El mito de la gran novela

Alabada por la crítica porteña, “Las malas” estaba logrando que la lupa del mercado mundial se posara sobre su autora, la cordobesa Camila Sosa Villada, justo en el momento en que el jurado de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le otorga el premio Sor Juana Inés de la Cruz.

Por J.C. Maraddón

Desde hace años, la ciudad cobija una leyenda que, aunque no tan rimbombante como la de El Dorado que se supone atrajo a los conquistadores hasta estas regiones, también ha desvelado a varias generaciones, en este caso no de adelantados al servicio de la corona española sino de aspirantes a escritores. Más por ausencia que por presencia, el mito de la “gran novela cordobesa” fue creciendo en magnitud a medida que iban pasando los años y no aparecía un libro merecedor de semejante corona. Candidatos nunca faltaron, pero jamás existió unanimidad al respecto, sobre todo porque no estaba claro qué requisito debía cumplir un relato para tan grande canonización.

Algunos de los volúmenes publicados por Juan Filloy bien podrían haberse acreditado ese título, pero tal vez la idea de ese autor de irse a vivir a Río Cuarto y su empeño en realizar ediciones casi artesanales de sus obras, lo privaron de un reconocimiento a mayor escala. “El desierto y su semilla”, de Jorge Barón Biza, fue recibida con grandes halagos por la crítica nacional y exhibía rasgos literarios de altísimo vuelo, pero largos párrafos de su historia (autobiográfica) transcurrían en Italia y eso le quitaba color local.

Por supuesto, esa búsqueda de una ficción que fuera emblema de la cordobesidad tenía a “La gran novela americana” de Philip Roth como paradigma. Anclado en dos de los deportes más populares en los Estados Unidos, el béisbol y la guerra, ese texto bucea en la esencia del espíritu nacional de aquel país, para contar las aventuras de unos deportistas que, en plena Segunda Guerra Mundial, se ven implicados en un complot comunista. Pero en Córdoba no hay béisbol y hace siglos que no se escenifican guerras en su territorio, por lo que las comparaciones con Roth se agotan en el título.

Con un repertorio de talentosos poetas entre sus ciudadanos, la provincia parecía resignarse a la vacancia de esa novela emblemática, más allá de los remarcables aportes que se han dado a conocer en ese rubro por parte de escritores locales en lo que va de este siglo. Y es ahora, precisamente cuando se estaba acallando ese clamor, que se da a conocer el debut novelístico de una autora trans que, tal como suele ocurrir por estos lares, recién con su triunfo a nivel nacional consigue ganarse de forma masiva el corazón de sus comprovincianos.

Gran parte de “Las malas”, un relato tan intenso como pormenorizado y tan realista como fantasioso, tiene su epicentro en la oscuridad del Parque Sarmiento, en esas épocas en que la prostitución encontraba allí su área protegida. Contando a través de su propia vida el lado B de una sociedad hipócrita, Camila Sosa Villada se toma el atrevimiento de pintar esa aldea con ínfulas de metrópoli que sigue siendo la capital provincial y que aún hoy resulta indisimulable detrás de sus nudos viales, sus torres inteligentes, sus centros de compras y sus barrios privados que avanzan implacables sobre el monte nativo.

Calificada por la crítica porteña como la “gran novela cordobesa” contemporánea, “Las malas” estaba logrando que la lupa del mercado global se posara sobre su autora, justo en el momento en que el jurado de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le comunica que ha ganado el premio Sor Juana Inés de la Cruz, uno de los más prestigiosos en la literatura de habla hispana. Tal vez, al comprobar que el mundo se rinde ante su narrativa, la pacata cultura autóctona termine de aceptar a Camila Sosa Villada como una de las que mejor la ha retratado con palabras.