El Suoem leyó debilidad en las concesiones y va por todo

Después de su viernes de furia, el gremio volvió a las calles y generó caos en el tránsito cortando los principales accesos al centro. Reclama retrotraer su situación a la pre-pandemia y no da margen para negociar una paz que no se acomode a sus preferencias. No hay, de momento, respuesta del Ejecutivo.

Por Felipe Osman

El 7 de julio las autoridades de la ciudad se reunieron con los representantes del sindicato para sellar una tregua con el gremio en franco retroceso. Al cabo de la reunión, un Rubén Daniele de aspecto tranquilo fue muy económico al momento de responder cómo le había ido: “mejor de lo que esperaba” dijo, sintético, el líder de los municipales.

En las semanas previas la municipalidad había asestado una terrible seguidilla al poder del Suoem. No sólo había quitado una hora a la jornada municipal, sino que también había decidido no renovar 180 contratos vencidos en junio, limitar prolongaciones de jornada y horas extra, y dar de baja cientos de licencias de inspectoría (con sus respectivos adicionales del 30 por ciento). En la cartuchera le quedaba un plan para redefinir la concesión y el mantenimiento de las bonificaciones especiales, que conllevan un enorme costo para la ciudad y se reparten sin ton ni son, y la implementación de la doble jornada municipal, que aunque no parezca, ya se encuentra habilitada por una resolución de la Secretaría General.

Por entonces la pandemia era contenida con restricciones mucho más rigurosas y la prioridad absoluta de propios y ajenos estaba definida por la situación sanitaria. Cuesta imaginar un contexto más favorable para las autoridades de la ciudad en su tenida con el gremio.

Las posiciones en el gabinete no eran unívocas. Había quienes entendían que la oportunidad de avanzar estaba servida, y que era conveniente llevar delante de una vez todos los cambios necesarios para redefinir la estructura de costos de la ciudad y hacerla viable. Otros, por el contrario, entendieron que lo mejor era negociar una paz con el sindicato y esperar que éste se abstuviera de perjudicar a la gestión cuando retomara su agenda. La segunda postura prevaleció.

Se ofreció un acuerdo al sindicato: renovación de todos los contratos y diálogo abierto por el resto de los reclamos. Daniele aceptó de buen grado.

En las semanas que a partir de allí se sucedieron se otorgaron nuevas concesiones. Se devolvieron “chapas” de inspectoría, se restituyeron mandos medios interinos, se concedieron horas “módulo”. Seguramente se hizo con la intención de llegar a un entendimiento con el sindicato. Razonable pero, a luz de los hechos, incorrecto. El Suoem ya ha dado sobradas muestras de que sólo obedece a una ley: la del más fuerte.

Más aún, si entre las máximas de la actual gestión está buscar el fin del cogobierno con los sindicatos, deberá tomar nota de esto. El Suoem cree en la kratocracia. El poder es de quienes logran imponerse.

Ahora, tras el recrudecimiento del conflicto en un escenario harto menos ventajoso que el que existía a principios de julio para la Municipalidad, el Ejecutivo se encuentra ante una encrucijada muy similar a la que se dio entonces.

Habrá quienes entiendan que es mejor ceder en aras a la paz, aún si eso implica una defección frente al Suoem, que verá con gran agrado verificada su hipótesis: solo era necesario esperar un contexto más propicio para salir a tomar la calle, destrozar algunos autos y locales particulares, paralizar la ciudad y pasar por ventanilla a recoger los dividendos de un plan de lucha que siempre está dirigido en contra de los vecinos/contribuyentes.

Historia conocida.

Habrá también quienes avalen otra variante. La que, amén de que las circunstancias son ahora menos ventajosas, ofrezca retomar la iniciativa y avanzar en pos de una reestructuración sesuda de los costos salariales que asfixian las cuentas del municipio.
Los “jugadores” son los mismos. No ha habido cambios sustanciales en el gabinete. Queda sólo por ver qué consejos son ahora atendidos.