El problema ya no es ganar, sino tener con quien firmar la paz

La federación de reparticiones llamada Suoem ya no tiene timonel. El intento del Ejecutivo por empoderar a Daniele tras la tregua firmada el 7 de julio fracasó. La profunda crisis de representatividad que atraviesa el sindicato ha dejado de ser un problema interno para convertirse en un problema de la ciudad.

Por Felipe Osman

El 7 de julio pasado la conducción de un Suoem derrotado entró al Palacio Municipal para entrevistarse con Miguel Siciliano (secretario de Gobierno) y Verónica Bruera (secretaria general). Un par de horas más tarde la comitiva del gremio, encabezada por el jubilado Rubén Daniele, salía con una luz de esperanza.

El cacique de los municipales describió aquella reunión como “mejor de lo que esperaba”. El Ejecutivo había decidido renovar los contratos vencidos de 120 empleados y restituir algunas de las chapas de inspectoría retiradas en las semanas previas. Fue -remarcamos- una decisión del Ejecutivo, no un logró del sindicato.

Desde el Palacio 6 de Julio tenían algo claro: Daniele era el mal menor. Por eso decidieron empoderarlo trayéndolo a la mesa y dejando correr como un éxito del líder gremial la tregua firmada. Fue la variante que más convenció al Ejecutivo. Sin una sucesión mínimamente ordenada a la vista (por obra y gracia del propio Daniele, que siempre trabajó para permanecer como el único elemento de equilibrio dentro del Suoem), Martín Llaryora buscó prolongar artificialmente la vida útil del “Gringo”. Pero el experimento parece haber fracasado.

Daniele ya no es una garantía de que los pactos firmados vayan a cumplirse. El equilibrio alcanzado el 7 de julio resultó demasiado frágil, y el histórico líder de la lista Verde no pudo contener la furia de las reparticiones. La muestra palmaria ello está dada por los acontecimientos de la última semana.

Además de los recortes de jornada y salarios, las Áreas Operativas ven con desesperación el traslado de la sede central del Registro Civil y, temerosas de correr la misma suerte, estallan en raptos de salvajismo como el del pasado miércoles. Habitualmente hay otros cauces para canalizar ese malestar y reclamar, con o sin razón, el mantenimiento de un statu quo que les resulta más confortable. Pero ahora no. Las cadenas de mando están rotas. Ni los delegados tienen ascendencia sobre las bases ni la conducción sobre los delegados.

En Obras Viales hay un malestar incluso mayor. Ven como la gestión ha dotado de nueva maquinaria al COyS y a la Tamse, pero también a otras reparticiones, mientras a la propia nada. Muchos se sienten entregados por la conducción.

Lo que sucede en las reparticiones nucleadas en “El Alto” de barrio Observatorio es sólo una punción de lo que sucede en el resto de las áreas. Si a esto se suma una conducción que tiene fecha de vencimiento puesta, pues la mayoría de sus integrantes ha atravesado o está muy próxima a atravesar la edad jubilatoria, lo que queda es una enorme masa de municipales que revistan en docenas de reparticiones -con intereses muchas veces contrapuestos- distribuidas por toda la ciudad en franca deriva.

¿Cómo solucionarlo?

Prima facie, el intento por recauchutar a Daniele para que tire unos años más no estaría dando buenos resultados.

Al momento de definirse por esa variante, había quienes proponían una diferente. Con la llegada del Hacemos por Córdoba al Palacio de Julio muchos delegados peronistas se entusiasmaron. Interpretaron que, tras años de quedar relegados a un último plano, ahora tendrían una chance. Que el Ejecutivo los apoyaría para que lograran construir, o una línea interna dentro de la lista Verde, o una nueva lista con la que incidir en el sindicato.
Pero esto no sucedió. Urgido por otras emergencias el Palacio 6 de Julio se inclinó por el reciclaje de Daniele. Todavía quedan algunos esperanzados.

Ante una encrucijada que se renueva, el Ejecutivo apela ahora a aplicar y endurecer sanciones para disuadir a los revoltosos. Se apoya, para esto, en el Concejo Deliberante y particularmente en los proyectos de Diego Casado que buscan reformar el Estatuto del Empleado Municipal y el Código de Convivencia Municipal sumando supuestos sancionados con cesantías y multas. Esos proyectos se convertirán en ordenanzas hoy mismo, con o sin el aval de la oposición, que de oponerse deberá recurrir a algunas piruetas argumentativas dignas de verse.

Ahora bien, esta medida puede ser efectiva en el corto plazo, pero no alumbra como una solución de fondo.

Entre tanto, el desconcertado Suoem ni siquiera logra ponerse de acuerdo en si la asamblea general a la que convocará para estudiar la continuidad (o no) de su plan de lucha tendrá lugar el lunes o el martes.

En simultáneo el Ministerio de Trabajo de la Provincia avisó que convocaría a ambas partes a una mesa de diálogo durante la semana próxima. En rigor, es un favor a la conducción del sindicato, que sólo convocó a una asamblea general porque no puede evitarlo.
No dejan de ser parches. ¿Alguien por asomo imagina cómo hará el oficialismo gremial para construir una lista cuando lleguen las elecciones de principios del año próximo?