seguir siendo manejado sólo por “adultos”, quienes venimos con ideas conservadoras, antiguas, las cuáles podrían muy bien ponerse bajo la lupa y ser cuestionadas.

Necesitamos cambios estructurales. Y para abordar estos cambios primero tenemos que entender cómo funciona nuestro cerebro y la relación directa que tiene con el cuerpo. Y viceversa.

Existen numerosos avances en las Neurociencias que deberían ser aplicados en los distintos sectores. Y que tendrían un impacto espectacular en la salud en general, en el crecimiento de los países, en la productividad, el bienestar y la felicidad de todos los seres humanos.

Se sabe, por ejemplo, que realizar ejercicio físico estimula la formación de nuevas neuronas y la conexión entre estas. También mejora la memoria y funciones cognitivas tales como la planificación, la creatividad, la multitarea y la inhibición de información irrelevante, entre otras. Realizar ejercicio físico también reduce el estrés, la depresión y la ansiedad.

Si el movimiento y el ejercicio producen todos estos beneficios, ¿cómo puede ser que todavía las clases en los colegios (o este año en casa) se desarrollen sentados la mayor parte del tiempo, y sin movernos? Para mí esto es inadmisible y un grave daño a corto, mediano y largo plazo. (Se sabe por ejemplo que se podría disminuir la predisposición a contraer Alzheimer con más ejercicio físico entre otros cambios de hábitos).

Cuando hacemos ejercicio se liberan endorfinas y se produce una serie de efectos en nuestro cuerpo que nos hacen sentir bien, con menos dolores, más animados, motivados, con ideas más claras, más creativos, y además una mayor predisposición a otros cambios de hábitos como comer más sano, dormir mejor, no tomar alcohol, tabaco, etc.

Otro importante factor es hacer lo que a uno más le gusta. Esto produce un efecto que se le llama “Flow” donde nos sentimos en total armonía, conexión con uno mismo y con el universo. Cuando hacemos lo que nos apasiona, tenemos mayor claridad mental, entusiasmo, etc. Una vez más pregunto, ¿por qué entonces la educación no hace hincapié en el estudio o investigación de aquellos temas que más interesen a cada uno en vez de continuar con una educación única, unidireccional y totalmente pasiva que no llega a nadie ya que es tan general y frívola que no toca el corazón ni las entrañas de ningún alumno?

En mi opinión, las clases y todas las materias deberían tener como base el movimiento, el ejercicio físico, el juego, la discusión de ideas, la música, la investigación, actividades fuera del colegio (o de la casa), como participar en proyectos de ayuda comunitaria, ambiental, etc.

Es fundamental, si queremos disminuir los índices de depresión, de ansiedad, y otros trastornos en esta etapa de la vida, y evitar además enfermedades y licencias el día de mañana, poder generar un ambiente propicio para que los jóvenes puedan crear, comunicar, expresarse y desarrollar todo tu potencial. Y para esto debemos promulgar desde la educación y la salud al deporte como prioridad y actividad indispensable de cada día.

En segundo lugar, deberíamos impulsar la toma de conciencia hacia ciertas áreas claves en el desarrollo y evolución del ser humano, tales como la Inteligencia Emocional, la interrelación cuerpo-emociones-mente-alma, el Medioambiente y la Meditación, pero NO desde un abordaje teórico, sino desde la práctica y la aplicación en el día a día. Y para esto necesitaremos gente capacitada que los pueda no sólo acompañar sino motivar y liderar desde el ejemplo.

Los seres humanos vivimos esta experiencia de vida a través de un cuerpo físico en primer lugar, por lo tanto, el aprendizaje, la memoria, la información y las vivencias más recordadas, serán las que involucren emoción, movimiento, desafío, riesgo, risas y lágrimas.

Es a través de la multiplicidad y variedad de acciones que ambos hemisferios cerebrales interaccionan, se generan nuevas neuronas y conexiones neuronales, y todo esto impacta no sólo en el corto plazo sino en un retardo del envejecimiento.

Quizás la vejez la veas como algo muy lejano si sos uno de los jóvenes o adolescentes que todavía está leyendo esto que escribí pensando en vos, pero te aseguro que llega más rápido de lo que pensás y querrás haber hecho mucho más ejercicio, haber jugado más, haberte revelado un poco más y haber hecho oír tu vos mucho más, cuando llegue ese momento.

Por un lado, es responsabilidad de los adultos en darte esas oportunidades, pero también es tu elección quedarte esperando que suceda o comenzar a activar desde tu lugar.

Si queremos un mundo mejor no podemos seguir haciendo lo mismo de siempre. Evidentemente necesitamos cambios radicales y menos conservadores, en todas las áreas, para terminar con el hambre, las guerras, las enfermedades y las desigualdades en este mundo.