El “médico candidato” y su reflejo en el electorado

Por Gabriel Marclé

Corría el año 2012 y Unión por Córdoba se preparaba para dar un paso fundamental en el incremento de su poderío en la Provincia. El objetivo era Río Cuarto, un bastión del radicalismo provincial a pesar de los cuatro años de Alberto Cantero a comienzos del siglo XXI. Para teñir la capital alterna de azul, el entonces gobernador José Manuel De la Sota propuso una interna que desde el día 1 ya tenía un ganador puesto. Se trataba de Miguel Minardi, médico cardiólogo y director del Hospital, quien a pesar de tener poca experiencia en la política contaba con el fundamental apoyo de la maquinaria oficial cordobesista.

Ocho años después, la disputa electoral por la Municipalidad vuelve a tener a un médico entre sus candidatos, Gabriel Abrile, quien aprovechó la pandemia para potenciar su rol profesional en medio de una crisis sanitaria. Sin embargo, las últimas semanas lo mantuvieron alejado del guardapolvo y los pasillos del Hospital San Antonio de Padua, guiado por un asesoramiento estratégico que pretende promover una nueva imagen del candidato y, quizá, alejarlo de los fantasmas del pasado que remontan la memoria colectiva al fracaso electoral del peronismo en 2012.

En aquella elección, Miguel Minardi sufrió la derrota a manos de Juan Jure, quien finalizaba su primer mandato a los tumbos y aún así fue reelecto en el cargo. El candidato del peronismo representaba un proyecto cruzado por los intereses que la Provincia tenía en Río Cuarto. Incluso, muchos decían que De la Sota intentaba no solo detentar el poder como gobernador, sino también convertirse en el conductor del Palacio de Mojica.

La importante cantidad de recursos destinados a la campaña de Minardi no llamaban la atención, puesto que las primeras encuestas no entregaban los números esperados por la dirigencia. De un momento a otro, el director del Hospital se convertía en el candidato elegido por el gobernador para llegar al Palacio de Mójica. Con el pasar de los días, De la Sota se puso la campaña al hombro. Resulta que el médico que eligió para competir en las urnas no lograba ganarse el corazón de los riocuartenses.

Gran parte de su recorrido pre-electoral se centró en su costado sanitario, presentándose como el médico que trabaja en equipo, cerca de los que más necesitan y con las herramientas necesarias para mejorar a la ciudad, como si se tratara de un paciente enfermo. “Mi vocación de servir viene de mi profesión. Como cardiólogo, dediqué mi vida a cuidar corazones, y lo hice siempre en mi querida ciudad”, expresaba aquel candidato en uno de sus últimos spots.

Parte de esa estrategia fue retomada por la campaña de Gabriel Abrile, específicamente en la instancia previa a la suspensión de las urnas en septiembre y su contagio por Coronavirus. La historia es casi la misma, aunque con diferentes colores. Más allá de sus profesiones, ambos candidatos campeonaban el proyecto de espacios políticos que buscaban volver a la Municipalidad tras varios años integrando la primera minoría.

Tanto Minardi como Abrile coinciden en una característica inexpugnable: ambos se presentaban en la carrera electoral siendo parte del equipo de “soldados” de la salud pública. Ese elemento ha sido revalorizado en tiempos como los que atraviesa el mundo, lo que podría haber propuesto una “ventaja” para el candidato de Juntos por Río Cuarto. Sin embargo, poco a poco se fue alejando de las imágenes publicadas allá por septiembre, donde cada spot suyo lo mostraba con el guardapolvo puesto, con un estetoscopio colgado al cuello durante las guardias que realizaba en el Hospital.

La maniobra lleva a preguntarse: ¿Qué problema hay con ser médico y candidato? ¿Por qué se intentaría suprimir ese rol? Arturo Illia fue un médico que llegó a presidente de la Nación. La ciudad de Córdoba tuvo a intendentes que ejercieron la medicina, como el odontólogo Ramón Bautista Mestre y Rubén Martí, los mejores jefes comunales de la Capital desde 1983 a la fecha. No hay pruebas que vinculen la variable profesional a un resultado negativo, menos todavía en la actualidad. Pero estos son tiempos donde se imponen otras prioridades y en los que el marketing político moderno ejerce dominancia.

Si Abrile se alejó de esa figura médica no fue por “cábala”, no tiene que ver con la memoria del votante que recuerda el mal desempeño del médico Minardi en una elección que muchos le daban por ganada. Pero hay números que ayudan a predecir el comportamiento del electorado, y en ese punto tomaron fuerza las consultas realizadas por el equipo que dirige la campaña opositora. Cabe recordar que este nuevo plantel se hizo cargo de la estrategia electoral a comienzos de octubre, poco después que el médico contrajera Coronavirus, cuando las expectativas y proyecciones dieron un impulso a su proyecto político.

Los estudios sobre el electorado habrían arrojado que, en este momento de la campaña, Abrile no se beneficiaría del contacto con su costado sanitario, aquel que supo explotar durante la aparición del brote de contagios en agosto. Al parecer, la exaltación del rol médico no generaba mayores efectos en las consideraciones del votante, quien se mostraba más enfocado en otras cuestiones.

“Hay un proceso de pandemia que ya tuvo su peor parte. La inseguridad y la falta de empleo son las principales preocupaciones de la gente”, adelantó un asesor político del candidato opositor. Aun así, los spots difundidos por el frente de Juntos por Río Cuarto continúan integrando al rol sanitario en sus mensajes. “Abrile paso al doctor”, cantan las voces en su último jingle, entre el juego de palabras y el ritmo del cuarteto.

El nuevo proceso de campaña lo muestra caminando las calles, fuera de los quirófanos y salas de internación, sus lugares de confort. Las últimas intervenciones hablan del virus, pero desde el lugar que ocupará en el futuro. “El médico va a aparecer cuando sea necesario tratar el plan que se aplicará en la segunda ola. Es un rol que ocupará cuando la situación lo amerite, pero lo importante es mostrarlo como un líder capaz de ocuparse de todos los temas”, explicaron desde Juntos por Río Cuarto.

Pese a estas explicaciones, algunos integrantes del justicialismo insisten en trazar una línea comparativa entre el candidato radical y la experiencia de Minardi. “Creo que Abrile es un mal candidato, que no enamora. Eso es algo que nos pasó alguna vez, encarar por el discurso médico y quedarse corto con eso”, reconoció una voz del oficialismo.

La respuesta del equipo radical no tardó en llegar. “Si vamos a comparar candidatos, lo que le está pasando a Llamosas era lo que en su momento le pasó a Eduardo Yuni. Traía funcionarios nacionales todo el tiempo, hizo anuncios atractivos y sin embargo la gente no lo votó. Los ministros suelen tapar a los candidatos”, disparó un asesor de Abrile en referencia a las últimas acciones de la gestión municipal, cargada de visitas provenientes de “El Panal”.

Entre comparaciones y chicanas, los frentes foguean una campaña repleta de dejavues. Para algunos, el recorrido hacia las urnas también presta atención a lo que se muestra en los espejos retrovisores, las imágenes y experiencias de otros tiempos que los obliga a cambiar el ritmo para no ser alcanzados. “El presente es lo único que tenemos”, apuntaba el analista político, parafraseando una popular canción. Entre todos los análisis, queda claro que el próximo intendente necesitará estar más anclado a lo que pasa en el hoy, porque el ayer no solucionará los problemas del mañana.